Estos cuentos, variaciones del tema de la mujer anómala en las sombrías repeticiones de la vida privada media, están hechos de transiciones resbaladizas y diálogos imprudentes: cuando los sentimientos pasan a la conciencia la frase ya los delató y otra frase viene a consumirlos. De este rápido desgaste surge un clima de vigilia inmanejable, si se quiere de ilusión incauta, que hoy todos conocemos por experiencia propia pero no todos sabemos describir. Vera Giaconi no esconde su trato con una corriente de narradoras anglosajonas que desde hace muchas décadas viene poniendo el realismo en ascuas. Es una tradición que ha dado a la literatura no menos perspectivas y al lector no menos amplitud que la gran narrativa experimental. En realidad también experimenta, pero de otra manera: sabiendo que, si no es posible contar la realidad, es muy posible describir bien con qué grado loco de error, de horror o de acierto la percibimos.
Vera Giaconi nació en 1974 en Montevideo, Uruguay, pero ha vivido toda su vida en Buenos Aires. Trabaja como editora, correctora y redactora freelance para diversas revistas y editoriales.
Lograr que el lector se meta en la cabeza y sufra junto a las mujeres de estos cuentos es una tarea titánica y Vera Giaconi sabe hacerla con una destreza impecable. Cuentos pequeños sobre situaciones que rozan lo borderline y una prosa filosa que corta la carne del texto y la deja al rojo vivo.
Es un libro bastante particular, la primera parte la sentí un poco floja. Quizás porque los cuentos son individuales y terminan de forma brusca dejando un regusto amargo. En cambio, los tres cuentos del final siguen una línea que los hace más completos y te hace ver un todo más interesante.
Una lectura muy disfrutable, que me recordó a los escritores uruguayos de medio siglo XX, en especial escritoras uruguayas olvidadas como Giselda Zani o María Inés Silva Vila. Siento que le faltó algo más de contundencia a cada cuento, pero de cualquier forma es un libro muy recomendable.
Esta colección de cuentos tiene el título más adecuado del mundo, y es que la premisa es eso: mostrarnos las vida de sus personajes en sus puntos más vulnerables, en su carne viva. Giaconi logra construir mujeres raras, mujeres únicas, mujeres cuya muy cotidiana vida está, sin embargo, cargada con rarezas que no solo han de sorprendernos, pero que habrán de remover lo más recóndito de nuestras historias familiares.
מקבץ סיפורים קצרים ונטולי פואנטה, כאלה שנקטעים באמצע המשפט, בלי כל אזהרה מוקדמת. בתור חובבת סגירת מעגלים, מעולם לא הבנתי את קסמו של הז'אנר הפסוודו מתוחכם הזה. שני כוכבים (וגם הם בזכות הכתיבה הקולחת).
Este es el primer libro de Vera, yo ya había leído el segundo, también de cuentos, y había quedado fascinado por su fuerza, versatilidad y refinamiento. Carne viva sigue la misma exploración triunfal por un territorio realista-extraño, que Giaconi hizo suyo desde un castellano depurado que no traiciona el ritmo del habla porteño ni suena a traducción barata de Anagrama. Odio hablar de "temas" en literatura, pero los temas son la maternidad, la hijidad, la pareja y la familia. Hay cuentos más teatrales, hay cuentos que coquetean con el fantástico y con el terror, hay cuentos-retrato. La prosa es un ejercicio de equilibrismo entre lo mordido y lo relajado, un inquietante discurrir narrativo logrado con tal naturalidad que sitúa el estilo de la autora muy cerca de lo "clásico" -imposible no pensar en Chejov, en Flannery O´Connor, incluso en Salinger al leer a Giaconi. Es una gran cuentista, y en este libro no oculta su gusto por la llamada "alta literatura", logrando piezas que entran de lleno en esa definición. Una de ellas es "Tiburón", un texto que, por sí solo, justifica la publicación del libro. El formato narrativo de Giaconi tiene dos variaciones: el cuento-reactor nuclear, breve, aéreo y peligroso, que narra un momento de transición, empieza in media res y termina in media res, y donde la dosificación de la información se convierte en una forma del placer mundano; y la otra es el relato-águila, el relato-ave carroñera, una narración que despliega sus alas con parsimonia y con orgullo, de extremo a extremo, consciente de que el enigma se oculta bajo cada pluma. "Tiburón" pertenece a esta última categoría. Lean "Tiburón".
Una alegría leer a Vera Giaconi, y una alegría que Vera Giaconi sea argentina. En algunos textos pueden adivinarse, enterradas o brillando sobre los pliegues, semillas de novelas. Ojalá siga por ahí.
perturbador y dominado por personajes femeninos como a mi más me gusta. muy real, en cada cuento te metes de lleno en la vida de los personajes desde el principio y sentís que estas ahi con ellas sintiendo el mismo estrés, los mismos nervios, el enojo, el sufrimiento. la segunda parte tiene mucha mas fortaleza que la primera y siento que le da mucha mas personalidad al libro. mis favoritos fueron "tiburón" y "un pequeño cambio" que hace unos meses ya lo habia leido para la facultad y por eso empece a leer el libro. me enganché instantáneamente. lo termine en una noche!!
Extraordinarios relatos, muy inquietantes, y no terminan. Es decir: terminan in media res diría yo. A lo Carver, pero infinitamente mejor. La construcción de atmósfera y de personajes, y la instalación en el lector de una relación incómoda con la moral del cuento, son la marca registrada de la autora en este libro. Me encantó.
Si aún no leyeron a Vera Giaconi, comiencen por este libro para luego dejarse sorprender por los demás. Si ya la leyeron, no esperen que sea superador ni contundente.
3,5 La macana con este libro fue haber leído Seres Queridos antes, porque en su otro libro de cuentos Giaconi creció de forma descomunal y en comparación, este que no es un libro malo, queda opacado. Pienso que lo mejor es empezar a leerla por acá y descubrir de a poco la brutalidad de los mundos que vas mostrando Vera. Repito, no es un mal libro de cuentos, todo lo contrario. Se notan muchos de los hilos y temas que ella después retoma en Seres.