Carta a una señorita en París es un cuento perteneciente al reconocido escritor y traductor Argentino Julio Cortázar. Fue un gran exponente del boom latinoamericano de la literatura, considerándose uno de los autores más innovadores de su época y cambiando la forma de crear historias en el mundo literario hispanohablante. Esta obra fue publicada por primera vez bajo la editorial Sudamericana en el año 1951 y pertenece a su tercer libro, Bestiario.
La historia trata de la carta escrita por un hombre el cual le es prestada una casa por su amiga Andree, mientras ella está de viaje en París. El conflicto de la historia es que, aproximadamente, una vez al mes el narrador vomita un conejo, pero tras su mudanza al apartamento de su amiga, ha vomitado conejos a un ritmo mucho más apresurado. El sintiéndose incapaz de matarlos, decide esconderlos dentro de un armario, pero rápidamente su situación se sale de control debido a que sigue vomitando y los conejos son cada vez más destructivos e incontrolables. Los últimos rastros de esperanza de poder contener la situación desaparecen del protagonista tras vomitar el undécimo conejo y termina su carta disculpándose por todos los daños causados por los pequeños roedores en la vivienda y con aludiendo a la muerte de los conejos y de sí mismo.
La verdad es que la primera vez que leí este cuento no lo entendí. Cometí el error común de tomar lo escrito de manera demasiado literal, y estaba simplemente confundido con el concepto de una persona vomitando conejos como si nada. Debo admitir que me tomo varias releídas el poder empezar a entender el verdadero sentido de esta obra, y al final, me termino agradando bastante este escrito, tanto por su forma de escribir, y por su peculiar forma de representar las cosas, aun así cuando fue eso mismo lo que me impidió entenderlo en un principio. El concepto de los conejos no ha de ser tomado literalmente, más bien como una metáfora de los propios problemas internos y tormentos del protagonista. Usar la imagen de un conejo resulta ser en extremo efectivo en este caso, ya que esta resulta ser super llamativo en el texto, logrando captar la atención del lector, haciendo a esta obra sobresalir entre otros cuentos similares. Aquí no vemos la historia de alguien con una extraña condición que le hace vomitar pequeños animales, si no la decadencia de un hombre ante sus propios demonios personales, todo mediante una gran metáfora de cómo alguien sufriendo por sus propias aflicciones puede llegar a sentirse. Los conejos son algo que él esconde, que no puede explicar, que lo mantienen despierto por las noches, que en ningún momento dejan de atormentando durante su estadía en casa de Andree. Esto se puede relacionar perfectamente con cómo muchas personas se sienten día a día con sus problemas y aflicciones. Muchos sentimos la necesidad de ocultar lo que sentimos, muchos por vergüenza o tal vez por miedo a pedir ayuda, pero inevitablemente al igual que como al narrador, si seguimos con el ciclo estos solo seguirán acumulándose y volviéndose mas grandes y feos, al igual que los conejos, e incluso nos pueden llevar a un punto de quiebre como al protagonista al final de la obra.
La verdad me parece un cuento bastante potente cuando uno lo entiende en su totalidad, me parece super interesante la forma que el autor decidió transmitir este mensaje. El relato nos muestra desde adentro como puede ser que el mismo Cortázar se haya sentido en el momento de escribir este texto, o como tal vez nosotros, como lectores nos sentamos. Siento que todos tenemos momentos donde vomitamos conejos, pero es nuestra decisión qué hacer con ellos. si vamos a matarlos, encerrarlos, regalarlos, lo que sea… lo que realmente importa es que sepamos que no hay vergüenza en pedir ayuda, no podemos vivir con conejos destruyendo nuestra mente, entonces hay que aprender, cueste lo que cueste, a dejarlos ir.