Viaja y prueba en Hungría.
Pero en vez de Luciano y Tejadita, tenemos a dos futuros premios Nobel que, en 1965, viajan juntos por ese país dedicándose a comer rico, no solo recorriendo Budapest, sino también otros lugares como Kecskemét y los alrededores del lago Balatón y probando jugosas carnes, reconfortantes sopas, sabrosas verduras y todos esos lugares más o menos comunes para describir distintos platillos.
Por momentos se invierten los papeles. Asturias le dedica un poema al goulash y Neruda le mete su prosa un poco en la onda de Vivir para contarla.
Un libro hermoso más allá de su contenido, por el diseño, la tapa dura, los dibujos, el papel de distintos colores, las fotos, la caligrafia etc. Toda una experiencia para los sentidos, como la buena gastronomía.
Pero, como dice el léxico al final del volumen, la tercera agua del pescado es una maldicion, y por eso, a veces me sentía mal tercio entre estos dos mounstruos de la literatura y su golosa pasión. La comida no es una de mis obsesiones, soy buen pobre y durante la pandemia me pasé un mes comiendo ensalada de lechuga y tomate con atún sin mayor problema (igual no bajé ni un gramo)
Además, sentí la lectura picante como páprika porque la leí en un libro antiguo empolvado que me ha hecho arder la garganta.