Una larga fila de hombres es el primer libro de cuentos de Rodrigo Blanco Calderón. El libro lo conforman cinco relatos: “El primer cuento”, “Una larga fila de hombres”, “La malla contraria”, “De todas maneras rosas” y “Uñas asesinas”. Para muchos críticos, en estos cuentos el autor saca a relucir su admiración por Francisco Massiani, ya que en muchos sentidos la voz del creador de Piedra de mar se deja escuchar entre sus líneas. Esto puede ser cierto, pero antes debo decir un par de cosas. No entiendo cómo se ha hecho creer al mundo lector que Francisco Massiani es el autor de una novela. Hasta donde tengo entendido, Massiani ha hecho otras cosas extraordinarias como Fiesta de campo, Renate o la vida siempre como comienzo, Las primeras hojas de la noche, El Llanero Solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes, Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal, Con agua en la piel, Florencio y los pajaritos de Angelina su mujer, además de los poemarios Antología y Señor de la ternura; hay todo un mundo literario más allá de la historia de Corcho, la hermosa historia de Corcho. Por otro lado, debo suponer que para Rodrigo ha de ser una especie de honor esta comparación. Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo. En estos cuentos se escucha la voz de Massiani, tanto como se puede escuchar la del primer Bolaño o la de Alfredo Bryce Echenique, aunque, en algunas ocasiones, se escucha también a Ricardo Piglia. Somos lo que leemos, de tal manera que estas voces en los cuentos de Blanco Calderón no son más que las que lo conforman como escritor y que hacen su propia voz.
Los cuentos del libro giran y se reinventan en una ciudad que puede ser Caracas, cuyos traumas la hacen una con Buenos Aires o Bogotá. Una ciudad que, como dice José Carvajal, es un espacio donde cada quien restablece el suyo propio y su propio tiempo, sin rozarse demasiado, o rozándose sólo lo estrictamente necesario. Una ciudad, reflejo inequívoco de un país, reducido a dos bloques en constante pugna por imponerse uno sobre otro. Una ciudad contada desde la racionalidad y que se distancia de las Caracas de Israel Centeno, José Roberto Duque y Roberto Echeto, pero que, en el fondo, es la misma, lo que varía es la manera de sucumbir ante ella. Una ciudad en donde se acogen personajes llenos de temores, los temores propios del hombre de ciudad, del hombre moderno. Unos hombres que no distinguen entre los sonidos de la agonía y del orgasmo, como afirma Jorge Volpi.
Escritor venezolano. Ha publicado los libros de cuentos Una larga fila de hombres (Monte Ávila, 2005), Los Invencibles (Random House Mondadori, 2007), Las rayas (Punto Cero, 2011), Emuntorios (El Malpensante, 2018) y Los terneros (Páginas de Espuma, 2018). Por sus cuentos ha recibido diversos reconocimientos dentro y fuera de Venezuela. En 2007 fue seleccionado por el Hay Festival para formar parte de la primera edición de Bogotá 39. En 2013 fue escritor invitado del International Writing Program de la Universidad de Iowa.
En 2016 publicó su primera novela, The Night, en la editorial Alfaguara, de España, con una excelente recepción que le ha valido elogiosas críticas, diversas traducciones y varias distinciones: Premio «Rive Gauche à Paris a la mejor novela extranjera» en Francia (2016), Premio de la Crítica en Venezuela (2018), Premio III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en la ciudad de Guadalajara, México, en 2019.
En 2021 aparecerá su segunda novela, Simpatía, en la editorial Alfaguara.
Entre 2015 y 2018, vivió en París. En la actualidad reside en Málaga, España.
Es bien sabido que he estado un poco alejada de la narrativa que se produce en mi país, por centrarme en la producción externa, ya se de otros continentes como de países en Latinoamerica. Sin embargo, afortunadamente, en la mayoría de obras que leo creados por autores venezolanos, me encuentro con gratas sorpresas y trabajos muy interesantes.
Considero que este libro es perfecto para abordar el interés por temáticas y personajes que no sean muy recurrentes en la literatura venezolana, como aquellos atormentados por las vivencias diarias o considerados como seres marginados que, incluso, posteriormente, se han visto en la decisión de migrar y atravesar un proceso de desterritorialización.
El autor es capaz de vincular su obra y la apreciación literaria con el contexto venezolano, retratándose en las calles y habitantes, pero, resaltando las violencias vividas dentro de estos espacios. Dentro de estos universos, la violencia no funcionara únicamente como un telón de fondo, sino que es el espacio dentro del cual los personajes realmente podrán narrar los acontecimientos que los caracterizan.
Gracias al manejo del lenguaje, se pueden reflejar las calles caraqueñas que impregnan su escritura, demostrando un trabajo prácticamente cartográfico de los territorios transitados y permitiendo la cercania con los lectores.
Estuve peleando conmigo misma para terminar por fin este libro. Y solo le doy una estrella extra porque la primera y penúltima historia fue la mas salvable, porque las demás parecían sacadas de la mente de un adolescente venezolano, que se siente un mártir de la sociedad y leyó un libro (posiblemente Cortazar) y ahora siente que el puede escribir también.