Robinson Crusoe es un joven inglés con un voraz apetito de vivir aventuras marítimas, pero que por ese mismo ímpetu tan precipitado, no contaría con la mejor de las suertes en altamar; aunque luego lograría asentarse en Brasil, con una plantación de tabaco que prosperaba fecundamente para asegurarle un buen futuro, cuando una vez más sentiría la necesidad tentar al destino con la navegación; por ende, se volvería a embarcar, sin imaginar que toda la tripulación sucumbiría en una fuerte tormenta, excepto él, logrando salvarse solo para naufragar hasta una isla completamente desierta, o al menos esa era su creencia que mantuvo por varios años, hasta descubriera la presencia de caníbales, lo que alteraría su tan tranquila y estable vida que llevaba, anhelando fervientemente poder escapar del reducto en el que estaba varado.
Primero que todo, debo hablar sobre la edición que usé para leer este título, la cual es parte de la colección anual Viva Leer, de COPEC, ya que no suele haber mucha información al respecto. Lo que sí se puede confirmar, es que es abrumadora cuánta calidad y mimo hay en esta edición de Robinson Crusoe, que incluye lo siguiente: prefacio del autor, traducción con adaptaciones para los tiempos modernos, algunas notas a pie de página, ilustraciones de época por doquier de Walter Paget, índice (cosa que no es tan común en los ejemplares de esta colección) y un pequeño glosario con palabras náuticas que no sean tan conocidas.
En cuanto a la traducción, está bastante bien y correcta, a cargo de Carlos Pujol. Me tomé la molestia de comparar varias partes de su trabajo con un PDF de la obra en inglés, su idioma original; y, si consideramos que aparentemente la única traducción 100% íntegra que existe en español es la de editorial Edhasa, la que fue utilizada para esta reseña cumple totalmente; ya que la de Julio Cortázar, que más encima es la más popular de todas, es conocida por mutilar cerca de un 30% del contenido del texto original, así que esa es la traducción que hay que omitir a toda costa.
Lo bueno de la edición de COPEC es que se basa en la de Austral correspondiente a su sello Intrépida, por lo que es totalmente recomendable. Aparte que, si editoriales de calidad, confianza y prestigio como Austral o Siruela usan esta traducción de Pujol, pues, por algo será.
Centrándonos en la obra como tal, esta tiene un muy buen inicio contextual, bastante prometedor, con un evidente enfoque hacia las aventuras, acompañado de un ritmo muy ameno y fluido. Por ahora, siempre sucede algo interesante con Robinson, teniendo algún objetivo por seguir, lo cual se nos brinda sin desvíos ni rellenos argumentales; salvo hasta el momento en que ocurre el infame naufragio que ocasiona su llegada a la isla. A partir de ese evento, el ritmo del título cambia totalmente, junto con la naturaleza de la obra, ya que pasa de ser una novela biográfica de aventuras a tornarse en un diario de supervivencia, cuyo ritmo es mucho más calmado y personal, con un Robinson en soledad por más de dos décadas, en la que nos narra cómo subsiste día a día, con sus penas, reflexiones y ocurrencias, en donde la intención de transmitirnos su aislamiento se logra.
Todo esto prosigue así hasta que Robinson cae enfermo, lo que provoca que ahora este título adquiera otros tintes un poco más filosóficos, causando que nuestro protagonista se reconecte con su lado espiritual, renovando así su devoción por Dios.
Es precisamente por esto último que acabo de mencionar, que, a pesar de toda su simpleza, Robinson Crusoe podría albergar mucha más profundidad de la que aparenta carecer, ya que conforme con cada suceso que va viviendo y experimentando, Robinson se acerca cada vez más con el cristianismo, siendo un hombre diferente el del inicio de la historia con el del final; aunque a veces se retraiga ante ciertas circunstancias, porque absolutamente todo lo que le sucede se lo atribuye a una voluntad divina superior: la Providencia.
Generalmente, en mis reseñas de obras antiguas, siempre incluyo comentarios y situaciones que podrían haber ‘’envejecido mal’’ o que puedan ser de algún tema polémico y/o sensible, para que algún desgraciado perteneciente al ridículo, pero minúsculo y ruidoso target de los que se ofenden y lloriquean por cosas así se moleste al leer esto, independiente de que comenten o no, lo cual es algo que me encanta hacer; pero, aunque este sea un libro publicado en 1719, realmente hay muy poco que agregar en relación a esto. Por ejemplo, en una parte se dice que los salvajes más crueles de toda la especie humana son los negros del estrecho de Gibraltar… Pero, sinceramente, siento que esto no está a la altura ni de agregarse en la reseña, porque sería una aberración antinatural que alguien lloriquee en Twitter desde su iPhone por un comentario tan soso, por más mazapán que sea.
Por otra parte, Robinson no está del todo sólo durante sus casi tres décadas en la isla, de hecho, cuenta con varios acompañantes: un perro inicial y dos gatas, todos provenientes de su naufragio; también está el loro Poll al que le enseña a hablar y otros dos que no son relevantes; junto con el otro perro que encuentra años después por un naufragio más reciente. Pero ¿por qué menciono todo esto precisamente aquí, en este tema? Porque a los más animalistas sí que podría desagradarle lo que ocurre con algunos de estos animales, como los métodos que empleaba el protagonista para deshacerse de las crías de los felinos, bastante descarnado que incluso a mí me hizo fruncir el ceño; o lo que le hacía a algunos tipos de aves, eso de cortarle sus alas para que sean parte del paisaje adyacente a su morada o algo así.
Todo esto que acabo de comentar también podría enmarcarse en cierta medida con la consigna de este punto a nivel general, pero, fuera de eso o de algún otro comentario mínimamente racista, aunque natural para su época y contexto, no hay más elementos con los que se podría polemizar a este título o a su autor; más encima, en caso de que sí se pueda, eso lo enmienda con una fuerte y extensa crítica de índole indigenista que hace en contra de los españoles por la colonización en Sudamérica.
Cambiando de tema, Robinson como personaje, desde su juventud demostró ser de los que no puede mantener los pies plantados en un solo lugar, cuestión que lo llevó a querer ser marinero, cuando no tenía necesidades de serlo, pero de todas maneras lo intentó, a pesar de los numerosos presagios que le indicaban todo lo contrario; así como también, el haberse ido de Brasil cuando ya tenía una buena y fructífera vida asegurada gracias a sus plantaciones de tabaco; e incluso, al final nos cuenta en retrospectiva (desde su vejez) que tuvo más aventuras, aunque eso es tema de otro libro. Ahora bien, en todo esto hay un patrón bien definido: que todas sus aventuras y desventuras ocurren por buscar algo innecesario, al menos en este título en concreto.
Esa especie de ambición que posee es la que lo lleva a tentar su suerte en cada ocasión que puede, pero es un hombre resiliente, lo cual le funciona para que esa cualidad siempre sea su salvación: antes de intentar fallidamente ser marinero, no sabía ningún oficio, pero gracias a su ingenio y voluntad para enfrentar los obstáculos, fue con eso mismo que logró darle la vuelta a todo esto; además de poder encontrarle el lado bueno a todo, por más negativo que sea el problema, aunque crea que detrás haya un supuesto plan mayor de origen divino, como ya he indicado anteriormente.
Es decir, lo que nunca pudo hacer en la comodidad, lo aprendió en la necesidad; en donde pasó de tener una inconforme ambición, a darse cuenta de toda la riqueza que poseía para él solo en la isla, junto con todas sus provisiones y abastecimientos que ya tiene y que sigue obteniendo. Robinson dejó de ser el atormentado y deprimido naufrago que en un principio veía a la isla como una prisión, a ser un agradecido de todo eso y a autoproclamarse como el monarca absoluto del territorio insular: [...] «fui llegando a la conclusión de que me era posible ser más feliz en esta situación solitaria y desamparada, de lo que probablemente hubiese sido en ningún otro particular estado en el mundo; y con esa idea, iba a dar gracias a Dios por haberme traído a este lugar».
Pero, algo que no me gustó mucho, y que pudo haber sido un descuido del autor (o tal vez algo que se perdió en la traducción), es que, cuando Robinson escapa de Inglaterra al principio de la obra, nunca más se pregunta qué fue de sus padres ni tampoco tuvo contacto con ellos a través de cartas, ni siquiera cuando estaba asentado en Brasil. Ya para cuando décadas después logra salir de la isla, no los encuentra con vida al regresar a lo que fue su hogar de juventud, lo cual me parece bien en cierto modo, por la ingratitud; pero también siento que faltó más emotividad en este arco de la historia, como si hubiese sido mejor que Robinson no escapase de la isla, ya que allí tenía casi todo.
Luego del protagonista que da título a este libro, no hay muchos más personajes de los que hablar. En un inicio estuvo Xury, quien logró escapar de los piratas junto a Robinson muchos años antes del terrible naufragio. Pero, si bien este es un personaje totalmente secundario y sin ninguna relevancia, que más encima aparece muy poco y apenas habla, se le logra tener cierto afecto en su corta participación; por lo que, el desenlace que tiene, que, aunque no sea trágico ni triste, tampoco es que sea muy motivante saber que se separa de Robinson.
No obstante, quien logra robarse todas las miradas es Viernes; aunque, tampoco es que tenga tanta participación, pero aun así consigue meterse a todos en el bolsillo con sus momentos y con la gracia natural que posee. No creo que haya alguien que sea indiferente ante él. Se trata de un personaje que logra sacar lo mejor de Robinson, ya que literalmente este nativo es como si fuese un niño a su cuidado, al que alecciona desde una perspectiva occidental. Asimismo, Viernes es bastante leal e inocente, y junto con su broken english (parecido al de Tarzán), se proyecta como un personaje rocambolesco, pero que funciona, a pesar de carecer de profundidad o más trasfondo, aunque tampoco es que necesite de eso.
En general, Robinson Crusoe está bastante bien, hay variados cambios de ritmo y con cada una de sus partes bien definidas. Por ejemplo, desde el comienzo hasta el cuarto capítulo, la obra ofrece una experiencia distinta a lo que vendrá luego, que es todo lo relacionado con la supervivencia y el diario vivir del protagonista. Esto sigue así tal cual, hasta el descubrimiento de los caníbales, con lo de la huella y los restos óseos de sus festines; pero también con lo del naufragio español, que son hechos que le ofrecen un cambio al curso de la narrativa.
Sin embargo, lo realmente interesante sucede a partir de la aparición de Viernes, ya que desde aquí es cuando este título deja de ser tan redundante; a pesar de que los sermones religiosos aumenten, ya que Robinson se encarga de convertir a su nueva compañía, cuya presencia le sirve para revitalizar su fe y sus esperanzas. Con esto, Robinson tiene nuevos objetivos, sobre todo con el rescate del otro caníbal y el español, que es el de ir a buscar a los demás sobrevivientes del reciente naufragio al continente, para poder escapar todos juntos; pero aquí aparece el barco inglés, solamente para condimentar todavía más a esta historia, que desde hace rato había adquirido un enfoque diferente: uno más dinámico y atrapante.
Ya en el tramo final, fuera de la isla, cuando ocurre lo del regreso a la civilización, Robinson y su grupo hacen un viaje por tierra porque él quería evitar la navegación, para no tentar a su suerte; pero, justamente en aquella parte relacionada con las jaurías de lobos hambrientos y el oso, realmente allí es cuando el libro adquiere una nueva esencia diferente a todo lo anterior, como si se tratase de una novela distinta a Robinson Crusoe, lo cual se sintió un poco anticlimático y/o fuera de lugar; pues, pese a todo lo mencionado, al mismo tiempo está bastante bien que el libro concluya con nuevas aventuras, porque lo anterior a esos acontecimientos, es decir, sobre lo que sucedió con los bienes del protagonista, su herencia, su negocio, su patrimonio y lo que sucederá a partir de ahora con su regreso a la sociedad, estuvo bastante soporífero, por lo que este último tramo le dio un aire más fresco e interesante al conjunto de todo.
Y bueno, dentro de las quejas que podría tener con Robinson Crusoe o de las oportunidades de mejora que contemplé, siento que se podría haber enfatizado más en los años de soledad del protagonista, porque constantemente se quejaba de eso, de estar privado de sus congéneres, a pesar de tener varios animales, en los que tampoco se ahondó, ya que eran mencionados para cosas muy puntuales.
Además, la milagrosa forma en la que Robinson fue salvado, junto con el énfasis que hay en sus reflexiones, claramente son instancias que están dirigidas para centrarse en la idea de que él sobrevivió para tener o cumplir un propósito mayor, pero ¿cuál? Eso no es algo que haya sido respondido, o al menos no en este libro (o traducción).
También está el hecho de que haber pasado casi tres décadas en soledad no parezca haberle afectado la cordura en absoluto. Quizás el tema relacionado con los caníbales fue lo único que hizo que se le vaya un poco la olla, por lo paranoico que estuvo o su sed de verter sangre, pero nada más. Me hubiese gustado que la obra adquiriese un fuerte componente psicológico, con Robinson luchando internamente por no sucumbir ante la locura; pero siempre se le vio muy cuerdo y lúcido, exceptuando los momentos que mencioné, o cuando cayó enfermó y tuvo una pesadilla.
No obstante, esta no es una lectura para recomendársela a todo el mundo, a menos que sea una edición adaptada o resumida; porque una versión que sea íntegra (ya que supuestamente solo hay una que lo sea en español) o una bastante completa y cumplidora como la que leí, no es para cualquiera. En este punto, puedo decir que congenié sinceramente con este título y me simpatizó bastante, por lo que me interesa leer su secuela de las Nuevas aventuras de Robinson Crusoe.
Aun así, no deja de ser interesante el cómo se nos narra el pasar de los años en la isla, con bastante calma y hasta con un intento de navegación por parte de Robinson, para explorar el continente que veía a la distancia desde su isla; incluso, todo lo relacionado con el rebaño de cabras que logró reunir para evitar tener que cazarlas, hasta el descubrimiento de la huella, que, como ya mencioné, fue uno de los hechos que trastoca un poco su fe, más no la debilita.
Pero de esto último es de lo que va Robinson Crusoe, obra escrita por un autor con una prosa algo redundante, pero que sabe escribir una buena historia; aunque abuse del recurso narrativo de ‘’pero eso es tema que luego les contaré’’ o cosas de ese estilo, nomás para intentar mantener nuestro interés. Y como ya indiqué, a pesar de la aparentemente simplicidad de este título, hay más por detrás; de hecho, la primera frase que incluiré de las que suelo destacar al finalizar, me recordó un poco a lo que se propone en los Trabajos y días, de Hesíodo, mismo autor de la Teogonía, ambas obras clásicas de la antigua Grecia, que probablemente tengan más de 2.600 años de antigüedad. Asimismo, hay un buen final, que, a la vez, sirve para dar paso a una secuela que no es tan conocida.
En síntesis, lo que Robinson Crusoe nos ofrece a nivel general es una experiencia, aunque de diferentes índoles, conforme sea el progreso de lectura que tengamos; pero lo que sí está claro, es que no es una obra irrelevante o que se pueda hacer indiferente, ya que te puede simpatizar o hastiar por varios motivos de los que ya he explicado, pero, definitivamente, no hay términos medios.
Esta novela tiene un trasfondo bastante religioso y moralizador o ejemplificador, que a mí en lo personal no me molesta, pero es perfectamente entendible que sí lo pueda lograr con otras personas, y que justamente por eso mismo se pueda tornar en una lectura aburridísima y muy tediosa o somnífera, porque pareciera ser que Daniel Defoe nos sermonea a través de Robinson.
Así que, mi calificación es de ★★★☆☆, por todas las razones que ya he dado y quizá porque esperaba más aventuras, cuando su marco principal es el de la supervivencia en la isla; pero es un título que cumple, al menos para mí, porque como he indicado varias veces, no es un título para todo el mundo, ya que es bastante especial y quizás por eso mismo tenga tanta reputación como clásico de la literatura universal que es. Sin embargo, como libro en sí, puede que Robinson Crusoe no sea la mejor opción para llevarse a una isla remota y desolada.
PD: las frases que se me hicieron interesantes para destacar están en los comentarios, ya que no alcanzaron a entrar en la reseña.