En la obra de Antonio Alatorre, La migraña ocupa un lugar significativo: se trata de la única novela que el filólogo escribió y que conservó hasta el final de su vida entre sus papeles. Es estas páginas la memoria despliega su misteriosa capacidad para evocar el pasado y unirlo con el presente, haciendo de ambos un mismo tiempo: “Me ha venido al recuerdo — a la fantasía, más bien — un pasaje de mi vida, un pasaje que puede ser dramático y patético, o simplemente tierno, provocador de lástima, un pasaje que puede ser muchas cosas, significar muchas cosas, depende del lector, o más bien depende de mí, de la manera como ahora lo siento, de la manera de decirlo, de la ‘escritura’ que resulte”, expresa Guillermo, el memorialista que a partir de una imagen evoca al joven que fue hace treinta y cinco años para descubrir que ahí, en ese pasado, se encuentra la clave para descifrar su vida. Esta novela, breve e intensa, es a la vez un ejercicio inédito en el terreno de la creación literaria y un homenaje a una trayectoria dedicada a la literatura.
Fue un escritor, filólogo, crítico literario y traductor mexicano. Respetado académico de la literatura, sigue siendo reconocido por sus influyentes ensayos académicos sobre la literatura en español y por su libro Los 1001 años de la lengua española, obra de divulgación publicada en 1979 que pretende dar a conocer de una manera amena, sencilla y relativamente breve la historia del idioma español.
Me gustan las novelas que, como esta, tienen un narrador que duda, que se corrige, que se pierde en digresiones. Me recordó, a ratos, a La hojarasca de García Márquez: me parece que el acercamiento al tema de la adolescencia y del despertar sexual están tratados del mismo modo sutil, casi tácito.
Es importante tener en cuenta que es una novela inconclusa. Quiero pensar que a eso se debe el extraño ritmo que lleva: me parece que se puede hablar de dos momentos en la novela. El primero marcado por el narrador que duda y que se desvía, que habla como rodeando lo narrado; es un momento distendido que ocupa gran parte de la novela y el segundo, más sintético, en el cual finalmente se llega a la anécdota que fue rehuida en la primera parte. Esta falta de equilibrio acentúa la sensación de estar leyendo algo inacabado. Me da la impresión de que todavía faltaban varias páginas antes de llegar al final real de la novela; uno se queda con la sensación de lo trunco, de lo inacabado. Como una solución a esto último, se agregaron unas cinco líneas (marcadas en itálicas) que pretenden (así, en cinco líneas) cerrar el texto: me parece una decisión muy desafortunada. Sin embargo, inconcluso y todo, me pareció un gran libro.
Una novela que, por momentos, se siente como un ensayo; o quizás un ensayo que, por momentos, navega como novela. Las digresiones del narrador sobre el tiempo, la memoria, la sexualidad, la adolescencia y el desarrollo son una maravilla. Inconclusa, con un ritmo curioso (quizás herencia de esa misma inconclusión) y con un final que te hace pensar cómo es que alguien aceptó terminarla en 5 lineas (pienso que hubiera sido mejor una nota de "hasta acá llegamos, amigos" en vez de ese triste párrafo póstumo). Linda cosa.
Me gusta el estilo íntimo con el que se expresa esta novela, incluso me hace pensar que pertenece a un diario, algo que escribes para que no se olvide, en donde el pasado, el presente y el futuro se encuentran.
Al principio no me agradaba la idea de mencionar un gran acontecimiento y comenzar a divagar o profundizar en temas fugaces, pero me parece adecuado que el narrador se permita ese recurso porque se siente como un desnudo que esta ocurriendo en las palabras y frente al espejo.
Es difícil evaluar esta "novela". El estilo, la elocuencia y la sapiencia de Alatorre es incuestionable. La lucidez de este gran intelectual es disfrutable en este libro, sin embargo, no hay mucha historia que leer y hay muy pocas acciones. Creo que esta novela la disfrutarán más los lectores de poesía y de ensayo que de novela.
Eso sí: las ideas sobre la desnudez y el erotismo que despliega Alatorre al final del libro son muy disfrutables.
El relato se construye a través del flujo de pensamiento del protagonista, lo que me parece es, a la vez, su mayor virtud y su mayor defecto.
Virtud, porque es consecuente. Avanza como la memoria misma, inexacta y consigue hacer de pasado y presente un mismo tiempo: largo, de años, condensado en un momento más bien breve.
Defecto, porque llega a ser cansado seguir el ritmo. Puede influir que leí la versión digital y me cuesta mucho leer en este formato. Quizá sería mejor si los episodios del pasado estuvieran contados como tales, con una voz distinta y no como parte del flujo de pensamiento.
Pero al final es una obra acabada de un autor que no escribía ficción.
Otra novela biográfica, ando nostálgico, pero como Novo, el autor no quiso publicarla en vida, quizás porque tienen temas gays. Aunque esperaba que fueran más 🙈 Está escrito de una manera muy clara y transparente, se nota que era filólogo. A Antonio Alatorre nos lo presentó Mar en segundo de secundaria, esta fue su única novela, está triste que no la acabó. Me gustan las menciones al pueblo de Tlalpan y Coapa en los años 30.
A ratos me gustó, a ratos lo sentí muy fanfarrón. Alatorre era muy gay, muy intelectual y muy mamón, según me venían contando sus allegados y lo vine a confirmar con este libro.
Breve y singular texto póstumo de Alatorre, mismo que constituye su único ejercicio en el campo de la narrativa. La primera pregunta que surge al concluirla es a qué clase de género corresponde. No es novela, ya que no hay una historia; no es un ensayo... quizás es un ejercicio de memorioso del autor, quien a través de "Guillermo", recuerda reales o supuestos pasajes de su vida.
Aunque intensa y de cuidadísima prosa, no deja de ser una pieza inacabada. En ese contexto hay que disfrutarla.
Sin entrar en un género definido, en este libro Antonio Alatorre nos deja sumergirnos en su mente y en los caminos de remembranza que toma el pensamiento. Cual reflejos en lentejuelas, los recuerdos nos llegan como golpes de luz; un tema recurrente a lo largo del libro.
Una lectura corta y ágil que quizá merezca más atención en cuanto a la literatura mexicana.