Cuando leí El Médico, tenía conciencia de que la trilogía abarcaría varias generaciones, mostrando el legado de los Cole en la medicina y cómo los dones que nos da la vida hay que cuidarlos y darle un buen uso. Pero ingenuamente, pensé que el segundo libro saltaría unos pocos años, no siglos de distancia de los personajes que conocimos en el libro pasado y esa fue la primera sorpresa que me llevé. Fue raro leer sobre otro Rob J. Cole que no era el mismo que había viajado a Persia para fingir ser judío y aprender medicina, por suerte ese sentimiento rápidamente pasó y adentrarme en esta historia fue mucho más fácil de lo que pensé.
Esta vez no tenemos un Rob, sino a dos, padre e hijo, ambos médicos, pero para distinguirlos, al hijo lo conoceremos como Chamán y la historia nos traslada al otro lado del mundo, lejos de Europa y el oriente: Estados Unidos, siglo XIX, en plena guerra civil, donde Chamán, médico de profesión a pesar de ser sordo, vuelve a casa para el entierro de su padre, Rob J., donde entre sus pertenencias encontrará sus diarios, redescubriendo la vida de su progenitor, quién tuvo que huir de Escocia y de todo lo que conocía por problemas políticos, dejando todo atrás para comenzar de nuevo en un continente desconocido. La odisea de Rob J. no será fácil, pero su dedicación por lo que mejor sabe hacer es absoluta y en el camino encontrará personas con las que hará buenas amistades, entre ellas, la tribu de los sauk, así como también se encontrará con la intolerancia e ignorancia personificada en otro grupo de personas.
Al igual que su predecesora, el autor hace gala de los conocimientos médicos que predominaban en la época, pues la medicina nunca deja de avanzar, siempre encontrando algo nuevo que investigar y encontrar. Una de las cosas que más me gustó fueron las discusiones acerca de la higiene, pues tal cual dice el personaje de Oliver Wendell Holmes, los mismos médicos eran quiénes transmitían bacterias por la poca higiene al revisar a sus pacientes, sobre todo la fiebre puerperal en las mujeres. Dichas observaciones tomarían mayor fuerza a través de Florence Nightingale, pero me gustó que aquí se abordaran y fue lo único, pues no soy una persona muy aficionada a la medicina y en varias partes tuve que sacar fuerzas para seguir leyendo. Siento que aquí, la pluma de Noah Gordon se suelta más, con más confianza que con El Médico, a pesar de que ambos son buenos libros, pero con Chamán se puede ver un crecimiento en su narrativa y en la creación de personajes, sobre todo en los femeninos. Había dicho que no vi tanta profundidad en el personaje de Mary Cullen y siento que, en esta secuela, ha querido recompensarnos, trayendo nuevas caras muy bien hechas. Adoré a Rob J., pero con quién terminé encariñándome más fue con Chamán, tomando después el rol protagónico, me pareció un chico muy adorable que por mucho que le dijeran que no podía ser médico por su sordera, jamás se rindió y esa misma perseverancia va combinada con una tierna vulnerabilidad que hace imposible no quererle. Sin duda, uno de mis personajes masculinos favoritos de Gordon. Con las mujeres, la mejor de todas fue Makwa-Ikwa, curandera sauk y la madre Miriam Ferocia tampoco se queda atrás, una monja conservadora, pero con una aguda inteligencia que me sorprendió en varios momentos y Rachel también me agradó bastante. Quisiera seguir, pero la mayor decepción de todas fue el personaje de Sarah Cole, la esposa de Rob J., un personaje que no aporta en nada más allá de dar a luz a Chamán. Su arco narrativo no evoluciona, es una mujer con alma de niña que solo sabe ser una esposa. Dicen que un gran hombre necesita a una gran mujer para ayudarle, lo que Mary fue para Rob, pero Sarah fue todo menos eso y me molestó bastante que le hiciera escenas de celos a Rob J., por no poder acompañarle a trabajar. Definitivamente, un error de elección matrimonial.
Chamán es una hermosa secuela y ambos funcionan bien como historias individuales. Mi mejor amiga ama incondicionalmente El Médico, pero yo he sido conquistada por Chamán. La recomiendo sin dudas y más después de haber leído la primera parte.