Frente a su discipulo, Magistrodontos se ha dado en elucidar El agua enorme vortice, caudalosisimo, en cuya crecida se miran pasar unas vacas muertas, otras vivas, bucefalos, un refrigerador, casas y automoviles, historias completas de personas y paises. Tendra que recurrir a la historia del grado Oreja de Mono, su maestro y, con ella, explicar la estructura y los alcances posibles de toda el orden y caos, sentido y sinsentido, el comienzo, los posibles finales. Desde la Creacion y el Diluvio hasta las mas incidentales historias, los personajes de El agua grande se dan en frutar la narracion que los anima y hasta al narrador que los escribe.
Entre Magistrodontos y su (a veces) lúcido alumno se dan a la tarea de esclarecer el arte de la narrativa a través de un fluir constante de pasajes, aventuras, digresiones y vidas extravagantes. Hugo Hiriart emprende con El agua grande un texto inclasificable en el que, mediante una inigualable erudición, humor y una suerte de metafísica de la narración, descubre los secretos de las historias y su porqué literario.
"Espera ¿qué dijiste? Me perdí en la parte de por qué esto me tiene que importar". Así me dice a veces un amigo cuando le pido ayuda.
Y es que es así como pensaba mientras leía este libro, cuya mejor descripción que encuentro es ser un experimento fallido.
El libro tiene como tema 'la fluidez', en este caso, narrativa. Es por ello que está diseñado para leerse de una sola sentada. Cuenta con solo 142 páginas, y la única división que tiene es la del prólogo. No hay títulos, capítulos, y en muchas ocasiones, guiones largos o incluso puntuación. El diseño es para que el lector continué leyendo sin parar, mezclando las herramientas de la narración con los diálogos.
De esta forma, el lector no se ve interrumpido por párrafos de descripciones, guiones largos, anotaciones, o cómo el autor describe 'la artificialidad', sólo diálogo entre un maestro y un alumno escrito con las reglas de la narración. Es aquí donde los problemas empiezan para mí; como se centra sólo en diálogos, la importancia de ellos es mayúscula, pero si uno diseña estos diálogos para cumplir el requisito de ser importantes, carismáticos y entretenidos, se cae en esa 'artificialidad' que tanto dice aborrecer el autor y se estropea, a su visión, la fluidez a la que aspira.
Así, tenemos una obra que plasma la espontaneidad, la 'explosividad' narrativa como dice el libro, pero esto no la hace interesante de manera innata. Una vez escuché que "sólo porque algo es inusual, no significa que sea ingenioso", y creo este libro peca de eso. Si bien la intención es loable, no creo la cumpla, pues varias veces tuve que pausar la lectura y tuve que tener especial cuidado de ello pues como mencioné, no se cuenta con divisiones, como capítulos, títulos, etc., dentro del libro. Vaya, que no fue nada fluido leerlo.
El inicio es de lo más desconcertante, y por lo tanto pausado porque la reacción normal al desconcierto es la pausa, que he leído en un tiempo. No solo es desconcertante, sino también olvidable. Reto a cualquier lector de este libro que, fuera de la historia de Cosme y el profesor y su alumno, me mencione algo remarcable en el libro, muchos quizá no recuerden cómo termina el relato de Tifón el Mago, o que se llama Odilon para empezar, el cual no es un relato menor, pues abarca 1/3 del libro. Tan verdad es lo que digo, que en la contraportada del libro se resalta la mejor parte de él; Cosme y su aventura.
Es justo aquí cuando el narrador empieza a caer en la aborrecida artificialidad; y lo hace explícito. Trata de salir de este patrón y lo previsible, sin explicar que la literatura es la herramienta opuesta para obtener lo que desea. Me explico: Uno puede tratar de escuchar las notas de una pintura, o ver la imagen de una canción, pero estos no son los medios propicios para ellos. Es como intentar saborear algo con la piel, o ver algo con la nariz; nos podemos dar una idea, pero nunca lograremos plasmarlos de manera completa, pues no son las herramientas propicias para lo que queremos obtener. Así pues, la espontaneidad verdadera en la literatura. Uno puede fingir espontaneidad en sus relatos, algunos ejemplos que me vienen a la mente son 'Demian' de 'Herman Hesse' o el inicio de 'El Ruletista' de 'Mircea Cărtărescu', pero no creo el autor haya tratado de fingir una espontaneidad.
Si han llegado a este punto de la lectura, se podrán preguntar "¿Por qué he terminado de leer un libro que evidentemente no me convencía?", y es que en la lectura misma una lección que dan es que "si un cuento no hace sentido, es porque no ha terminado".
Este libro me lo prestó una persona muy querida que me dijo "me recuerda a ti". Durante mi lectura, la pregunté "¿por qué?" y me confesó que no había leído el libro, simplemente la portada y la 'energía' que emanaba le recordaba a mi. Quiero creer en las casualidades, y no que hay un significado oculto entre este libro y mi persona.
Terminé este libro gracias también a que la parte artificial fue mucho mejor que la parte fluida y eso hizo que una parte de mi le gustara. El autor me podrá culpar de lo que Magistrodontos culpó a su alumno al final y sólo al final, pues durante gran parte del libro no me importaba los relatos que contaba al saber la intención de fluidez del mismo. Pero a mi parecer la fluidez artificial tiene más mérito que la fluidez honesta.
La fluidez (literaria) es una percepción, varía de persona en persona. Lo que es fluido para mi quizá no sea fluido para otro. No es algo innato, una característica, una prioridad como sería la viscosidad de un líquido. Si quiero que mi relato sea fluido para la mayor cantidad de personas, requiero de artificialidad, planificación, pensamiento, para simular dicha fluidez, replicando lo más fiel posible al efecto de fluidez en la mayor cantidad de personas posibles. La fluidez honesta que escriba, será sólo fluida para mi, de los demás no se puede estar seguro. No existe fluidez desconcertante, eso es una contradicción, y la fluidez olvidable en una narración, no es diferente a no leer esa narración, ¿o qué tiene de distinto al final aquél que olvidó algo con aquél que nunca hizo algo?
Creo las preguntas hechas por este libro son muy interesantes, pero las respuestas dadas dejan mucho que desear, y estas últimas suponen parte importante de la razón de ser de este libro. Una fluidez literaria que creo la consigue bien es "Bakemonogatari" de "Nishio Ishin". Un experimento fallido que me muestra que la fluidez no se consigue con espontaneidad, si no con la ilusión de ella.
Este libro es una maravilla. Desde que empece a leerlo me fui emergiendo en un mar, con el que la narrativa fluida y se bifurcaba hasta el punto, en donde no sabía cuándo detenerme. Aún no entiendo la complejidad de esta obra, pero sin duda su forma de escribir elude a Borges, no solo por lo casi mágico del escrito, sino por esa narrativa que te da la mano y te lleva volando en un sinfín lleno de letras.
El inicio es difícil, se siente una lectura pesada y confusa sin embargo tiene un estilo tan único que al terminar, todo cobra tanto sentido y sin saber muy bien cómo la historia te atrapa. Sin duda un gran libro.
«...no, no era valentía, hay cosas simplemente que vienen antes que la valentía, por ejemplo, existir; si Cosme reculaba ahora y se daba a la fuga abandonando a Theodora, sentía que se borraba, se desmoronaba, dejaba de existir, y entre dejar de existir por su propio impulso, huyendo, y dejar de existir por la mano asesina de Chota Zombar, lo segundo le parecía más elegante y digno que lo primero». Hugo Hiriart
La verdad no se ni qué acabo de leer. La conversación entre un maestro y su pupilo navegando entre las diferentes normas literarias y sus afectaciones en el texto y la interpretación del lector. Lee este libro esperando nada en absoluto y podrás navegar en el agua grande que es la escritura.