Hay presidentes de gobierno en curiosas actitudes. Hay un niño que cuenta pasos. Hay una urbanización de lujo. Hay una anciana que no está en lo que está. Hay una Cumbre del Futuro (spoiler: sale mal). Hay una camiseta punk. Hay una niña que sale en las revistas. Hay una empresa de alarmas. Hay un murmullo extraño. Hay un videojuego que predice el futuro. Hay gente que corre y gente que camina. Hay activistas medioambientales. Hay un acantilado y un templo. Hay un escritor encerrado en un baño. Hay una emisora de radio clandestina. Hay una cuenta atrás. Hay gente que duerme y gente insomne. Hay un soldado ciego que vio una guerra. Hay un filósofo que perdió la razón. Hay una bomba. Hay un espejo de sonido. Hay gente que escucha. Hay un funeral por el planeta. No hay futuro. El acto de clausura de la Cumbre del Futuro tiene un final inesperado que sitúa a los presidentes del G7 en una incómoda posición. Mientras sus asesores intentan averiguar quién ha causado ese problema y cómo solucionarlo, se intercalan escenas de la vida de unos personajes unidos por un hecho: todos escuchan un extraño ruido cuyo origen no pueden determinar. Este sonido provoca en ellos unos efectos secundarios que les harán replantearse sus vidas y sus convicciones éticas en un mundo que parece desmoronarse por momentos. Cuando el futuro se intuye como un territorio poblado de fantasmas, Diego Sánchez Aguilar recorre, en Los que escuchan, todas las formas de la ansiedad y el miedo que definen la sociedad contemporánea. Y de su implacable indagación va a ser difícil salir indemne.
Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) es un escritor español, doctor en Literatura y profesor de Secundaria y Bachillerato.
Autor de ensayos, poemas y cuentos, con su primer libro de relatos "Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino" (editorial Balduque) ganó el Premio Setenil en 2016.
Como novelista ha publicado en la Editorial Candaya "Factbook", "El libro de los hechos" (2018) y "Los que escuchan" (2023).
Es responsable de la edición crítica de la obra de Roberto Juarroz "Poesía vertical", de editorial Cátedra. Como poeta ha publicado "Diario de las bestias blancas" (Premio Internacional del Poesía Dionisia García, 2008), "Las célebres órdenes de la noche" (2016) y "La cadena del frío" (2020). En 2023 su poemario "El nudo" ganó el Premio Nacional de Poesía Antonio González de Lama, convocado por el Ayuntamiento de León.
He oído que se vendía la novela como una distopía, pero si lo es, es una muy realista. Reconozco que me ha mantenido engolfada porque el tema me atraía: activismo, negacionismo, conciencia ambiental, acusmática, etc.
Los personajes principales son dos estereotipos del siglo XXI fuertemente subvertidos: por un lado Asunción, madre estresada, enferma de odio visceral hacia el mundo, y su hermana Esperanza, la antagonista, artista insegura enferma de ecoansiedad y de inferioridad moral. De fondo, la familia afectiva (Lázaro, el buen marido; Andrés, el buen hijo; la abuela, con alzheimer; el abuelo, escritor alcohólico) y también la familia activista. Y en el medio, la celebración de la Cumbre del Futuro, formada por delegaciones políticas en la que todo es resentimiento y deseo de humillación.
Algunos de estos personajes somatizarán todas las variaciones de la angustia de vivir en forma de ruidos molestos, que los acercarán peligrosamente al lado oscuro de la locura, o visto desde otro punto, a la lucidez.
Con estos mimbres se teje una sátira sobre el presente, que intuye un futuro problemático donde el mundo del marketing, entre otros, vende un relato ecolavado del cambio climático; no hay apenas acción en la novela, solo escenas de vida (Asunción paseando al perro, Lázaro y Asunción asistiendo a una exposición, Esperanza duchando a su madre, Asunción y Esperanza en el centro comercial...) pero en ellas se tratan multitud de temas que nos interpelan como sociedad: la familia como opio del pueblo, la alienación neoliberal, la manipulación del votante medio con su sobredependencia de las apps, el algoritmo como gran manipulador, etc. Aunque a veces caiga en tópicos idelógicos, intenta abarcar toda la angustia de esta época y al final acaba resultando profundamente desasosegante.
He amado y odiado este libro. Quería que acabara pero me daba pena que lo hiciera. Me ha hecho sentir tantas cosas, buenas y malas. He sentido desprecio por personajes con los que me he identificado en muchas partes. ¿Cómo un libro puede dejarte este desasosiego? A veces se hace difícil de leer y de digerir. A veces se hace difícil no pensar en él.
Si estás buscando un libro que sea fácil, lectura ligera que te haga evadirte, este no es el libro. Si lo que estás buscando es un libro que no te deje indiferente y te haga experimentar emociones a veces incómodas, adelante.
Oye -escucha- que me he acabado “Los que escuchan” y que sí, que está bien, muy bien la verdad. De hecho, esta semana pasada, con sus complicaciones y con otras lecturas entremedias, no me ha evitado tener presente a estos acusmáticos particulares. De la lectura de este libro ya he ido dando cuenta por Facebook, que si primero mi turra sobre sus tangentes con series como “Leftlovers” o “Years & Years” y luego las conexiones que yo establecía me encontrara donde me encontrara. Veía smilies por doquier e imaginaba que la gente que llevaba auriculares de diadema iban escuchando el sonido del mar. Pero voy a ser sincero. Diego, voy a serte sincero, las primeras páginas me han gustado, de verdad, pero estas conexiones interneuronales no me dejaban ver el bosque. Las expectativas que me habían generado algunos bicharracos de la lectura que hay por aquí, eran tan grandes, que yo me puse un escudo y parapeté el entusiasmo con el fin de decir “bien, pero…”. El bien, siempre lo has tenido, eso ha sido indudable, pero subir nota no la subías y las páginas iban pasando. Y finalmente la luz o el sonido o el ruido y, en este caso yo, mea culpa, el profesor, estaba equivocado y el bosque se abrió y el libro fagocitó todos mis prejuicios. Y la nota alcanzó el sobresaliente. Y los fotogramas de las series que iban moviéndose por mi cerebro conforme leía, cayeron como un telón. Y “Los que escuchan” emergió de mis recelos y te he de reconocer que has escrito un librazo. Suena a tópico lo de la labor de orfebrería, pero conforme lo acababa, iba pensando en cómo se puede crear vida de la nada. En cómo se puede hacer papiroflexia y tejer volumen. Lo que en un principio me supuso un pequeño freno -te recuerdo que siempre lo consideré un buen libro-, su fragmentación en capítulos aparentemente independientes, ese pie que aprieta el pedal, que no deja coger velocidad, después me ha supuesto un total acierto que ha permitido tener una visión más panorámica de esa realidad, la de todos, la de Asunción, Esperanza, Andrés… y podías haber cerrado herméticamente el texto, pero has preferido entornarlo. Porque la historia no se ha cerrado, y posiblemente tuviera una continuación. A ver, qué le sucedía a Asunción con su trabajo. ¿Y Andrés, cambiará, seguirá siendo un chaval algo asocial y marginal? Y Esperanza, ese trasunto de tantos de nosotros, con sus sexpistols, joydivisions y con un interés en el arte comprometido. ¿Y qué pueden esperar aquellos que lean tu libro? Pues lo primero una injusticia. Porque tu libro no copa las librerías o las listas de ventas, y lo debiera. Pues tal vez por lo mismo que esa parte de la sociedad que aparece en tu novela, que oyen “Hiroshima”, pero no entienden qué significa. Que tienen un gran libro en sus morros, pero no son capaces de percibirlo, porque te diría que tu libro puede ser algo incómodo. Y porque no escuchan y porque prefieren abandonar el ruido en vez de abandonarse en él. Para mí no ha sido nada incómodo, porque me he visto reflejado en bastantes momentos, pero ya no sé si sigo siendo esa Esperanza de su juventud, o soy la Asunción de ahora, o soy la Esperanza cuidadora y afable con su madre o soy Andrés y mando a esta sociedad a la mie**a. Porque eso hace Andrés. Sentarse ante el triunfo que todos esperan que consiga. Lo tiene a unas zancadas, pero él dice nuevamente “¡a la mie**a! Conmigo no contéis, prefiero contar pasos alrededor del patio.
¿Y de qué va este libro? ¿Y cuándo empiezas con la reseña? ¿Y cuándo dejas de dar la turra? Pues pronto y es que yo no sé escribir reseñas, o mis reseñas son una especie de Hiroshimas, pero me callo y resumo. Y el resumen es claro. Que nos vamos al garete. Que todo huele a putrefacto y que los únicos que se cuestionan el día a día somos los currelas. Y que la política apesta, más bien los políticos. Y los protagonistas somos nosotros, disfrazados de familia, con sus dos hermanas totalmente opuestas pero que, como la vida misma, se cruzan sus papeles y la que parecía rarita -Esperanza- es la que al final afronta los problemas, y la que se va a comer el mundo -Asunción- pues se enmaraña en un mundo postcapitalista. Y que nos llegan señales, señales hay muchas de alarma, pero no las escuchamos o los que las escuchan son insignificantes, y hacemos caso omiso de ellas. Y luego vendrán los lloros y los nofuture y los god-save-quien-pueda. Bravo.
Infumable. No he conseguido terminarlo. He leído 150 páginas, y tiene 540. Si te gustan las frases larguísimas, en las que describe hasta cuándo respira el personaje, entonces te gustará. Sentía que estaba leyendo y al mismo tiempo no leía nada. Era muy pesada no solo la forma de escribir, sino también la trama, porque no pasa casi nada. Decepcionado
Al llegar al final de "Los que escuchan" de Diego Sanchez Aguilar y Editorial Candaya noto que no soy el mismo que era al principio. Es una novela con vida propia que hace que a medida que vas leyendo, cambies casi sin darte cuenta. Y esto que comento lo he experimentado en muy pocas ocasiones.
Aparte de ser el libro con el que me pilló la cámara en el pasado partido jugado en el Cartagonova, es una novela que se sale totalmente de mis géneros literarios favoritos (ya sabéis que aunque siempre procuro leer de todo, lo que más leo es novela negra y novela histórica) pero que me ha gustado mucho.
Me ha permitido, a medida que iba leyendo, reflexionar (aparte de disfrutar leyendo y de aprender, de vez en cuando, me gusta reflexionar al mismo tiempo que leo) aspectos que, en otras circunstancias, no tendría para nada en cuenta.
El autor nos muestra una serie de acontecimientos que nos ponen en alerta sobre el peligro que tiene el no cuidar como es debido de nuestro entorno.
Había leído una crítica de este libro en algún periódico (me gustaría recordar de quién) que lo elogiaba mucho, aunque conseguí leerla sin saber el argumento. Qué alegría descubrir autores desconocidos con novelas tan interesantes. Atrapado en las mentes de Asunción, Esperanza y la soledad de Andrés. Literatura, en serio.
Bien en las ideas que presenta, pero se hace muy repetitiva en muchas escenas, secuencias y motivos que son reiterativos y por eso te acaban alejando de la narración y de los personajes. Sobran bastantes páginas que la editorial, creo, debería haber sabido recortar.
Tenía magníficas referencias de esta novela, tenía mucho interés en leerla, tuve que encargarla, esperar más de dos semanas y... Decepción: no he sido capaz de acabarla. Aun así, le he dado cerca de 200 páginas de cortesía esperándola, pero finalmente me ha rendido. Es extensa, 540 páginas. Es muy densa, un estilo de subordinadas largas, con escasos puntos y aparte. Apenas tiene diálogos. Y no pasa casi nada. El texto lo compone un discurso abusivo y omnisciente de un narrador —acaba irritando— que se distrae en profundizar y en extenderse en detalles y detalles de unos personajes que se estancan pronto en la nada para volverse pesados y reiterativos. Media página para acotar un objeto; dos páginas para recrear un ambiente; un capítulo interminable para encajar una peripecia o una anécdota. Lo cogí con ganas, se me hizo insufrible. Lo peor con todo: está vacío de ideas. No deja nada a la reflexión o al debate. Como el que inventa otra vez la rueda, se acoge al adjetivo acusmático —el que oye sin ver; lo que se oye sin ser visto— y de ahí saca un puñado de personajes sin interés alguno que no transmiten absolutamente nada.
Le sobran 200 páginas para ser un libro redondo. Es una lástima, porque la trama es muy buena y tiene e páginas fabulosas.
Al leerlo, pensaba que era una combinación entre DeLillo, Bolaño, Black Mirror, incluso Krasznahorkai. Pero esos fragmentos brillantes se pierden en capítulos demasiado largos, en páginas y páginas en las que no sucede nada.
Aun así, está bien, un 6/10. Porque las partes buenas son muy buenas