El impacto social, económico y político del proceso de migración a la capital fue analizado con especial cuidado por Matos Mar, quien explica una problemática que incluye la discriminación, la informalidad y el caos en el que hasta hoy se encuentra Lima y buena parte del Perú.
Recién me doy tiempo para leer este libro (debí haberlo hecho en Generales de la universidad). Buen ensayo que reflexiona sobre los cómos y los por qués la Lima ordenada, monumental y elitista de los 40s terminó siendo un caos en los 80s, el nuevo rostro que obtuvo luego de las migraciones en ese período y la informalidad resultante de la incapacidad del estado para asimilar el crecimiento demográfico. Tanto tiempo y aún no salimos de este enredo ☹️
Como novela corta está bien. Quiero decir, este libro es una entretenida aproximación literaria —por el contenido y la forma— a un proceso del desarrollo del capitalismo en el Perú con sus correspondientes particularidades nacionales, a saber: la introducción de masa obrera necesaria para la producción y reproducción del capital.
Esto último no lo dice Matos Mar, él prefiere ser cronista de lo más superficial de este proceso —que es necesariamente mundial—, enfocándose en cosas como aquella emergencia de una nueva cultura, una nueva política y una nueva economía "paralela" a un "Perú oficial" (esto de crear conceptos y separar las cosas ya se me hace bastante cansino).
Ya ni hablar de las soluciones que pretende esbozar en el prólogo y en último párrafo del libro.
En resumen: no dice nada. Pero está bueno como para leerlo en un fin de semana.
Interesante repaso y análisis de cómo la sociedad llegó a estar como la conocemos hoy y sus problemáticas. Casi 40 años después de publicado seguimos igual, ¿o peor?
un toque de ironía trágica -- escrito un año después de Lucanamarca, tres años antes del peor episodio de violencia en la historia moderna del país. la imagen del perú dividido, escindido, regresa...
Clásico ensayo. Sus afirmaciones, en su mayoría, conservan algo de vigencia. A veces siento que redunda en la misma idea, pero ejemplifica bien sus postulados.
Revelador ensayo en su momento, cuya vigencia se reafirma casi cuarenta años más tarde.
José Matos Mar, lúcido científico social, hace el exitoso esfuerzo de explicar el sorprendente desborde político, social y cultural que enfrentó el paralizado estado peruano en crisis a partir de la década de 1980.
Comienza describiendo el legado Andino dentro de la fallida República Criolla, quedando implícita la incapacidad de la oligarquía criolla de integrarse como clase unificadora del capitalismo, al no poder desarrollar las fuerzas productivas, industrializar el país y tecnificar el agro. El empobrecimiento en el campo detona la primera ola migratoria de los 1950s, que es la que conforma el nuevo rostro urbano con la aparición de las barriadas.
Ese nuevo rostro urbano del Perú limeño incorpora el legado Andino de los invasores que desbordan al estado. El intento Velasquista de resolver la dicotomía de la República Criolla versus la andinidad ancestral, es fallido, y luego desmontado por la contrarevolución feudal liberal de los 80s, como parte de la reacción neoliberal global.
Dice Matos, ante el nuevo rostro urbano y la distribución territorial de la población y el estancamiento de la población rural sin tecnificación capitalista en la producción agraria, con una diversidad de nuevos problemas:
"... Por otra parte, los contingentes urbanos nuevos no son absorbidos por industrias que capturen fuerza de trabajo excedente. Por el contrario la tendencia de las actividades productivas urbanas es a ahorrar mano de obra, dejando un gran margen de desocupación y de traslado de la población al sector servicios..."
Peor aún, a partir de los 1980s, la burguesía criolla procedió al desmantelamiento de la escasa industria nacional, especialmente el rubro metal-mecánico, priorizando la importación de productos terminados manufacturados, y alimentos baratos, promoviendo la devaluación y detonando un brutal ciclo inflacionario, con la pérdida de poder adquisitivo sin precedentes para la población, ocasionando la pauperización de la otrora semiestable clase media urbana.
Continúa Matos: "La ausencia de un proceso adecuado de industrialización que acompañara la urbanización acelerada del país, iniciada hace dos décadas, ha precipitado la descomposición de las estructuras económicas, sociales y culturales desde largo tiempo atrás establecidas en regiones, microrregiones y ciudades. Se abre paso una nueva estratificación social que recompone las fuerzas e intereses que determinan la dinámica profunda de la vida nacional."
Esta descomposición agudiza un proceso de lumpenización de la burguesía. Ella misma es partícipe del desborde al estado al ser dependiente del narcotráfico y del oro de lavaderos.
"La ilegalidad, la alegalidad, la clandestinidad y la semiclandestinidad se convierten en un estilo dominante e invasor en el que cristaliza institucionalmente la nueva cultura y ante cuya universalidad y omnipresencia el Perú Oficial sólo puede responder con el escándalo, la indiferencia o intentos esporádicos y violentos para hacer sentir que continúa existiendo más allá de los límites de la inmensa casbah limeña."
La creciente corrupción como principal mecanismo de acumulación de capital por la nueva clase dominante, a partir de su institucional alergia a la industrializaación y consecuente proletarización de la población migrante, lleva a que Matos Mar -de manera brillante- describa a la oligarquía local:
"La nueva clase dominante, cuya hegemonía es disputada por sus tres segmentos: el narcotráfico, el capital privado asociado al Estado y el capital transnacional, es indiferente a toda visión nacional de nuestro desarrollo. Sólo pretende usar al Estado, o para acrecentar fortunas familiares o para satisfacer las exigencias y pretensiones del capital internacional. Su sentido pragmático la lleva a desbordar permanentemente el orden establecido."
No hay contención al desborde ni salida a la crisis. Las recientes elecciones han desnudado esta característica inherentemente corrupta de la nueva oligarquía, que se desplaza abiertamente hacia la dictadura fascista para contener el desborde popular, causado por la inevitable crisis del capitalismo atrasado peruano.