[3,5/5] El pergamino es una novela muy corta, pero no por eso menos impactante. En tan solo menos de cien páginas, Anne Perry logra lo que muchos otros libros de misterio y suspenso no han logrado conmigo: mantenerme enganchada y queriendo más hasta el final.
Acá tenemos la historia de Monty Danforth, un hombre simple que trabaja como empleado en una librería anticuaria en las cercanías de Cambridge y que en una noche de principios de invierno encuentra un objeto bastante peculiar entre los libros que forman parte de la herencia donada por la familia del fallecido Greville: un pergamino antiguo cuyo contenido se encuentra escrito en lengua extranjera y que no permite, bajo ningún método, ser fotocopiado o duplicado. Lo que al principio comienza como un juego para saciar la curiosidad, se convierte en una experiencia aterradora que termina cuestionando la mismísima moral y creencias de la humanidad.
Este librito andaba en mi vuelta hace ya unos meses y, como tenía algunos ratos muertos que liquidar, decidí darle una oportunidad sin saber que me engancharía tanto al punto de tomar la decisión de que lo leería muy de a poco para poder saborearlo mejor y más a largo plazo, aunque bien cualquiera se lo puede leer en una tarde. De hecho, aunque pasara tiempo sin leerlo, nunca me costó retomar la lectura cada vez que lo agarré y siempre me mantuvo picada por lo que iba a pasar.
La ambientación de Cambridge en invierno fue una idea muy acertada que generó un efecto espeluznante en varias escenas que necesitaban de ese frío, esa oscuridad y esas tormentas que tan bien pude imaginar como si estuviera allí o bien pudiera verlo en una película de terror. Me gustó cómo la autora utilizó la naturaleza sutilmente para esos momentos en particular, como la escena en la que Monty cree ver a un hombre en medio de una tormenta y se cala hasta los huesos de lluvia, o las noches solitarias en la librería en las que el viento jugaba con las puertas o las ventanas y me hacía sentarme al borde de la silla en la espera de una visita inesperada (para aquellos que sean libreros y tengan el turno de la noche, no recomiendo que lean este tipo de historias...).
En términos de personajes, probablemente mi favorito fue el protagonista, Monty, aunque ya en el final no terminé de entender las cosas que dijo ni su reacción ante el desenlace del misterio (si es que hubo alguno). Me imagino a Monty como un tipo desgarbado y un tanto nervioso, el prototipo ideal de librero medio friki de las antigüedades y bastante bookworm. Monty tiene la mala suerte de verse involucrado en una situación que requiere mucho más de por lo que está capacitado. Fue un personaje por el que estuve preocupada toda la novela, por su salud mental y física, especialmente porque en su intento de tomar la mejor decisión respecto al pergamino y su futuro dueño, se acercó demasiado al peligro del que incluso luego del final del libro seguimos sin descubrir su verdadero alcance.
Me encantó lo real que se sentía Monty como personaje, como si pudiera conocerlo mañana o pasado si entro a una calle de librerías antiguas y pregunto por el tipo que sepa más sobre el rubro. «Real» también en el sentido de que, si bien le mataba la curiosidad por saber qué era ese pergamino y por qué parecía tan especial, también estaba aterrado y no entendía nada, y el aumento de sus nervios y miedos que se fue dando a lo largo de la novela se reflejó perfectamente en sus pensamientos, cada vez más caóticos, y en su cuerpo, que entraba en pánico con más facilidad.
El contenido del pergamino puede que sea siempre un gran misterio, aunque había grandes e importantes teorías que manifestaban que en él estaban escritas, ni más ni menos, palabras propias del mismísimo Judas Iscariote, cuyas declaraciones (de ser expuestas) podrían traer ruina o exaltación a la humanidad. Algo respecto al pergamino nunca le sentó bien a Monty y no solamente porque parecía sagrado, prohibido y muy clasificado. Probablemente lo peor respecto a ese rollo de vitela fueron los personajes que atrajo a la librería y a la vida de Monty, haciendo de esta última un verdadero caos y una montaña rusa de ansiedad, nervios y muchas preguntas del tipo curioso, pero también existenciales.
El anciano, Judson Garret, y la niña fueron una dupla de lo más interesante que al final me terminaron aterrorizando e impactando a la par. Estos dos son los primeros clientes que llegan a la librería con la intención de adquirir el pergamino a toda costa y por cualquier precio. A diferencia de otros interesados que surgen después, Judson oculta en su mirada un dolor antiguo que testificaría de una vida demasiado larga y llena de muchas verdades que lamentablemente tuvo que conocer. Si bien él no era realmente el problema (porque aunque fuera sospechoso, nunca me dio miedo de verdad), nunca pude sacarle la mirada de encima.
La niña, sin embargo, siempre me incomodó y me perturbó bastante. Silenciosa, con una mirada fija y tétrica y con actitudes cuestionables (parecía que estaba al tanto de cada palabra que dijera Judson y se entrometía cuando hablaba de más), me mantuvo alerta hasta el final y menos mal que fue así, porque el desenlace que se les da a estos dos, si bien me confundió y todavía no me queda muy en claro qué fue lo que realmente les pasó, creo que terminó siendo de los más impresionantes, paranormales y dramáticos de todos: tengo la teoría de que la niña era, según las palabras del mismo Monty, un ser oscuro que mantenía anclado y maldito a Judson, quien al final pudo liberarse de ella y volver a su forma original, más ligera y joven, aunque de una vitalidad y realidad dudosa.
El obispo fue el personaje, después de la niña, que me pareció más tétrico de todos. Apareció de la nada en una noche solitaria, con un aura espeluznante y palabras amables que disfrazaban amenazas muy serias. Las sospechas indicaban que él era más partidario de la destrucción del pergamino que de su exposición al mundo. El temor que le hizo sentir a Monty en la tensa conversación que mantienen esa noche en la librería lo sentí yo misma en mis huesos y no sé cómo le hizo nuestro protagonista para encararlo sin hacerse encima. Ya de por sí la figura de la iglesia católica suele utilizarse en las películas de terror más clásicas para generar ese impacto y respeto, así que leerlo en este libro añadió un poco más de suspenso a lo que ya estaba tolerando.
Por otro lado, está el intelectual que podría ser el lado más moderno de esta gran moneda. Audaz y sin reservas, estaba bastante claro que no le preocupaban los estragos que podría generar si exponía el contenido del pergamino a quienes quisieran leer y escuchar sobre él. Cuestionó y sembró la semilla de la duda moral e intelectual en la mente de Monty e introdujo, en conjunto con el análisis que luego le hacen al tema Monty y Hank, una cuestión bastante compleja a la novela: ¿qué pasaría con el Cristianismo si la verdadera esencia de su creencia (el sacrificio de Cristo, la expiación y la resurrección) se cayera cual casa de naipes? ¿Qué pasaría con la fe de la humanidad y los relatos que se han pasado de generación en generación si se descubriera que, en realidad, Judas no fue el gran traidor que todos creían que era? Fue una profundidad bastante importante y necesaria que se le dio a la trama de este libro y que al final, por suerte, se deshace en el aire sin resolución ninguna. Me encantó cómo Anne Perry sembró la semilla del caos y la discordia y luego se lavó las manos cual Pilato. Tal como lo dijo Monty, aún no estamos preparados para nada de eso.
Lo que estos clientes tenían en común era que todos sabían sobre la existencia del pergamino y su localización en manos de Monty mucho antes de que él pudiera anunciarlo al público. Esto siempre me generó curiosidad y me resultó impactante. Nunca se termina de aclarar cómo ni por qué, pero supongo que todos habían estado esperando este momento para poder poner sus manos sobre el artilugio. Tampoco se aclara cuáles eran sus intenciones respecto al uso del pergamino una vez que cayera en sus manos, pero según las teorías que hicieron Monty y su amigo Hank, es obvio que todos planeaban utilizar el pergamino de distintas maneras, algunos de ellos con resultados más caóticos y trascendentales que otros. De todas formas, siempre hubo una luz oscura sobre la cabeza de estos posibles compradores, como si no hubiera una buena opción ni un ejemplar de lo que es «el bien» en ninguno de ellos, lo cual le generó aún más dudas a Monty, quien por mucho tiempo no supo cómo encarar el asunto de la venta del pergamino ni pudo confiárselo a nadie.
Hank es otro personaje que me gustaría destacar. Si bien el tipo de historia en la que fue introducido ameritaba sospechar también de él, supo defenderse bien hasta el final como un personaje de apoyo intelectual y emocional para Monty muy necesario. Como voz de la razón, Hank es un científico escéptico que intentó darle una justificación tangible o matemáticamente corroborable a todo lo que estaba pasando. Pero incluso a él, llegados a cierto punto, se le escaparon las explicaciones suficientes para entender el embrollo en el que se había metido Monty y al cual, entre consejos y teorías, lo había arrastrado a él también.
Hank me cayó muy bien siempre. Un amigo de juventud de Monty que si bien no tenía nada que ver con el asunto del pergamino maldito, estuvo allí para apoyarlo y guiarlo cuando la ansiedad y el miedo podían más que él mismo. Me gustó su participación en la novela y cómo ayudó a que los engranajes siguieran funcionando, desarrollando el personaje de Monty indirectamente y empujando hacia adelante la trama. Además, me gustó la relación que tenía con Monty, una bastante confiable y un tanto divertida, teniendo en cuenta las memorias de sus juventudes cuando Monty era un genio contando cuentos de terror y Hank era el mejor burlándose de esas creencias paranormales, con una justificación científica siempre en la punta de la lengua. Incluso en el final, me pareció que hicieron una muy buena dupla.
El jefe de Monty, Roger Williams, estuvo ausente toda la novela, sin embargo fue un personaje indirectamente importante que influyó en descubrir alguna que otra cosa más respecto a los clientes. Le dieron un final terrible que me horrorizó y que me generó muchas dudas que, por suerte, después sí se respondieron. Luego de lo que le pasó, empecé a dudar de todos: de la sargento que tenía ganas de ayudar a traducir el pergamino e incluso del mismísimo Hank, quien era el único que tenía los detalles suficientes como para estar detrás del incendio y porque reaccionó de una manera muy rara cuando escuchó el nombre, por primera vez, de Judson.
Mi única queja de este libro es el final y, por lo que vi, es una opinión bastante popular. Está claro que es un final bastante abierto y yo no soy muy partidaria de esos. No sé qué pasó ahí y me dejó con la mente hecha un caos de preguntas sin respuesta: ¿Dónde está el pergamino? ¿Por qué Monty estaba tan seguro de que no estaría en la librería cuando lo fueran a buscar? ¿Qué le pasó realmente a la niña y a Judson? ¿Por qué el obispo huyó de esa manera? ¿Realmente William no tenía nada que ver con lo sucedido? ¿Hasta qué punto Monty no estaba relacionado con el pergamino antes de que llegara a sus manos? Nos acostumbramos durante todo el libro a un Monty lleno de dudas, muerto de miedo, y de repente parecía tenerla muy clara. Además, sus últimos diálogos son muy ambiguos y, si bien dejan en paz la mente de Hank, a mí solo me complicó más las cosas.
Esta historia funciona perfectamente como una novela corta, pero si voy a ser golosa, admito que me hubiera gustado que la autora publicara un libro completo, una novela mucho más desarrollada con este tema y una idea que me parece que puede tener bastante tela para cortar.
Anne Perry, autora cuyo nombre he escuchado bastante por mucho tiempo, tiene un nosequé en su pluma que me parece atrapante y en esta experiencia me gustó mucho su narrativa, lo suficiente como para animarme a empezar a investigar el resto de su obra y ojalá probar alguna otra de sus historias de misterio y suspenso porque ya vi que se le dan muy bien. Además, no descarto que en algún momento también le dé una oportunidad a otros libros de esta colección de misterios relacionados a libros.
Para todos los que busquen algo muy cortito para pasar el rato, para engancharse fácilmente y para morirse de la incertidumbre con la piel erizada, este libro es para ustedes.