Éste libro lo releí muchas veces cuando estaba en la preparatoria, considero que es uno de los mejores libros de Spota aunque en la actualidad ofendería a más de uno por los notorios tintes misóginos y homofóbicos: en esta novela las mujeres jóvenes son retratadas como golfas infieles y los homosexuales son padrotes sin escrúpulos que piden favores sexuales a los aspirantes a torero a cambio de hacerlos famosos (lo cual no es para sorprender si se toma en consideración que la historia está ubicada en la década de 1940). Y no hay que olvidar además que el tema central es la así llamada “fiesta brava”, el cruel e infame mundo del toreo. En cualquier caso, si se es lo suficientemente centrado como para dejar pasar estos detalles, se puede disfrutar de una buena narrativa, hecha al más puro estilo de Spota: dura, cruda y directa, que refleja la vida y mentalidad que se tenía en el México de los años 40 y 50, el México de los poblados, de las haciendas y de los niveles más pobres de su sociedad, en donde los ricos y famosos son vistos como dioses imposibles de tocar y los toreros son retratados como vagos e inútiles. Es, además, la historia de superación personal de un “Don Nadie” que tiene sueños, que ansía con volverse famoso en aquello para lo que nació: ser torero. Uno puede sentir empatía por Luis Ortega (excepto en esas escenas en donde se comporta como un violento macho golpeador con sus amantes, que por fortuna son relativamente pocas), y sentirse identificado en sus ganas de ser alguien, de triunfar, de saber que en México todo se consigue a través de influencias y sólo pocas veces a través de talento. Una y otra vez vemos cómo Ortega lucha por sobresalir porque tiene talento para torear, porque nació para eso, y una y otra vez lo vemos estrellarse contra el duro muro de la realidad, del hecho de que nadie quiera dar un peso por él por ser de origen humilde y por no tener los contactos adecuados, además de que tiene que batallar con sus propios errores, los cuales comete gracias a su inmadurez y a su corto criterio. Luis Ortega es uno de esos tantos personajes que encarnan la lucha por no ser “uno más del montón” y por tener que romper la barrera del clasismo que predomina en México. El final no es feliz pero tiene un toque esperanzador, a diferencia de tantas de las novelas de Spota: uno puede considerar que Ortega supo aprovechar su oportunidad y que llegó a cumplir su sueño de ser un gran torero. Sin embargo, en cierta medida el cierre se siente como un "deux ex machina": Luis consigue su oportunidad de una manera aleatoria y gracias a un personaje "poderoso" que no existió más que para ayudarlo en dos ocasiones importantes. Además, a pesar de ser una buena novela, no sobreviviría a la corriente actual de pensamiento gracias a los detalles que mencioné al principio: al día de hoy ya poca gente considera la profesión de torero como de prestigio y la discriminación de género y la fobia a la homosexualidad que tanto abunda en la novela la condenarían al fracaso.