Domingo se ha propuesto realizar la tarea que le encomendaron sus hermanos mayores: colocar una lápida sobre la tumba de Sara Mancini, su madre. El tiempo transcurre y la lápida permanece en la cajuela de su automóvil sin que logre ponerse en camino rumbo al cementerio. La ebriedad es un obstáculo difícil de salvar. Cada mañana, él promete a su madre ausente que cumplirá la misión, pero una vez más falta a su juramento. La muerte de su mujer ha terminado por minar su lucidez e instalarlo en un estado de constante delirio. Poco a poco, Domingo se transforma en un hombre melancólico y huraño que cita de memoria pasajes de novelas rusas y se dedica a conversar con sus mujeres muertas. Mientras eso sucede, los ojos de una adolescente no cesan de observar su conducta; es su vecina, la más joven de todas las mujeres con quien ha logrado trabar una amistad. "¿Es acaso posible comunicarse con personas de esa edad?", se pregunta y su desconcierto crece. Mis mujeres muertas -ganadora del Premio Grijalbo 2012, cuyo jurado estuvo compuesto por Julián Herbert, Eduardo Antonio Parra y Enrique Serna- es una novela sobre la melancolía y la soledad humana, enfrentadas por un hombre cuya ebriedad llegó a convertirlo en un experto de los estados del alma.
Guillermo Fadanelli es escritor y nació en la Ciudad de México (sus datos biográficos contemplan distintas fechas de nacimiento que van de 1959 hasta 1965 aunque la real, 1960, no es la que más se repite). 14 de noviembre de 1960.1 2 Fundador de la revista Moho3 en 1988 (que él mismo define más como un punto de reunión que como un vehículo de difusión de ideas4 ) y de la Editorial Moho5 en 1995. Colaborador e impulsor de varios proyectos de literatura y de arte subterráneo.
2 días y 210 páginas después. El segundo libro que leo de Fadanelli, y nuevamente no me quedé con muchas ganas de seguir explorando con su narrativa, pero de le volveré a dar otra oportunidad en el futuro.
Hay algo en la narrativa que no me acaba de encantar, es como si tuvieramos una historia muy muy lineal: El personaje debe llevar la lápida de madre al cementerio, y de ahí se va ramificando hacía atrás y hacía los lados. Intenta ser una radiografía de un alcohólico en decadencia (¿Qué no todos lo están?), que es ilustrativo. No tengo una idea de como sea ser alcoholico, pero debe estar muy cerca. De pronto se tienen destellos con el personaje que hace una intromisión, y teniendo el potencial de poder haber sido transgresor, se queda con los limites sociales.
El hecho de que hubiera tanta falta de explicación de las situaciones, me generó un desgradado. No se explican cientos de cosas, y creo que la idea/premisa/pretexto es muy bueno: un alcoholico que es azotado por la defunción de dos mujeres de su vida. Creo que había mucho de donde escribir, pero el autor toma la forma fácil y quiere volver al pasado.
Más que ser depresivo y psicotico, genera un gran sentimiento de pena y verguenza, y aunque el final es abierto, sabemos a dónde se dirige.
Cuando era más joven solía devorar los libros de realismo sucio gracias a una adoración poco saludable hacia Charles Bukowski, el viejo indecente. Y mas o menos en esa misma época conocí a Fadanelli, con "La otra cara de Rock Hudson" y principalmente, "Malacara". Las historias de viejos perdedores alcohólicos solían hacerme creer que el estilo de vida mallugado y rasposo eran la clave para entrever una sabiduría que se encontraba mas alla de las aulas y de la educación formal. Sin embargo, a estas alturas esos argumentos me parecen fastidiosos, débiles y francamente aburridos. Y no porque haya alcanzado un nivel de madurez mayor, o porque ya conozca como funciona el mundo (todo lo contrario en realidad). Mas bien, porque conforme envejezco me remito cada vez mas a autores honestos, que no necesitan usar una pose de borracho-sabio-malencarado-gilipollas-nihilista-místico, para mostrar que el mundo es un lugar hostil, terrible y que mas vale surfear la vida a lomos de cierto grado de mesura neutral y no a través de una botella de licor barato.
Muchos son los libros que tratan de manejar temas profundos a partir de líneas narrativas sencillas. Muchos son los libros que fracasan, por fortuna para ellos, Fadanelli los absuelve con Mis mujeres muertas.
El lector está frente a frente con la voz interna de un alcohólico. Eso que dice entre balbuceos, eso que piensa para sí mismo al pedir una botella, eso que detesta de los hombres con corbata pero no a manera de odiosos sino como espejismos humanos. El protagonista no es Domingo, ni las mujeres muertas, es el borracho, todos los borrachos, es cada borracho.
Domingo no es sino el portador de esa voz conservada en alcohol que nadie escucha y que se oye artificial cuando intenta escribirse. No así en esta novela donde las reflexiones etílicas son sobrias en explicaciones pero briagas en motivo. Mis mujeres muertas es una oda al alcohol, un tributo a los cantineros, una declaración de amor a las memorias y a toda esa gente que recrimina al auténtico bohemio como lo es aquí Domingo.
El lenguaje cae a veces en intelectualidades innecesarias, pero no desentonan en estilo. Los personajes son completos, naturales, significativos desde su sitio. Lolitas angelicales, compulsivos por voluntad, veladores más humanos que los doctores. Todos ellos tienen cabida, un lugar especial en la mente de este agonizante alcohólico que celebra su mediocridad y alza la copa brindando por la solitud y por los fantasmas de todas nuestras esposas juntas.
Con su ya clásico estilo irónico y mordaz, Fadanelli nos presenta una novela sobre un "procrastinador", un hombre melancólico, un alcohólico con brotes de lucidez (lo cual notamos particularmente en sus referencias literarias y filosóficas, en particular de autores rusos). Una novela que no por cruda deja de lado los tintes humorísticos. Muy disfrutable.
En palabras claras y sencillas, Domingo era un hombre pobre. ¿Tenía que lamentarse de eso? La pobreza da seguridad; a que puede temérsele cuando se vive con tanta pobreza y tanta buena y nutritiva amargura?
Los vecinos no tenían ningún derecho a mirarle el culo o la barriga. "Las paredes, benditas sean todas las paredes del mundo".
Los planetas, tienes razón, las mujeres son unos jodidos planetas. Y la mía debe ser Júpiter.
"Quien pone en duda las decisiones que toma una esposa es un cretino", se sentenciaba el. "¿Para qué putas se tiene entonces una esposa si no es para creer ciegamente en lo que dice?"
Una charla que se repitió más de una vez en la intimidad de su recámara. Si no charlara con ella, entonces el silencio comenzaría a hablar. Y cuando el silencio habla comienza el miedo y ya nada puede detener su marcha.
Bueno, ya que estamos en es, ¿podrías quitarte los pantalones? Tus piernas son el premio ideal para hombres huevones, honestos y ebrios. Y la memoria de un borracho no es como crees... Yo recuerdo todo lo que es importante y crucial para mí en ese momento, ¿comprendes?
Te decía, ponme atención, ¿estás durmiendo?, las viejas nos extendemos en la memoria como agua que ocupa todos los espacios: como una inundación o un tsunami.
Ahora podría beber con calma a la salud de todos los hombres amables que hacen de la tierra un infierno con aire acondicionado.
La refencia a Kafka no es en vano, este libro debió llamarse La Cantina en alusión a "Das Schloß".
Citando a Fadanelli:
"Las autoridades estaban allí para que el peso de los muertos se tornara insoportable." "Primera lección, repite conmigo: vivimos en la ciudad de la rapiña."
Fadanelli nos hace sufrir junto a Domingo, él no es mala persona, simplemente vive en la melancolía y la soledad. Habla con mujeres muertas y vive en el delirio, buscando cualquier razón para beber y no preocuparse demasiado. Lo que quiere Domingo es cumplir con su misión, llevar la lápida a la tumba de su madre fallecida.
Una novela con toques de humor y con una mirada cruda a lo que es la desolación.
La historia de un alcohólico que perdió a su mujer y también a su madre casi en la misma fecha y cuyo único objetivo es beber pero tiene que cumplir una misión que le impusieron sus hermanos. Este libro es la historia de este hombre que carga con el peso de esa misión que en realidad no quiere cumplir y su manera de ver la vida a través del alcohol que toma diariamente.
No es mal libro, el estilo de Fadanelli está presente y delineado, lo malo es que es muy similar a otros libros suyos, Domingo J. Mancini bien pudo ser el mismo Benito Torrentera, con similar desagrado y desdén por el éxito de sus hermanos, atrapados en vidas insatisfechas. También son similares en su atracción por mujeres adolescentes, Flor Eduarda e Isolda podrían ser la misma persona. En fin, muy presentes los temas recurrentes de Fadanelli. Aún así me quedo con una frase del libro que me pareció memorable: "El dinero no se presta, se regala. Y si tienes suerte, alguien, o ese mismo a quien le diste el dinero, te regalará la misma cantidad, o una mucho mayor".
Me atrapó nomás empezando... a vver si se mantiene.
Me mantuvo, sí gustó, aunque estoy buscándole fondo que no encuentro... o sea, perfecta trasmisión de estado del personaje Domingo, difusas sus mujeres como para ser parte del título... a ver qué se me acurre nomás se asiente la historia
Obra reflexiva que te hunde en los pensamientos de un hombre alcohólico al que se le han muerto su esposa y su madre. Especie de ensayo narrativo sobre la soledad buga en un entorno urbano, crudo y gris. Simplemente una obra brillante.
"Mis mujeres muertas" se inscribe en la narrativa de la soledad, aquella que permite rehacerse a sí mismos a sus lectores cada cierto tiempo. Al igual que otras obras de Fadanelli, esta novela insiste en la naturaleza básica de un ser humano: la futilidad y la ausencia de objetivos del ser.
Un borracho con cierta "tarea" para cumplir "por la familia", mientras nos regocijamos con sus pensamientos más (¿pendejos?) profundos que cruzan por su mente etílica. Otra novela autobiográfica de Fadanelli. Están buenas las cavilaciones, lucubraciones y aventuras del discípulo de Baco.