Es una narración día por día de la debacle de la caída de Francia ante los ejércitos nazis en los primeros días de julio de 1940. En mi caso solo tenía migajas de lo que pasó, y este relato, a modo de diario personal a veces y de reporte de la función diplomática del autor otras, me dio una visión mucho más completa del drama enorme que fue esa etapa de la 2a Guerra Mundial. Había leído a Irene Nemirovsky y algún otro autor, y visto muchas películas, recientes y antiguas, incluida Juegos Prohibidos, que restauran el romance más que nada. Solo me daban una visión parcial de los qués y los cómos. Si bien el estilo literario del autor es extremadamente florido, con anhelo de poeta (si se me permite ser crítico), tanto así que llega a hostigar al lector, como atenuante pienso que podría deberse al hecho de que estuvo en el meollo de donde ocurría todo, presente en muchas de las discusiones políticas que estaban definiendo el futuro inmediato de Francia, y la emoción de todo eso debe haberlo conmovido a usar ese lenguaje. No obstante, la narración de hechos es muy instructiva y me alegro de haberme hecho del libro y haberlo leído.
Entreverado y en menor escala también nos da idea de cómo se gestó la invitación del México hospitalario de Lázaro Cárdenas a los refugiados republicanos españoles, la que afortunadamente se ramificó más allá de esa primera intención, tal que se refugiaran un gran número de perseguidos no solo españoles, sino de toda Europa y de todo signo y religión. Los artífices de ello fueron el autor, Luis. Ignacio Rodríguez, Embajador de México en Francia, y su consul en Marsella, Gilberto Bosques. Esto ya no se narra en el libro, porque ocurrió justo a partir de dónde termina el relato.
El ejemplar que tengo es una reimpresión del original de 1942, hecha en 2023 por la Cámara de Diputados de México.
Addendum:
Dos cosas me llamaron la atención sobre el autor, una de forma positiva, en que brevemente habla de Gilberto Bosques y de su comisión al consulado de Marsella. Este Buen Hombre llevó a cabo la labor más humanitaria en nombre de México: la emisión de visas no solo a miles de españoles refugiados --que era la encomienda oficial--, sino a miles de perseguidos de otros orígenes, incluyendo judíos, brigadistas internacionales, comunistas, y de todo, por encima de las instrucciones oficiales. Actualmente hay quien no lo reconoce así, y es porque no quiere saber los detalles de cómo ocurrieron las cosas. Yo lo considero un Héroe. La otra es que el autor nos "muestra el cobre" de un antisemitismo irracional al criticar al señor Mandel, del parlamento francés, al etiquetarlo por su religión y usar términos peyorativos por haber expresado su opinión sobre si proceder con el armisticio o no, de mudar al gobierno o no. Independientemente de opiniones y sus consecuencias, Mandel era un solo hombre, era francés antes que judío en esos momentos, y opinaba por su país, no por su religión. Cada vez me convenzo más de que el odioso antisemitismo es para muchos el odio predilecto, el justificable. Lo vemos hoy en día, post 7 de octubre, que la muchedumbre critica el trato a los palestinos pero no levantaron su voz con la masacre que inició la guerra actual.