Mi primera lectura de Dorothy Parker y seguro que no va a ser la última. Me ha encantado esta historia de Hazel, la rubia imponente, una mujer hueca, superficial que -cuando es joven- lo apuesta todo a su belleza y gana... hasta que empiezan a aparecer las primeras arrugas.
Un retrato demoledor, sin compasión, de una mujer como tantas que se sabe bonita, que disfruta de las fiestas y cuya única aspiración en la vida es conseguir en "buen" marido que se ocupe de ella, la mantenga y -obvio- pague una asistenta que se encargue del hogar. Y cuando lo consigue, se cuestiona si esa vida es la que realmente la hace feliz, si no tendrá un coste muy elevado seguir siendo esa chica rubia, guapa, divertida y complaciente que consiguió el buen marido.
Y ese cuestionamiento y su deriva (que no desvelo) se acompaña de una forma magistral, casi angustiosa, por las ilustraciones de Elisa Arguilé, que muestran la doble cara de Hazel, la social y la íntima, y el proceso de autodestrucción en el que se adentra, simbolizado por esa muñeca desmembrada que ilustra la historia.
En estos dias, no podemos obviar que Hazel no es una rareza; muy al contrario, es una más de tantas mujeres alienadas que se han creido ese sueño de felicidad que pasa por ser bonita, divertida, complaciente para conseguir un hombre, y así tener un hogar y la vida resuelta. ¿Y después, qué?
El después de Hazel asusta, entristece, pero también indigna, por la falta de conciencia de nuestra rubia imponente, por su aceptación del rol (auto)impuesto y porque no toma la decisión de cambiar. Lo que nos lleva a pensar en qué será de ella cuando hayan pasado 10 años más...
Una lectura altamente recomendable