I grandi autori avvertivano prima di tutto il vuoto – spiega Giuseppe Scaraffia all’inizio di questa traversata a tappe nei costumi di vita dei protagonisti della cultura occidentale. Perciò, tutto quello che facevano, per riuscire a dare diletto a se stessi, era il modo che avevano di «arredare il vuoto»; e quanto più elaborato, eccentrico, sofisticato, maniacale od effimero, questo diletto si mostra ai nostri occhi, tanto maggiore doveva esercitarsi su di loro la pressione diffusa di quel nulla che li minacciava: «ognuno ha la propria ricetta e spesso i più dissipati sono proprio i saggi». Secondo lo stile formatosi in tanti volumi contemporaneamente ironici e colti, Scaraffia conduce il lettore tra le pagine e le vite, con un bagaglio immenso di critica e fatti, e con un tratto di scrittura capace di rappresentare rapidissimo una figura del palcoscenico letterario dei secoli. In questo libro il centro dei suoi interessi sono le attività a cui i grandi si davano per trovare gioia o riposo o oblio o ebbrezza, da cui ricavavano, appunto, piaceri: analizzate e sistemate per ordine. I baci, i cani, i tatuaggi, le valigie, i giardini, le motociclette, e tutto il resto: non suonano come manie di artisti narcisisti ma, nel modo di scandagliarli dell’autore, sono finestre che si aprono sulle anime e sulle poetiche. Ed è come entrare nel salottino di casa dei grandi scrittori e farsi raccontare cosa facevano per dimenticarsi di sé.
Referencias muy variadas de aficiones, manías y placeres de numerosos escritores; curiosas como poco y ordenadas en temas como la elegancia, los tatuajes, el café, el equipaje, las flores... En numerosas ocasiones me he sorprendido sonriendo entre anécdotas y citas de lo más variadas.
Es un libro que por su propia naturaleza cuesta terminar. Pequeños compendios de experiencias de escritores alrededor de sus grandes (pequeños) placeres que muchas veces se convierten únicamente en una excusa para coleccionar citas de los mismos. Sin embargo, hay que reconocerle al autor ese esfuerzo. Así como a veces la originalidad de la propuesta: pies y tatuajes conviven con temas más clásicos como el café o la elegancia.
En suma, lectura recomendable para pasar el rato y para volver a ella de vez en cuando, porque uno, al avanzar en el libro, se siente menos raro, más acompañado y extrañamente, siempre con una sonrisa en los labios- y éso, en los tiempos que corremos, no es poco.
Miscelánea llena de citas que parte de la idea de que los placeres, aficiones y manías son una forma de distraerse del vacío de la vida, un entretenimiento muchas veces banal e inútil, pero por eso mismo esencial. El planteamiento me entusiasmó, y también algunas de las entradas (bouquiniste, paseo) que, a modo de diccionario, ordenan las referencias de docenas de escritores, algunos de los cuales se prodigan quizás demasiado (¿hay alguien que haya generado más anécdotas que Hemingway?). El resultado es un poco excesivo por acumulación: una forma más, claro, de llenar el vacío.