Seré sincera: le pongo dos estrellas de puntuación (1,5 en Babelio) porque me da pena ponerle solo una siendo una obra escrita por una de las grandes de las letras castellanas, Emilia Pardo Bazán. Y mira que me da rabia, porque lo poco que he leído de esta autora, siempre me ha dejado con muy buen sabor de boca y es una autora de la que estoy deseando leer todo. Todos los cuentos (poquitos, todo sea dicho de paso), que he tenido la oportunidad de leer de ella siempre me han gustado en menor o menor grado, y una de mis mejores lecturas del pasado 2024 fue la novela breve “Insolación”, que para mi fue un estupendo ejemplo de equilibrios entre la crítica hacia la sociedad y el papel de la mujer en la misma, el cuadro de costumbres de la época y la comedia ligera de romance y enredos. Tengo que reconocer que cuando cogí “El Saludo de las Brujas” me esperaba una novela bastante inferior a esta, tenía la idea de que iba a ser una producción menor dentro de la bibliografía de doña Emilia. Pero durante la mayor parte de la lectura, no he podido dejar de pensar que esto lo escribió la buena señora por el por puro placer o por el simple interés de publicar no sé mucho de su biografía, pero creo que mucha necesidad de escribir por escribir tampoco tendría nuestra autora de hoy). Lo único bueno es que todavía tengo en el tintero algunas de sus obras que se pintan como interesantes y de calidad, especialmente “Los Pazos de Ulloa” y “ La Madre Naturaleza”.
Muchos años después de que él y su madre hubieran sido abandonados por su regio padre, el destino pone a Felipe Maria Leonato Flavini en la carrera por el trono del joven país de Dacia. Sin embargo, aunque el pretendiente cuenta con el apoyo de los partidos políticos más importantes y de buena parte de la sociedad de dicha nación, en su camino se interpone su propio corazón y el amor que siente por Rosario, una joven y bella chilena sobrina de un pintor y dispuesta hacer lo que haga falta para que Felipe consiga cumplir el destino para el que está llamado.
Me ha hecho mucha gracia leer en varias reseñas que por el título muchos lectores se pensaban que este libro iba a ir de magia y temas sobrenaturales. En realidad, el nombre de “El Saludo de las Brujas” viene de la obra teatral shakespeariana “Macbeth” , de la escena, en la que las tres famosas brujas saludan al personaje principal antes de darle la profecía según la cual se convertirá en rey de Escocia, la que hará que Macbeth se libre de cualquier escrúpulo y emprenda una sangrienta senda para llegar a la corona. En Pardo Bazán quizás no se lleguen a estos extremos, pero con esto podemos ver que nos presenta una historia que gira, aparentemente sobre la monarquía y el poder, sobre su significado y sobre qué medidas y sacrificio se deben tomar para acceder a la misma el tema desde luego resulta de lo más sugerente y dama para mucho. El libro es un cuadro de costumbres que nos lleva al París del siglo XIX, y creo que una de sus pocas virtudes es como la autora, nos enseña con inteligentes dosis de criticas los ambientes aristocráticos y artísticos de la época y como se mueve con soltura en este mundillo elegante y cosmopolita, pero no por ello menos lleno de frivolidad y falsedades. Esta sociedad refinada es el perfecto marco para que se desarrolle una historia que a priori prometía mucho Salseo y que giraba en torno a una serie de intrigas palaciegas y de salón cuyo foco es la nación ficticia de Dacia, la cual convive con otros países reales de la geografía europea y que se encuentra al borde de la guerra civil por la enfermedad de su actual monarca y su falta aparente de herederos. Y aquí donde haces todo este interesante mejunje se une una historia de amor que desde el primer momento tiene trazas de tragedia. Para acceder al trono, el rey de Dacia tuvo que anular su matrimonio con una bailarina y no reconocer al hijo nacido de esa unión, el cual, y como adulto, parece la mejor opción para heredar la corona. Sin embargo, el joven Felipe María está enamorado de Rosario, la atractiva y brava sobrina del pintor de moda del París de ese entonces. La historia de los padres parece que va a volver a formalizarse con el hijo, poniendo en jaque a todo un país.
Así pues, tenemos, como bien dice la sinopsis de la edición que he manejado, un apasionado idilio, convertido en un amor imposible por razones de estados. Pardo Bazán usa este argumento para hablarnos no tanto de política como del significado de la monarquía y las responsabilidades que conlleva el poder. No podemos olvidar que estamos hablando de una novela escrita en el siglo XIX por una mujer noble, y que, por más adelantada que estuviera en muchos aspectos a su época, todo el escrito tiene un tufillo monárquico que quizás ahora resulte Ana crónico. La importancia y defensa de la autora a la monarquía debe entenderse en este contexto, y es interesante no dejar que nuestras ideas actuales empañen esta visión crítica o por lo menos lo intente. Si habéis leído alguna reseña, siento volver a repetirme. Pero para mí lo realmente esencial de un clásico es que trate temas e historias que aún resulten imperecederos, que tengan su significado irrelevancia para lectores que tomen la obra y se adentren en sus páginas varios años y siglos después de su publicación. Y quizás en este sentido quede un poco desfasado leer la defensa apasionada de la autora sobre el concepto de monarquía si lo filtras con las actuales monarquías parlamentarias y el escaso peso institucional e incluso social que actualmente tienen.
De todas formas, este concepto y todo lo que le rodea en esta historia podría haber dado lugar a que se trabajasen muchas cosas en la lectura que le hubieran aportado profundidad y complejidad, y hubiera cimentado la creación una trama bien hilvanada e interesante donde se tocase como era el ejercimiento del poder en la época en la que fue escrita la novela y el peso del poder y todo lo que se debe, a veces, hacer por alcanzarlo. Sin embargo, mi impresión tras cerrar ese mismo libro es que el conjunto hace agua por todas partes. Tiene cosillas que han hecho que la lectura haya tenido para mí un mínimo de interés, pero sinceramente, han sido pocas. En general, me he encontrado con una lectura que ha tenido tramos muy aburridos y poco interesantes, porque no sucedía absolutamente nada importante, solo ralentizaban la lectura, y por ello sentía que no aportaba nada al argumento central. Y esto solo ha conseguido que me haya alegrado de que la novela sea tan corta y los capítulos tan breves, ya que en general la lectura no me haya aportado nada. Es más, incluso ha habido momentos en los que se me ha hecho muy densa y carente de interés y me he replanteado dejarla aparcada, al menos por el momento. Reconozco que en dichos pasajes de los que os acabo de hablar, lo que se buscaba era desarrollar los ambientes y los sentimientos de los personajes, y que incluso en una obra tan secundaria dentro de su biografía doña Emilia es un primor a la hora de escribir.
Sin embargo, para mi esto se queda en poquita cosa si en esta ocasión ni siquiera los personajes (por más bien esbozados que estaban, que es algo que no discuto y que reconozco) logran despegar del todo. Les falta desarrollo, y en muchos momentos fuerzas y energía. De hecho , Rosario, la auténtica y trágica heroína de la historia, por más bien que esté caracterizada, y pese a toda la garra y fortaleza emocional de la que hace gala, me ha quedado la impresión de que queda demasiado opaca por el aura romántica, trágica y sacrificada en la que la autora la envuelve, que hace que no resulte un personaje que termine de romper. El otro gran personaje con un mínimo de interés, por lo menos para mi, era Yalomitsa, el amigo de Felipe María. Y el también queda demasiado envuido por ese aura de voz de la razón, la inocencia y, al final, de la tragedia que luce a lo largo de todo el escrito, incluso, aunque de su parte, vengan algunos de los pocos golpes humorísticos que encontramos en toda la lectura. Solo ellos se salvan en medio de todo un cartel estelar plagado de personajes insulsos que no dejan la más mínima huella en el lector.
Y a todo esto hay que añadir que el final resulta demasiado abrupto, demasiado rápido. Y eso resulta muy muy frustrante. Sobre todo si se tiene en cuenta que por el camino varias pequeñas tramas y personajes han quedado mal cerrados, o por lo menos han desaparecido del mapa de una manera demasiado súbita. Si se les hubiera dedicado más mimo, espacio y tiempo la novela podría haber ido por otros derroteros más interesantes a nivel literario, o por lo menos más originales. Pero así, todo el conjunto deja con el poso de resultar muy anticlimático e infrausado. No te queda la sensación de que te haya compensado leer una trama política, que es trabajada sin ninguna una gracia, o una historia de amor que básicamente es un tira y afloja mojigato y melodramático basado en clichés más antiguo que el hilo negro; la mujer que reluce por su capacidad de sacrificio, y el hombre destinado a la grandeza que destaca por su egoísmo. Y todo lo relacionado con Dacia y su situación gubernamental, que en los primeros compases del volumen prometía ser lo mejor de la historia, al final terminan también usándose de una manera muy pobre. Por favor, si algo puede dar vida a una novela son los salseos y tejemanejes políticos, y aquí resultan muy insípidos.
Así que, en general, “El Saludo de las Brujas” queda como una lectura que tenía muchas cosas a su favor para despuntar. La combinación entre drama romántico y conspiraciones políticas podría haber dado mucho juego. Y en su lugar te encuentras con una historia en la que todos sus elementos más interesantes son trabajados pobremente, a los que apenas se le saca jugo. La prosa quizás resulte un tanto rebuscada como también he leído en alguna que otra reseña, pero para mí eso no ha sido nada malo en absoluto, solo una muestra muy interesante de cómo se escribían en el siglo XIX los folletines románticos. Porque sinceramente quiero pensar que todo esté escrito es una broma por parte de Pardo Bazán sobre este tipo de literatura tan en boga su época, o que fue compuesta deprisa y sin poner mucho interés. No lo sé, porque realmente no tengo ni idea ni de la biografía ni de el resto de la producción de una de las grandes de las letras españolas. Y tampoco de literatura más allá de lo que me gusta y deja de gustar. Pero sigo reafirmando que estoy deseando leer más de esta mujer. Este tropiezo no me quita esa ilusión.