«Haber vivido con Franz un solo día significa más que toda su obra, que todos sus escritos»Dora Diamant
El 13 de julio de 1923, en la localidad de Müritz sobre el mar Báltico, a la que había viajado con su hermana Elli, Kafka visita la colonia de vacaciones del Hogar Popular para niños judíos en donde trabaja una amiga suya, aunque son varias las chicas con las que se relaciona. Al ingresar en la cocina se topará con otra más, de unos veinticuatro años que en muy poco tiempo se transformará en el último amor de su vida: su nombre es Dora Diamant, Dymant o Dyamant. Su apellido ha sido siempre objeto de controversia entre biógrafos e investigadores, pero es lo que menos importa.
Proviene de una familia jasídica polaca de Galitzia. Su figura y su forma de ser contrastan por un lado con la marmórea Felice Bauer o la ardiente Mílena Jesenská. Probablemente se trate de la mujer que Kafka idealizó mil veces en su mente y en la ficción, y la encuentra paradójicamente en el último tramo de su existencia.
Ocho años antes, ya había soñado con la mujer perfecta, en una entrada de sus Diarios. La frase, ya de por sí esclarecedora si tenemos en cuenta que hace muy poco ha terminado su relación con Felice Bauer: «Por muy poca cosa que yo sea, no hay nadie aquí que me comprenda totalmente. Tener a alguien que me comprendiera así, acaso una mujer, significaría tener apoyo en todos los aspectos, tener a Dios».
En la cocina, Dora está destripando un pescado y Franz la sorprende en la ardua tarea.
Ella recuerda claramente la escena. Cuando él la ve, le dice a quemarropa: «¡Unas manos tan delicadas y tiene usted que hacer un trabajo tan cruento!» El tenor de la frase sorprende tanto a Dora que queda impactada y deslumbrada a la vez.
Años más tarde, cuando Kafka ya había muerto, ella publicó un libro llamado “Mi vida con Franz Kafka” en el que seguía rememorando ese momento, definiéndose a sí misma como «como una criatura oscura, llena de sueños y presentimientos, directamente salida de una novela de Dostoievski».
En esta extensa y detallada biografía, conocemos a fondo toda la vida de esta luchadora mujer que se llamó Dora Diamant a quien no sólo la muerte de su amado Franz Kafka la castigó duramente, sino también la constante persecución a la fue sometida primero por parte de los nazis (se había casado luego de la muerte de Kafka con el comunista Ludwig “Lutz” Lask), sino también por su difícil inserción en cuando huyó a Inglaterra donde se la identificó como “extranjera enemiga”, así también como sus denodados esfuerzos por lograr que su hija Marianne se recuperara de las graves afecciones renales.
Vale la pena leer un libro tan largo, pero que contiene la esencia de la única mujer que amó verdaderamente a Franz Kafka. Tan grande fue su amor, que esta frase de Robert Klopstock, el médico que cuidó a Kafka hasta su muerte, lo resume cabalmente: «Solo quien conoce a Dora sabe lo que es el amor».