«A Coll le tocó la mala suerte de que la guerra civil le cogiera de niño. Acaso la suerte hubiera sido peor si le coge de mocito, porque le hubieran llamado a filas y, a lo mejor, moría. Pero la que tuvo no fue de las mejores, eso no cabe dudarlo. Y, a propósito de esto, quisiera decir algo que puede sonar terrible, pero que no lo es, aunque sea lamentable: a un niño al que le coge una catástrofe como la guerra civil española a la edad a la que le cogió a Coll, acaba recibiendo lo catastrófico como cosa natural y cotidiana.
Es muy posible que Coll haya llegado a entender el porqué de la guerra civil española. ¡Feliz él! Pero, entonces, no lo entendía, se limitaba a vivirlo. Y ésa es la raíz de esta novela y me atrevo a decir que de la infancia de Coll, es decir, de su personalidad. ¿Por qué, entonces, no pululan los Coll en España?
De su experiencia, Coll sacó esa sensibilidad que su novela transluce, y ese sentido del humor de que da pruebas profesionales y literarias un día y otro.
Después de esta apertura de su corazón, Coll puede seguir haciendo chistes. El fondo sentimental de su humor se entenderá mejor ahora.»
Este pequeño libro de 191 páginas, que a efectos prácticos son muchas menos, nos habla de un niño de derechas que vive la guerra civil española y la posguerra. Esta historia es verídica, no es una ficción y es bastante sencilla y rápida de leer. . De esta novela, lo que más aprecio, es el mostrar la vida, el día a día, desde el punto de vista de un niño. ¿Cómo vive un niño la guerra? ¿Cómo la ve? Eso es, en parte, lo que nos muestra esta obra y que a mí me parece más que interesante (y divertido). . Otro punto positivo es esa inocencia que traspasa las páginas y que nos arranca esa sonrisa o esa curiosidad que le lleva a ganarse una bofetada. El autor logra, sin problema alguno, enseñarnos a ese niño que fue y mostrarnos cómo veía la historia que pasaba a su alrededor de puntillas. . Algo a comentar es que es una novela diferente. En ella, se nos quiere mostrar a ese niño y a su visión, pero no contar su vida. Se nos cuenta lo que necesitamos para entender a ese niño (detalles sobre amigos, vecinos, familia y amores) y nada más. Cuando uno acaba el libro, tiene la sensación de haber visto fragmentos de una película, unos fragmentos que trasmiten algo que para ese niño fue importante. Cuando uno acaba de leer la obra, no siente haber leído una historia, siente haber conocido una nueva visión del mundo y por esto le doy las gracias al autor, y mi más sincera enhorabuena.
El hermano bastardo de Dios es un relato autobiográfico que evoca la infancia del autor en Cuenca durante la Guerra Civil española y los primeros años de la posguerra. Combina memoria histórica con la mirada inocente de un niño que observa el horror sin comprenderlo. La guerra es vista con ojos infantiles, y la narración despliega una ingenuidad que contrasta con la barbarie del contexto; la infancia absorbe lo traumático como algo cotidiano, lo que dota al texto de una sensibilidad muy particular.
El humor, lejos de banalizar el dolor, muestra una emotiva forma de resistencia, una vía para preservar la humanidad ante la brutalidad. Coll retrata no solo su historia personal, sino la de una generación marcada por el miedo, la supervivencia y una infancia robada, que tuvo que madurar demasiado pronto. La prosa es clara y evocadora, captando la cotidianidad infantil con melancolía. La voz del niño puede parecer ligera frente a la gravedad del fondo histórico, pero esto es parte de la fuerza narrativa de Coll. La novela no sigue una trama convencional, sino que ofrece fragmentos de la infancia, escenas sueltas que conforman un mosaico emocional muy poderoso.
El hermano bastardo de Dios es una obra memorable capaz de conjugar ternura, humor y melancolía en medio del horror histórico. La voz infantil de Coll logra reconstruir un universo marcado por la pérdida, la resistencia y la necesidad de entender.
¡Qué maravilla! Si bien es cierto que el libro se proclama *autobiografía* he de decir que se asemeja más a un conjunto de experiencias todas ellas con un hilo conductor. El Hermano Bastardo de Dios no cuenta con una linealidad notable en cuanto a lo que narra, no obstante es idóneo para comprender cómo vive un niño una catástrofe tan grande como una guerra civil. La obra produce mucha ternura y pena, pues es muy sincera a la hora de retratar la mente infantil: "¿Y si no quieren que lo maten?" Era una de las preguntas más recurrentes cuando se enteraba de una ejecución, otro ejemplo muy bueno de los pensamientos típicos de un niño que se ve obligado afrontar tamaño conflicto era "La guerra podría acabarse si se escondiesen los fusiles". Sin duda una gran novela de prosa ligera y trama entretenida.