El castellano de Carolina Sanín es precioso, musical, potente. En estos cuentos desbordados de imaginación, el placer de apreciar su lenguaje es equivalente al de disfrutar de sus invenciones. Las criaturas que circulan por estas páginas están tratadas con ternura y todas tienen un halo de misterio que las rodea. Los argumentos son ingeniosos y la lectura es gustosa. Ponqué y otros cuentos es una muestra más que confirma el lugar cada vez más importante que ocupa la escritura de Sanín en la literatura latinoamericana.
Quién pudiera reír como sueña Sanín. Y sueña como escribe, o escribe como sueña, y no, claro, porque escribir un sueño es aburridísimo, y esto ni son sueños, ni son aburridos. Son potencia. Guardan del sueño el tiempo de la revelación estos relatos. Guardan el saber que lo que muestran, lo que cuentan, es lo que es y algo más, y eso es un lugar común en la crítica, lo sé, pero es que es así y así es. Digamos mejor que estos relatos saben de anticipación y de sospecha, de sembrar la duda, de cultivarla y aprovechar los resultados. Me ha gustado perderme en ellos.
Imaginar es esto. No sólo se trata de imaginar historias. Se trata, quizás sobre todo, de imaginar lenguajes. Salud.
No sé, me gustaban las historias pero al final sentía que no entendía lo que había leído. volví a leer y resultaba agotador y peor. Siento que Ponqué solo cuenta mis estrellas, lo demás se puede descontar.
Hace años leo las columnas de opinión de Sanín en la Revista Arcadia y El Espectador. Sin embargo, no disfruté leyendo estos cuentos cortos, pues su narrativa disruptiva es tan predecible que aburre.
Es indudable que la escritora tiene una prosa que encanta, sinembargo exagera en el uso de recursos de estilo y cansa, aburre, desespera; más si le sumamos que uno espera un giro, una sorpresa en los cuentos una acción y nada... Los personajes masculinos lo son solo por los artículos y uno los va creyendo mujeres hasta que llegan los artículos o ciertas acciones y uno se da cuenta que no era una ambigüedad sexual planeada. En fin, yo catalogaría esto como literatura experimental que sin ser mala no es de mi preferencia.
Carolina Sanín era un misterio para mí, había oído hablar de ella como profesora, como escritora. Me habían recomendado empezar por Los niños y/o Todo en otra parte. Pero creo que inicié con el libro correcto: Ponqué y otros cuentos .
Este es un pequeño tesoro, una colección de relatos (a mí me parece que más relatos que cuentos) que nos permiten acercarnos a personajes que viven con la certeza (o la incertidumbre) de que el lugar en el que están es el suyo. Sanín ejercita, a través del fuero interno de sus personajes, el poder del yo. Cada una de las protagonistas medita en su pasado-presente-futuro, en su relación con su familia y con los extraños, con el espacio propio y el ajeno. Es como si estuviéramos ante los testimonios de aquellos que lo han sobrevivido todo, hasta sí mismos.
Un libro de relatos que se enmarcan en una narrativa predecible. Las historias no terminan de cuajar. Me quedo con Carolina en su funeral y Ponqué (sin la referencia bíblica).
Leí Ponqué y otros cuentos tiempo después de haber leído Los niños. Las historias que parecen, como nosotros los lectores, no ir a ninguna parte orbitan en la belleza del lenguaje, en la inquietud sobre la realidad que experimentan los personajes. Hay una sensibilidad grandiosa en los detalles y los mecanismos usados para mover las historias. No considero que Carolina Sanín sea una escritora difícil de leer. Los cuentos hacen que como lector uno sienta que debe prestar mayor atención a las palabras que tiene en frente.
Además de la buena experiencia que me deja leer nuevamente a Carolina Sanín, me alegra encontrar una edición bella en detalles gráficos, excelente trabajo de Laguna Libro y Carolina Sanín.
"Dijo que había visto la puerta de un apartamento abierta y había entrado pensando que encontraría a alguien. Según había oído, en el primer piso de aquel edificio funcionaba una granja con patos, gallinas y de todo. Después de echar una mirada, se dio cuenta de que no estaba en la granja que buscaba sino solo en un corral de ovejas. Luego descubrió que se había quedado encerrada."
Amor y odio con este libro. Propone situaciones y planteamientos muy interesantes y por otro lado, particularmente en las dos primeras historias, Sanín nos da un montón de elementos supremamente interesantes, pero no hace absolutamente nada con ellos.
Una colección de cuentos de nivel irregular. En algunos relatos, la erudición de la autora es un lastre más que un plus. Para rescatar, dos cuentos: "La hija del revisor" y "Carolina en su funeral".
¿En la lengua de quién pueden ser lo mismo la torta y la sopa? En la lengua de quien no es capaz de sentir el sabor de las cosas sino solo su función genérica, y a partir de ahí es capaz de definir un mundo unilateral y solitario. Las narradoras de estos cuentos expresan conflictos de abandono y desamor. Y tienen una fascinación por el lenguaje, no el lenguaje como un ser vivo, sino el lenguaje como una palabra dentro de un campo semántico en el que las asociaciones dentro de ese campo crean una red, y esa red es la telaraña de ese mundo donde el único sujeto con valor de ser vivo es la narradora, todo lo demás es una cosa definida por su función.
Estos cuentos, ligeramente enrarecidos en la forma, por los universos caprichosos que crean, son la fachada de lugares comunes en los que el dolor de corazón y la sensación de engaño en las relaciones de pareja son el tema común. Y cuando el abandono no es de pareja es familiar, o de lugar de origen. Las narradoras de estos cuentos se sienten separadas de los mundos a los que consideran que deberían pertenecer, y entonces, mientras intentan entender esa separación, van creando un mundo propio, alejado de vínculos afectivos íntimos con los demás.
Las reflexiones, las premisas, los desarrollos, las conclusiones, en general todo el discurso que realizan, es caprichoso también, pertenece al mundo de las narradoras, a su propia forma de nombrar los lugares comunes con los que no son capaces de empatizar; lugares que no son capaces de comunicar con efectividad, probablemente por su incapacidad para entender.
No son cuentos difíciles, pero exigen atención, porque sus reglas temporales y espaciales están sometidas a la arbitrariedad de quien emite el discurso. A medida que uno avanza en la lectura los cuentos empeoran en su calidad, y se vuelve cada vez más tedioso seguir el discurso, porque no vale la pena el esfuerzo por entender. Las exploraciones que realizan, en lo temático, son superficiales, terminan en el descubrimiento de esa sensación de abandono, falta de identidad y necesidad de una nueva. En lo formal es rescatable el esfuerzo por la variedad y la singularidad, sin embargo, al final, no son más que un relleno de cartón, la representación somera de las cosas, no su contenido: la divagación arbitraria sobre la palabra ponqué, nunca el acercamiento a su sensación.
Este libro quiere ser un ponqué, un postre lleno de cosas diferentes, pero termina siendo un dibujo nada más, capaz de llamar la atención, desde lejos, porque de cerca es solo una estafa, algo que nadie se quiere comer.
Leí una hoja escrita a mano en la que se decía que el universo entero, con su polvo, su gente, sus animales y sus plantas, piedras y metales, y aun con cosas que no son estrellas ni se mueven y que no sabemos lo que son, ni si son ya cosas o no lo son todavía, está contenido o representado o comprendido en cada hombre. Creo que en la hoja se entendía hombre como hombre y mujer, o sea, que se sugería que aparte de las letras y los ángeles, de la suerte y la basura, en el hombre está también comprendida la mujer.
En las hojas, según se decía en la hoja escrita, están los árboles; no solo el árbol del que la hoja cae, sino también los demás árboles: el genealógico, el del bien y el mal y aquellos que no tienen hojas y de los que cuelgan los ahorcados. En la hoja se decía que cada parte del ser humano (su nariz, su cansancio, el diente que se le afloja en un sueño y el que muda cuando niño) puede traducirse como una parte de la ciudad, una parte del país y una parte del mundo. Se decía que el corazón es como el sol o, mejor dicho, que decir corazón es decir sol, y que el corazón y el sol también son el león. Se decía que el corazón, el león y el sol son lo mismo que el oro. Y que cuando uno dice “oro”, “león”, “corazón” o “sol”, también está diciendo “rey”.
Es un buen libro. Sanín se ubica, a mi modo de leer, en un punto entre el Julio Cortázar de "Cefalea" y el Felisberto Hernández de "La casa inundada". Percibo también algunas cosas de Paul Auster. No solo por los temas, sino por el manejo del lenguaje: entre la ostranenie y la poesía. De todas formas me parece que las historias no terminan de cerrar, la profundidad de las reflexiones, tan ligadas a la lógica de las palabras, muchas veces queda en un mero capricho.
Me parece curioso cómo varias autoras contemporáneas como Carolina Sanín, Valeria Luiselli y Guadalupe Nettel, crean personajes femeninos fuertes, extranjeros, que se indagan constantemente por el lenguaje. El lenguaje es un tema esencial en sus literaturas, así como el desplazamiento de sentido que implica la extranjería. Es el disparador o el elemento que marca el avance de las historias. No hay grandes o memorables historias. Pero sí hay muchísimas impresiones profundas desprendidas de nada, o casi nada (el origen etimológico de una palabra, la frase suelta de un interlocutor, episodios menores de sus biografías y las de sus familias). Tal vez todas secretamente se postulen a Clarice Lispector. Pero Clarice solo hay una.
Sanín emplea una prosa con la que traza imágenes a voluntad. Propone situaciones interesantes que parecen tener sombras autobiográficas y tintes oníricos. Los personajes son peculiares, ya sea por lo que hacen, dicen o piensan. Todo esto sirve para explorar temas como la identidad, el humor, las obsesiones, la muerte y la forma percibir el mundo.
Los cuentos son, en cierta medida, experimentales, en especial por la forma en que son narrados. Es por esto mismo que a veces parecen no tener una dirección clara o finales satisfactorios, aún así, el libro brinda sensaciones y perspectivas únicas con un estilo audaz. Si esto es lo que uno busca, es un libro muy recomendable. Sin embargo, si uno no está muy interesado en este tipo de incursiones, tal vez no lo disfrute tanto.
Tuve dificultades para entender lo que sucedía en ciertos pasajes, pero disfruté del libro una vez entendí, o creí entender, lo que quería lograr la autora.
"Me peiné de prisa, creyendo que oía llover dentro del espejo, pero sabía que un lugar en el espejo no existía. Detrás del espejo estaba la pared, detrás de la pared la chimenea, encima de la chimenea el radio, y fácilmente descubrí que el sonido de lluvia no era de la lluvia sino del aplauso del público a la orquesta de González. Salí a la calle y me perdí el resto del programa. -Hay cosas que yo no quisiera ver -le decía a una vieja a otra mñas vieja en la esquina del Paseo y la Diagonal. Después cambió el semáforo y las tres cruzamos."
Me encantó. Había leído otros libros de Sanín, más complejos, con un estilo más rebuscado o abstracto, y me gustó encontrar acá la semilla de ese estilo. El lenguaje está en primerísimo plano.
No es malo, pero no es ni de cerca el nivel que he leído de ella. Los cuentos son bastante experimentales pero dejan el sin sabor de no cerrarse claramente.
Un ponqué es una torta. En el último cuento, “Ponqué”, hay un escultor que trabaja como repartidor en una casa de tortas decoradas con formas de cosas. Estos cuentos son ponqués con formas de cualquier otra cosa, que se entregan diciendo “felicidades”. La imagen está en el propio cuento pero es esclarecedora. No me gustaron otros libros de Sanín, este me sorprendió. Un libro feliz.
"Ponqué y otros cuentos" (2016) de Carolina Sanín publicado por @lagunalibros. El libro tiene como objetivo principal alejarse lo más posible de la estructura tradicional del cuento que casi todos conocemos : inicio, nudo y desenlace. En su lugar, le interesa construir una estructura circular y fragmentaria debido a que varios cuentos están construidos a partir de la memoria y flujo de conciencia, y el actuar absurdo de sus personajes. También, se podría conjeturar que Sanín se esconde tras sus personajes para indagar y repasar varios episodios de su vida pero sin ningún compromiso alguno por cambiar los hechos, pues revisar algo no implica que se hará mejor. Más bien, es un ejercicio para demostrar que tan absurdos y ridículos podemos ser en algunas situaciones los seres humanos, por ejemplo: una mujer colombiana que finge ser judía, una mujer que obsesiona por saber qué hizo reír a una presentadora en una emisora de radio, las paradojas y cuestiones mentales que alguien hace mientras escribe, una mujer que ve con mucha paciencia como su pareja se enamora de otra persona, un hombre que es pisado por su pareja en un dedo del pie con zapatos de madera en signo de venganza, etc...
Mi primer libro de Carolina Sanín. Mientras lo leía recordaba una reflexión que la autora realizaba en su nuevo programa en Canal Capital sobre las travesuras. Me gusta su estilo al escribir porque sin melosería alguna juega con las palabras, con los sentidos, con las líneas argumentativas y en general con los relatos.
Cada cuento es una especie de travesura, que sin tener fin último, o el tal desenlace, encuentra su sentido en la naracción misma, en el devenir de lo que se cuenta. Las descripciones en sus cuentos son fotografías de la psicología de los personajes, no un burdo recuento de los objetos, los movimientos o los distintos ambientes que rodean a estos.
Ponqué y otros cuentos es un libro que no se conforma con convencionalismos narrativos y que por el contrario se renueva en cada cuento. De ahí el interés de Laguna Libros en reeditar este libro que fue publicado por Norma en el 2010. Así, queda a disposición del público el primer libro de cuentos de una de las escritoras más reconocidas de la literatura colombiana contemporánea.
Ponqué y otros cuentos es un libro que no se conforma con convencionalismos narrativos y que por el contrario se renueva en cada cuento. De ahí el interés de Laguna Libros en reeditar este libro que fue publicado por Norma en el 2010. Así, queda a disposición del público el primer libro de cuentos de una de las escritoras más reconocidas de la literatura colombiana contemporánea.