De pronto el mundo se empieza a volver sintético: los besos se plastifican, el café pierde sabor y aparecen cabezas gigantes de perro chihuahueño en todas las ciudades. Hasta Lisboa pierde carácter y sus habitantes olvidan su personalidad. ¿Quién evitara la catástrofe? Sara, una niña que dibuja ciudades que le cuentan, y Juan Pablo, un cantautor de fados, descubren que la magia de las palabras hacen posible recuperar la realidad.
Nació en la Ciudad de México, en 1970. Es egresado de la Escuela de Escritores de la Sogem. Trabajó como guionista de televisión en Televisa y TV Azteca. Fue colaborador de El Universal, Etcétera, Gaceta Convite, y Unomásuno. Primer lugar en el Concurso de Cuento Pluma de Ganso 2002 y en el Concurso de Ficción Súbita Sofía Platín. Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2005 por Fotografía de la página 14. Premio El Barco de Vapor 2008 por Biografía de un par de espectros. Una novela fantasma. Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2009, actualmente Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada, por Ciudad equis 1985. Premio Bellas Artes de Obra de Teatro para Niños 2013 por su obra Los osos hibernan soñando que son lagartijas.
El personaje principal de esta novela es Alfama, es Lisboa, es Portugal. La saudade y los fados inundan las palabras de Quezadas y se mezclan con narrador graciosísimo que involucra al lector y lo hace cómplice de las aventuras y desventuras de los personajes pintorescos de Alfama. La vida es más que un café invisible y una sonrisa plástica :)
Es un libro que te deja un gran sabor de boca. Cada uno de los personajes son entrañables, y las situaciones en las que estos se ven envueltos logran hacer que te encariñes con ellos sin problemas. La forma en la que el autor narra cada una de las historias que se entrelazan te hace sentirte parte de estas, y además, su facilidad de palabra y encanto logra atraparte no parar de leer hasta que termines la historia. Considero que esta es una historia muy memorable y que es muy fácil encariñarse con ella a pesar de ser un tanto corta, amé cada página e incluso me reí a carcajadas en muchas de ellas, por lo que yo recomendaría este libro a todo el mundo.
Un tejido de varias historias que se conjuntan para hablarnos sobre la batalla de la saudade contra los besitos de plástico. Un grito literario contra el consumismo desbordado y las ideas iguales, que no deja de lado la melancolía, los sueños, los fantasmas. Hasta se me antojó ir a Lisboa.
Estuvo linda la historia, un final esperado, un problema bastante sencillo de entender (y que siento a veces de verdad pasa), personajes malos malos y buenos buenos, lo que uno esperaría en libros infantiles. Nos cuenta la historia de Lisboa antes y después de una invasión de los Smileys, un corporativo que quiere dominar al mundo haciendo que todo sea de ellos y todo sea igual en todos lados. Ya desde aquí se ve cómo va a acabar la historia y un poco de la enseñanza que dejará, pero eso no le quitó el encanto. La forma de escribir de Quezadas es lo que más magia le da a sus historias. Tiene una forma de narrar tan peculiar que, pase lo que pase, te atrapa y te lleva de la mano por su historia, contándote siempre algún detalle más para que casi puedas oler lo que está pasando, y siempre rompiendo la cuarta barrera en algún momento. Además, me gustó que el libro se sintiera como cinco historias en una, porque aunque todas las micro historias que ocurrían eran distintas, todas se unían al ser pesado ajes que compartían la misma ciudad, y conforme avanzaba el libro, los mismos problemas. Me gustó mucho.
Tómese como un 2.5 redondeado un poco a la fuerza. Desde los ojos de un fantasma de Juan Carlos Quezadas se hizo del premio El barco de vapor 2012. Las primeras 54 páginas son gloriosas, con una ciudad como protagonista en donde confluyen las voces y las historias de personajes realmente memorables. Cuando uno piensa en literatura infantil no suele venir a la mente el concepto de polifonía o de metaficción. Todo eso está en este libro, que desde el punto de vista formal es una joya. Los preadolescentes no son idiotas ni los escritores tienen por qué rebajarse e insultar la inteligencia de los lectores jóvenes. A partir de la página 55 todo se vuelve un camino lleno de baches, con más terracería que buen pavimento.
En alguna entrevista Quezadas dijo que al primer mensaje aleccionador habría que expulsar de la cancha a los malos escritores de literatura infantil. Los libros, todos, aunque queramos ignorarlo, parten de una base moral. Desde los ojos de un fantasma no es diferente. De hecho tiene un tono político muy marcado. El autor no se molesta en negarlo, y hace bien. En otra entrevista dice que su novela habla también de la globalización. Por eso es que la novela es muy agradable al bienintencionado establishment cultural, siempre ávido de promover los valores progresistas. A través de una deliberada caricatura del mundo empresarial Quezadas busca transmitir un mensaje muy sencillo: qué malas son las empresas grandes, despiden a sus empleados porque es divertido hacerlo, envenenan el agua, privatizan el oxígeno y compran niños que después comerán en estofado. Exagero, claro, pero me lo permito porque el autor también deja que la parodia se parodie a sí misma y se vuelva ridícula. Tampoco sé hasta qué punto sea buena idea seguir inoculando en los jóvenes los mismos lugares comunes de siempre. No es que este que escribe la reseña sea un globalifílico. En realidad hacen bien los escritores en hacer alarde del desencanto propio y ajeno; para eso están. Más bien me parece que, incluso desde la novela infantil y juvenil, se puede criticar la modernidad y la espantosa homogeneización de la cultura de mejor manera.
Así que, con la pena, tarjeta amarilla para Quezadas. Me reservo la segunda porque la escena de Fernando Pessoa haciendo los peores versos del mundo es genial y porque de vez en cuando, en medio de un conflicto mal planteado, aparecen capítulos entrañables, como aquellos que hablan en tono fantástico, casi mítico, del lenguaje.
"Los buenos libros son esos que emiten palpitaciones de vida mientras están en el librero. Pasas por ahí distraído y una fuerza extraña, que proviene del libro, te hace voltear hacia él".
Me parece una buena lectura, devuelve el sentimiento del porqué disfrutamos de leer, el qué tan importante son las palabras y nos recuerda lo aburrida que sería la vida si todos fuésemos iguales. En algunas partes la narrativa es un poco lenta o tediosa ya que se repiten cosas que se han dicho anteriormente, pero, al ser un libro para niños, puede que esto les sirva más a ellos o a personas que recién comienzan con la lectura. Las intervenciones del autor como una presencia que no siempre está omnipresente me parecen divertidas y acertadas, así como las descripciones que les da a los personajes.
En este libro se nos cuenta una historia actual desde un punto de vista infantil. Las modas que cambian y las personas que las siguen sin pensar.
Nos muestran una ciudad que empieza a caer en el consumismo y paga por cosas como un café transparente (Agua caliente) y donde se da la compra de comercios por grandes compañías que lo único que quieren es adueñarse de todo y de todos.
Todo esto se cuenta desde los ojos de un fantasma y con toques cómicos que lo hacen divertido a los niños.
Esta historia es una forma fresca de mostrar a los más pequeños el riesgo del consumismo y las modas, y lo importante de mantener los ojos y la mente abierta ante las ideas que nos muestras.
El autor juega muy bien con la palabras para que lo irreal sea tan real. Nos narra una historia donde diversos personajes con vidas cotidianas se mezclan con la fantasía y que a su vez te lleva por pequeños momentos a otros lugares del mundo. Me encanto también la forma narrativa y como te hace tan real la ciudad de Lisboa que sientes que eres parte de ella, que conoces sus calles y sus fantasmas.
Bonita la ciudad construida por trazos, los fantasmas, ciertas referencias a libros maravillosos y las botellas de Saudade. Bonitas las calles y las gentes que hacen única a una ciudad.
Bonito que sea escrito por un mexicano.
Y bonito que, hasta en cierta medida, me recuerda un poco a Momo.