Con el peso de la edad, Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) reclama el cese y la indiferencia, acaso, como una última pasión ante la certeza de “Haber / vivido sin / saber para qué y / morir sin / saber para qué”. La existencia como un accidente, un “sueño vacío”, un “error” que nos hace “ir / de la inexistencia / a la inexistencia”. Y así, “sin miedo ni esperanza” —pues ambos son inconstantes, brotan de algo futuro o pretérito de dudosa efectividad, imposibles el uno sin la otra— acaban los deseos y alcanzan su fin los temores: “Definitivamente, me he sentado / a esperar la muerte / como quien espera noticias ya sabidas”. No hay ya servidumbres, solo la libertad serena de saber que “Han desparecido los significados y nada estorba ya a la indiferencia”. No hay necesidad de esperar, la nada del presente nos basta: “Al parecer, / es imposible existir y también / no existir”. Aquí está su escritura entera, el inventario de sus “palabras inmóviles”, reiteradas y obsesivas, hiladas como cuentas, vertebrando el desorden sucesivo de la vida. Poemas como láminas, lascas que se amalgaman y amontonan. En este estremecedor, magistral y poderoso libro no hay literatura, solo ese consuelo poético que intensifica nuestra conciencia, la claridad de saber que vamos “a despertar / en el olvido”. (Antonio Ortega)
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Eight years after the publication of Cecilia, Antonio Gamoneda delivers his highly anticipated new book, a remarkable synthesis of his poetic world finally a realization of the fullness of his work, from the consciousness of doom is also home to the echoes of the internalized intensity of life.
Cada vez me gusta más este poeta. Sutil, sugerente, lleno de imágenes que te transportan a infinidad de sensaciones. Sus poemas tienen un elegante toque filosófico que invita a reflexionar e incluso a releerlos varias veces para descubrir los múltiples matices que esconden, como un caleidoscopio de emociones.
Resulta muy interesante la combinación de poemas breves y con clara influencia de la poesía oriental, con poemas más largos y reflexivos, casi como pensamientos automáticos que recoge en un papel. He vuelto a descubrir en sus poemas la presencia de los colores azul y amarillo, lo que invita a indagar en el contexto del autor y profundizar en su imaginario.
Sin duda lo recomiendo, sobre todo a quienes adoran a J.A. Valente, pues se percibe bastante su influencia.
Un libro que duele bonito. Gamoneda habla del tiempo que se escapa, de lo que se pierde y de lo que queda en la memoria. Todo es un “error precioso y triste”, ya sea vivir, amar, recordar… todo imperfecto y todo con belleza. Melancólico, íntimo y honesto, te hace sentir la vida en cada verso y, aun así, deja un sabor dulce en el pecho.
« cuando enciendes mis ojos, el pájaro que habita en mí enloquece. Advierto la división y que un río de llamas recorre mi sendero arterial.
En torno a mí, se extiende un temblor, y tú mueves la luz en superficies blancas; las pacificas, quizá [para que yo descanse en la equidad de la división, sí, pero [tú también eres el precursor de las últimas brasas que, ya [frías, se anuncian. Bien. Condúceme. Yo avanzaré con mi pájaro tratando de olvidar mi exceso de presagios y la fermentación de mis dudas. [Diré quizá algunas palabras; las mismas que, sin pronunciarlas, dices tú cuando tus manos dividen la luz » (121-122).