Agustin's first novel, La Tumba (The Tomb) was the brief but provocative story of a Mexican upperclass teen, deemed indecent by the public but gathering praise from older writers. This and his most famous work, De Perfil (Profile view), a fast and detailed view of three days in the main character's life, show stylistic similarities to James Joyce's work, especially A Portrait of the Artist as a Young Man.
He was considered a member of the so-called Onda literature, onda (wave) being slang for current and fashionable views in the eyes of young people.
A common technique in his work is mixing character's speech with narrative, without making any kind of distinction,(free indirect discourse). Thus the reader finds a long dialogue written in a single sentence,and is expected to realize which character is speaking as he reads the words. He also makes use of the stream of consciousness technique.
José Agustín es uno de esos autores que se aman o se odian: difícilmente puede uno permanecer impasible ante su estilo, el cual es una mezcla (a veces caótica, pero siempre exuberante) de humor ácido y albur chocarrero, súbitas referencias roqueras, un vocabulario que puede ir de lo vulgar a lo refinado en la misma frase, irreverencia consabida y técnicas narrativas que coquetean con las formas clásicas y el guión cinematográfico. Mucho de esto fue lo que caracterizó al movimiento literario mexicano de los 60 y los 70 que se conoció como la literatura "de la Onda".
Como suele ocurrir con las etiquetas literarias, muchas veces estas no hacen justicia a la búsqueda misma que emprenden los autores a lo largo de su carrera y, como es el caso en el autor que nos ocupa, quien cuenta con una trayectoria de 54 años creando novela, cuento, ensayos sobre rock, notas bibliográficas, guiones de cine, reportajes y (hasta) canciones, las etiquetas corren las más de las veces el riesgo de apretar a lo mismo que engloban porque se quedaron cortas.
"Inventando que sueño" se escribió alrededor de 1967 y se editó en junio de 1968: nos remite a un México pre-Olímpico y en el que buena parte de la tensión generacional que recorría el mundo puede palparse en estos relatos: En este libro asistimos a la experimentación técnica en aras de una mayor fidelidad en la expresión literaria ("Amor del bueno" y "Cuál es la onda"), pero también al thriller psicológico de hechura impecable ("Lluvia" no pide nada a un cuento de Cortázar o de Borges), a los ejercicios (anti-)poéticos dignos de Efraín Huerta u Oliverio Girondo ("Cómo te quedó el ojo (querido Gervasio)"), así como al retrato costumbrista que puede ser de filiación cinematográfica ("Es que vivió en Francia"), o bien sociocultural ("Cerrado" o "Luto") que bien puede terminar en sainete ("Amor del bueno").
El libro lleva un subtítulo, "Drama en cuatro actos", que nos habla de cierta unidad orgánica que redondea el volumen a partir del papel preponderante de la mujer en los relatos. Como afirma la contraportada, aquélla "equilibra el flujo vital de agresividad, humor e irreverencia, pero también de amor, mucha ternura y alegría de vivir." El papel del hombre en los relatos oscila igualmente entre el macho provocador y violento que se apega a su clan y que ve a la mujer como objeto de uso o de cambio; al chavo de onda que está dispuesto a que su vida cambie en una noche, o bien al sujeto cuya identidad se desvanece deslavada por la lluvia. Al parecer, el "drama" que prometía el subtítulo es el de la vida entre hombres y mujeres en espacios y situaciones cotidianas: en este sentido, Agustín no solo le rinde homenaje a los clásicos del género, sino que retoma el espíritu de Balzac y su Comedia Humana.
En suma, este me parece uno de los libros más arriesgados escritos en México, por un escritor de veras inclasificable: es en verdad una de esas joyas literarias que pueden maravillarnos a 40 años de su publicación y cuya lectura es una experiencia viva y sin igual.
Evalué mi opinión frente a esta novela. Mi primera impresión fue la de un académico: intenté ver solamente los rasgos estructurales de la obra y sus innovaciones en cuanto a la forma. Después, al hablar con mi novia del asunto, me di cuenta de que ignoré completamente el contenido, las ideas.
Mi opinión cambió en ese sentido. En Letras nos enseñan a ignorar ciertos aspectos morales en pro de la técnica. Pero el hecho es que muchos textos de "Inventando que sueño" comparten una visión del mundo bastante homofóbica y sexista.
Muchos de estos textos utilizan el ingenio y el humor de Agustín para poner en entredicho ideas bastante nauseabundas: la visión de uno de los narradores de "Amor del bueno" con respecto a un personaje homosexual y la abierta violencia de otro hacia las mujeres, la mención del nombre de una escritora contemporánea de Agustín para designar a una prostituta en "Posdata", entre muchas otras cosas cuestionables que suceden a lo largo del libro, me hacen pensar que la "contracultura" y la innovación llevada a cabo por José Agustín en los sesentas se quedó en la forma, y su pensamiento siguió siendo igual de retrógrado que los de la sociedad tradicionalista que él buscaba escandalizar.
En cuánto a la técnica, sí, hay una mejoría considerable desde "La tumba" para acá, pero no me queda duda de que el libro externa muchas ideas que, definitivamente, ya no son para nada aceptables.
O-ra-le! Considérenme una degenerada lingüísticamente a partir de hoy; esta lectura me volvió una anarquista de la escritura antes de saber yo que era una conservadora de ultraderecha. Qué manera de hacer de tu obra un papalote, leí artimañas gramaticales de las que no me enteraría nunca fuera de estas páginas.
Igual es que soy una amateur en el oficio de leer a José Agustin pero me encuentro fascinada y bien apantallada por su libertad, una de a deveras y bien aprovechada. Qué disfrutable de principio a fin, qué manera de jugar conmigo, qué personajes, y qué palabrotas!! qué spanglish tan sabroso y qué maravilla de cuento que es “Lluvia” nunca había leído algo de tal magnitud misteriosa, sin duda muchos a penas sueñan con tener un pedacito de esa macabro talento.
[Yo difiero, no creo que estemos ante una obra experimental. Más bien creo que es pura alquimia antipoética, irreverente e inclasificable en cualquier etiqueta en que se le quiera aprisionar…
Tenía rato de no leer a José Agustín y con esto recordé el porque me gusta tanto. Inventando que sueño es de sus primeros cuentos y se nota ese estilo que después lo caracterizaria. El lenguaje, el ritmo, la forma de narrar; todo se junta para contar la historia de una manera llena de humor o de intensidad. Amé especialmente "Luto" pero "La casa sin fronteras" es un cuento genial.