Es una obra monumental, por algo dicen los que saben que es la obra más ambiciosa del autor, y donde alcanza su mayor madurez como narrador. Lo cierto es que es extraordinaria, repleta de referencias culturales muy mexicanas, literarias, cinéfilas, musicales y hasta deportivas. Un buen retrato de la vida en la ciudad de México y en el país, que, pese a tener más de cuarenta años de haber sido escrita, sigue tan vigente como nunca. Además de todo es una novela muy divertida. Aquí les dejo un pedacito:
“El camión había llegado repleto, pero aun así nos metimos más de quince. Subí en él, más bien: me empujaron. Me deslicé al interior, fui uno con la señora que decía ¡ay Dios, si esto parece el metro!, y recordé que antes los autobuses repletos me causaban nauseas, deseos frenéticos de vomitar, uta pinche vieja, si quiere ir cómoda por qué no toma taxi. Cómo taxi joven, si no soy millonaria. Ora todos somos millonarios, rio alguien. Ay qué vida más amarga, dijo (sonriente) un estudiante de medicina que se parecía a Paul McCartney. Yo miraba con avidez, entregado al placer calientito de sentir tantos cuerpos, tantas respiraciones, tantas voces tan próximas que parecían salir de mi propia cabeza. La vida es dulce para todos, recordé, pero para quien vive muchas vidas en una es aún más dulce.”