Nora se muda. Se muda a un piso con cuatro desconocidas y, encima, es la más joven y tímida. ¿Qué pasará cuando llegue a una casa donde cada una va a su rollo y apenas tienen relación? Y, sobre todo, ¿cómo será compartir habitación con la mayor y más serias de todas?Lis trabaja demasiado y apenas tiene tiempo para vivir. Lo único que tiene es un crush enorme con su compañera de trabajo.Yun odia a los hombres, pero sigue saliendo con ellos... por su dinero.Lola es un torbellino con patas y no consigue lo que más desea en esta acostarse con alguien.Mimi está súper enamorada de su novio, pero ¿es el bueno para toda la vida?En un piso donde cuatro chicas son tremendamente diferentes, ¿qué roces o amores surgirán?
Que puedo decir, es mucho más que una novela sobre jóvenes compartiendo techo: es una celebración de la amistad, la resiliencia y el crecimiento personal. La autora logra construir un universo íntimo y vibrante donde cada personaje brilla con luz propia, pero es la llegada de Nora la que actúa como catalizador emocional, uniendo al grupo y dándole sentido a su convivencia.
La dinámica entre las compañeras de cuarto es uno de los grandes aciertos del libro. Nora, Lis, Mimi, Yun y Lola no solo comparten espacio, sino también heridas, sueños y desafíos que las transforman. Cada una tiene su arco narrativo perfectamente delineado, y juntos forman un mosaico de experiencias que reflejan lo complejo y hermoso de convertirse en adultas.
La autora no esquiva los temas difíciles: la pérdida auditiva de Lis, la bipolaridad de la madre de Nora, la depresión de Mimi, y las luchas económicas que enfrentan todas mientras persiguen sus estudios y carreras, con especial énfasis en Yun. Estos elementos no se sienten como añadidos dramáticos, sino como partes esenciales de sus vidas, tratados con sensibilidad y autenticidad.
Y cómo olvidar a Lola, con su energía desbordante y su forma única de ver el mundo. Su decisión de guardar su virginidad, lejos de ser una nota cómica, se convierte en un acto de autonomía que merece más reconocimiento del que suele recibir. Lola es el caos necesario, el corazón rebelde que equilibra al grupo.
En definitiva, esta historia es una lectura que deja huella. Nos recuerda que crecer no es solo cumplir años, sino aprender a sostenerse unas a otras, a pesar de las tormentas. La autora nos regala una historia entrañable, honesta y profundamente humana.