Cada viaje es una porción de vida, y cada relato de viaje, la ilusión de captar el movimiento y detenerlo en palabras. ¿Cómo contar, en esa pérdida de una misma y de todo lo conocido, un lugar extranjero o extraño? ¿Cómo explicar la paradoja de vivir una experiencia, de adquirir cierto conocimiento del lugar y, al mismo tiempo, sentirse como perdida en este mundo?
Las nueve crónicas que componen este libro fueron escritas en distintos viajes y mudanzas, momentos a lo largo de más de veinte años, a través de una escritura inmediata o a la distancia. Irán, Armenia, Varsovia o Venecia, viajes en barco o a través de montañas en una república en guerra, una inmensa cabeza de Lenin olvidada en el patio de un museo, caminatas por jardines chinos o el recuerdo que genera una taza rota comprada en un pueblito del sur de Alemania son los lugares y temas que intentan reflejar ese intrincado naufragio que es la vida humana, para la que no existen guías ni instrucciones de viaje.
Liliana Villanueva, arquitecta y periodista, empezó a ir al taller de escritura de Hebe Uhart en febrero de 2003, y desde entonces hasta ahora se ha convertido en una de sus más fervientes discípulas.
Este libro lo sintetizaría como la magia en lo cotidiano, en no olvidar que en cualquier rincón del mundo podemos encontrar un hogar y a las personas que harán de él algo inolvidable.
Intenté leerlo despacio para saborearlo pero es imposible. Liliana te hace viajar por lugares recónditos y situaciones cotidianas de una manera exquisita. Cada libro es adictivo y El mar nunca se acaba no es la excepción. Su relato de Irán es mi favorito
"Para soportar tanta belleza busco un banco, saco mi cuaderno de la cartera, me aferro a algo concreto como los renglones"
Aguante leer a argentinas viajeras. Hay una magia en leer crónicas de viaje que siento que condensa la esencia misma de la lectura: el ser transportada desde la silla en que estoy sentada a los rincones, ciudades y países que recorre y narra la autora. El hecho de que esta sea una antología de crónicas por distintos lugares le dio mucho dinamismo porque al terminar la lectura quedé con la sensación de mil vidas.
La magia de Liliana te hace viajar con sus palabras, imaginarte en cada rincón que tuvo la posibilidad de ver con sus propios ojos. Una quiere disfrutarlo pero lo lei en una sentada casi (igual lo RE disfrute)