Libro clave para inventar una "literatura del cruising". Historias de locas travestis que buscan hombres de verdad, melancólicas profesionales y amantes hambrientas que, sin embargo, ven como la nueva cultura gay -del gimnasio, del igual, de la tolerancia- las ha desplazado al espacio de la vejez y la nostalgia. Me gusta pensar en el libro como una obra post-baño público y pre-sauna.
Creo que es inevitable hacer una comparación de este libro con las crónicas de Lemebel, pero la diferencia radica en que la prosa "modarelliana" por momentos peca de rebuscada, incluso anodina al punto de distraernos del relato que se está narrando. Además pareciera apelar un poco más al morbo (también por momentos, no quiero que se malentienda, dado que es sólo en algunos relatos) que a los sentimientos y vicisitudes del/los protagonistas. El epílogo ayuda mucho a dar un cierre a lo que el autor quiso transmitir con esta serie de crónicas viajeras.
El libro es presentado como una crónica de viajes, que lo es, pero eso solo habla de su estructura. De lo que realmente se trata es de una crónica del devenir gay en mundo actual, a partir de la mirada de un viajero de cierta edad, que ve su mundo cambiar y no encuentra lugar en él, al tiempo que añora un pasado tal vez idealizado.