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A blistering collection of stories from an exhilarating new voice
One man kills another after neither will move his pickup truck from the road. A female sheriff in a flooded town attempts to cover up a murder. When a farmer harvesting a field accidentally runs over his son, his grief sets him off walking, mile after mile. A band of teens bent on destruction runs amok in a deserted town at night. As these men and women lash out at the inscrutable churn of the world around them, they find a grim measure of peace in their solitude.
Throughout Volt, Alan Heathcock’s stark realism is leavened by a lyric energy that matches the brutality of the surface. And as you move through the wind-lashed landscape of these stories, faint signs of hope appear underfoot. In Volt, the work of a writer who’s hell-bent on wrenching out whatever beauty this savage world has to offer, Heathcock’s tales of lives set afire light up the sky like signal flares touched off in a moment of desperation.
Unknown Binding
First published March 1, 2011
come to my blog!“Lo mismo la gente ya no cree en las cosas buenas. Lo mismo las cosas horribles son lo único que le queda a Dios para recordarnos que sigue vivo.”Volt entra en la categoría de estos últimos, lo que es un absoluto misterio para mí. El libro lo forman nueve cuentos muy en la línea de autores que admiro como Donald Ray Pollock o Harry Crews (el protagonista del primero de los cuentos, «El mercancías detenido», mi preferido, bien podría haber salido de la pluma de Crews). Todos los relatos transcurren en un condado ficticio del medio oeste americano, un contenedor de eso que se ha dado en llamar basura blanca, hombres y mujeres sin futuro ni escapatoria, para los que la violencia y el dolor son su día a día, duros a base de los muchos golpes recibidos, pero de esa dureza capaz de fracturarse en cualquier momento.
“Quedarse o marcharse es lo mismo… quema todo el punto mundo si quieres, pero nada va a cambiar.”Como puede ver todo aquel que me haya leído en otras ocasiones, lo tenía todo para gustarme, empezando por su publicación en esa infalible (o casi) editorial que es Dirty Works. Me saben mal las tres estrellitas, y ni siquiera puedo decir aquello que escupe uno de los personajes más aborrecibles de estos relatos: “Soy cristiano… estoy perdonado”.