El de caminar es uno de los pocos asuntos humanos que ha generado una literatura original y específica. Son innumerables los escritores caminantes y los libros que tratan del arte de caminar, porque de un arte se trata cuando la razón de tantos pasos carece de otro sentido que no sea la propia actividad ensimismada. El caminante lo es por una necesidad imperiosa que nada tiene que ver con el mero desplazamiento o el viaje ni con el ocio ni el negocio ni mucho menos con la salud o el ejercicio físico, sino más bien con experiencias sensitivas e intelectuales cercanas a la contemplación y la meditación; el paradigma, uno de muchos, es Thoureau.
· Como caminante contumaz he leído infinidad de libros acerca de estas prácticas, y aún leo cada nuevo que sale o viejo descubro. La cifra es alta, ya digo, el catálogo es largo, pero no todos aciertan con la complejidad de una predisposición vital de apariencia intrascendente, sencilla e, incluso, ociosa.
· Este Elogio del Caminar de Le Breton es uno de los que mejor ha entendido y expone en qué consiste el íntimo impulso a caminar y sus circunstancias. Estructura su libro en base a los distintos aspectos, personales, sociales y ambientales, que lo pudieran motivar e ilustrando sus textos con atinadas referencias y recopilaciones de otros escritores que han tratado previamente el tema. También hay que destacar el excelente estilo y la carga emotiva de unos escritos sugerentes y valiosos.