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154 pages, Paperback
First published January 1, 1926

ahora señalaré que la rima, por lo descarado de su ofício, puede infundir un aire de embuste a la composiciones más verídicas y que su actuación es contrapoética, en general: Toda poesía es una confidencia, y las premisas de cualquier confidencia son la confianza del que escucha y la veracidad del que habla. La rima tiene un pecado original: su ambiente de engaño.
Arturo Costa Álvarez {Nuestra lengua, página 293) narra el procedimiento simplista usado (o abusado) por el conde de Casa Valencia para cotejar el francés con el castellano. Acudió a las matemáticas el tal señor, y averiguó que las palabras registradas por el diccionario de la Academia Española eran casi sesenta mil y que las del correspondiente diccionario francés eran treinta y un mil solamente. ¿Quiere decir acaso este censo que un hablista hispánico tiene 29.000 representaciones más que un francés? Esa inducción nos queda grande. Sin embargo, si la superioridad numérica de un idioma no es canjeable en superioridad mental, representativa, ¿a qué
envalentonarnos con ella? En cambio, si el criterio numérico es valedero, todo pensamiento es pobrísimo si no lo piensan en alemán o en inglés, cuyos diccionarios acaudalan cien mil y pico de palabras cada uno.
Los españoles creen en la ajena malquerencia y en la propia gramática, pero no en que hay otros países. También en Francia son desentendedores plenarios y toda geografía (física o política entiéndase, que de la espiritual ni hablemos) es un error ante su orgullo. En cambio los ingleses -algunos-, los trashumantes y andariegos, ejercen una facultá de empaparse en forasteras variaciones del ser: un desinglesamiento despacito, instintivo, que los americaniza, los asiatiza, los
africaniza y los salva. Goethe y Hegel y Spengler han empinado el mundo en símbolos, pero mejor hazaña es la de Browning que se puso docenas de almas (algunas viles como la de Calibán y otras
absurdas) y les versificó una serie de apasionadas alegaciones, justificándolas ante Dios