No es una obra brillantísima Los empeños de una casa, ni desde el punto de vista dramatúrgico ni desde el lírico. Lo mejor de su texto es que crea una fiesta barroca, en que a la obra propiamente dicha en tres jornadas, suma un prólogo y epílogo musical con figuras alegóricas en honor de los virreyes de México, asistentes a la función. Y que entres los actos encontramos en ambos casos una letrilla elogiosa, dedicada a los virreyes, y un pequeño sainete, el con la particularidad de que en el de segundo a tercera jornada dse expone una situación metateatral en que se hace chufla del presunto autor de la pieza. Tenemos así el juego de que la obra es realmente un a propósito de la comedia española y una imitación de sus tópicos. Los amores cruzados, el enredo y el malentendido la llenan, con el equívoco aumentado por la oscuridad y la confusión de personalidades por el vestuario, llegando incluso al travestismo y añadiendo, en el caso de los criados, una actitud que roza la rebeldía contra sus inconscientes e infantiles amos.
La casa (quitando una escena en el primer acto fuera de contexto y alguna incongruencia) es el gran eje de esta obra, y se muestra polimórfica, se metamorfosea y al final impone, tras los cambios producidos por el equívoco, su lógica inflexible como constructo legal cuyas reglas se deben cumplir.
Una obra de Sor Juana que por su valor revulsivo y si metateatralidad sigue muy viva.