Por regla general una gran lucidez desemboca en un gran desencanto. Para el lúcido la realidad no es solo insuficiente, sino inadecuada y dolorosa. Para esta clase de espíritu, cerrar los ojos no es opción: es necesario encarar, desvelar y dirigir las miradas de otros hacia el mundo, para revalorarlo en su justa dimensión y revalorarnos de ese modo a nosotros mismos. En Perdedores, Hugo Servando Sánchez, uno de los poetas más admirables de Chihuahua, explora grandes y pequeñas derrotas de vidas periféricas, exiliadas, sacadas a fuerza de indiferencia y a fuerza de fuerza, de las fronteras de la civilización, el progreso y el derecho a la felicidad. Si uno de los deberes más altos de la poesía es abrirnos los ojos, este volumen lo cumple de sobra y con crecidos méritos. Un libro espléndido.
Doloroso, sí, pero necesario para el alma, creo. La obsesión de Hugo por evidenciar la desposesión, la miseria, la injusticia, la marginación, lo lleva a crear poemas importantes que no van a cambiar nada, y no obstante, son ya indispensables para quien no quiera caminar su vida con los ojos cerrados.
Hugo Servando Sánchez escribe una poesía hecha de lo cotidiano pero con una mirada que hace que esas escenas cotidianas adquieran un sentido que las trascienda, una mirada de poeta y de los perdedores del título, la mirada de quien ha tenido poco y se hermanas con quienes nada poseen más que a sí mismos, quienes son derrotados en el amor, en una clase de literatura, ante la vida misma. Poesía potente y mesurada —y no por ello carente de pasión—.