El fin del mundo tal como lo conocemos, ese es el tema de esta antología de la editorial Valdemar. La civilización azotada y arrasada por la muerte, el hambre, la guerra y la enfermedad, que dan lugar a la miseria, el sufrimiento y el sálvese quien pueda. Y es que la humanidad se encamina a una perdición inexorable, donde el optimismo brilla por su ausencia. El artífice de esta antología es John Joseph Adams, editor de Lightspeed y Fantasy Magazine, especialista de prestigio en este tipo de recopilaciones.
Estos son los veintiún relatos incluidos en Paisajes del Apocalipsis (mencionar que en la edición original en inglés se incluyen veintidós relatos; el ausente en la edición española es un relato de Stephen King, que por ciertos problemas con los derechos, no ha podido estar presente):
El sonido de las palabras, de Octavia E. Butler (***). En un futuro próximo, los sentidos de la humanidad se han visto afectados, de manera que, por ejemplo, hay personas incapaces de articular palabra. Buen relato, donde se deja sentir esa cierta nostalgia por unos tiempos mejores.
Chatarra, de Orson Scott Card (**). Relato de tintes religiosos ambientado en un futuro afectado por el cambio climático. Cuento regular, perteneciente al ciclo de La gente del margen.
Gente de arena y escoria, de Paolo Bacigalupi (****). En un futuro lejano, regido por el post humanismo y una contaminación extrema, la humanidad es capaz de regenerarse a voluntad. Gran relato, auténtica reflexión del futuro deshumanizador que nos espera como no pongamos remedio.
Pan y bombas, de Mary Rickert (**). Relato sobre la guerra y la xenofobia, donde incluso los niños se ven inmersos. Regular.
De cómo logramos entrar en la ciudad y salir de ella, de Jonathan Lethem (***). En un futuro lejano, en un planeta desértico, la única manera de entrar en ciertos enclaves es participando en unos concursos bastante curiosos. Crítica feroz contra la realidad virtual, se trata de un buen relato, que se queda corto en su extensión.
Oscuros, oscuros eran los túneles, de George R.R. Martin (****). De nuevo nos encontramos en un futuro lejano, en el que por un lado tenemos a un explorador de túneles subterráneos, perteneciente a la parte de la humanidad que se quedó en la tierra, y por otro lado a unos descendientes de aquellos que se fueron en naves. Muy buen relato, triste y emotivo.
Esperando al Zephryr, de Tobias S. Buckell (***). En un futuro en el que los combustibles fósiles están agotados, las esperanzas de una joven están depositadas en la posibilidad de poder embarcarse en el Zephyr, un barco terrestre. Buen relato.
Nunca desfallezcáis, de Jack McDevitt (***). En un futuro hostil, Chaka Milana, la protagonista, anda a la búsqueda del mítico refugio, aunque está a punto de abandonar. Pero un insólito encuentro, le hará cambiar de parecer. Buen relato.
Cuando los Admindesis gobernador la Tierra, de Cory Doctorow (**). Cuando el mundo se está desmoronando, los administradores de sistemas son la última esperanza de mantener Internet. Relato bastante hard, con mucha tecnojerga informática. Interesante sin más.
Las últimas formas-o, de James Van Pelt (***). En un mundo donde las formas originales están desapareciendo, para dar paso a mutaciones e híbridos, los protagonistas hacen negocio con su feria de extraños animales. Buen relato, amargo y nostálgico, donde queda patente la crítica a lo que los juegos con la genética pueden ocasionar.
Naturaleza muerta con Apocalipsis, de Richard Kadrey (**). Pequeño relato que deja patente la desesperanza de una civilización en sus horas más bajas. Regular.
Los Ángeles de Artie, de Catherine Wells (***). Historia sobre el sueño de un muchacho y sus amigos por cambiar sus circunstancias. Buen relato, aunque emotivo y amargo.
El juicio pasó, de Jerry Oltion (*). Historia en clave humorística que trata de una nave que regresa a la tierra y se encuentra con que el Juicio Final ha tenido lugar. Muy flojo.
Modo silencio, de Gene Wolfe (**). Dos jóvenes viajan hacia la casa de su padre, y al llegar no encuentran a nadie, salvo un televisor en modo silencio. Relato muy Gene Wolfe, donde quedan más preguntas que respuestas. Interesante.
Inercia, de Nancy Kress (****). Una enfermedad incurable, que deforma la piel como si de una lepra moderna se tratase, obliga a los infectados a vivir apartados de todo y de todos. Nada entra, nada sale. A pesar de ello, subsisten con la ayuda de donaciones. Gran relato.
Y el profundo mar azul, de Elizabeth Bear (**). En un mundo radiactivo y desértico, la protagonista debe entregar un paquete, y es que el servicio de mensajería sigue siendo importante. Relato irregular, que me recordó a ‘El cartero’, de David Brin.
Asesinos, de Carol Emshwiller (*****). La guerra y el terrorismo han asolado los Estados Unidos, provocando su involución. La gente sobrevive a duras penas, aunque hay algunos combatientes que se empeñan en mantener vivo el conflicto. Quizás el mejor relato de la antología.
El Circo Ambulante de Ginny Caderasdulces, de Neal Barrett, Jr. (**). En un mundo devastado, similar al de Mad Max, la protagonista y sus compinches viven de ofrecer a su público Sexo, Tacos y Drogas Peligrosas. Divertido relato.
El Fin del Mundo tal como lo conocemos, de Dale Bailey (***). Relato autoparódico del subgénero post-apocalíptico, donde el autor trata de plasmar que el fin del mundo no tiene porqué venir dado por grandes cataclismos, sino que una desgracia a nivel personal también puede golpearnos de igual manera.
Una canción antes del Ocaso, de David Grigg (**). El autor abre el debate de si es posible mantener una civilización sin cultura. Interesante.
Episodio Siete: La última defensa contra la Jauría en el Reino de las Flores Púrpura, de John Langan (***). Mientras los dos jóvenes protagonistas están huyendo de la Jauría, una especie de mutantes, sabremos de su pasado a través de sus recuerdos. Buen relato.
En resumen, se trata de una buena colección de relatos, con un buen nivel de calidad, que intenta alejarse de los tópicos de este subgénero.