"Me pusieron esta novela de tarea en el colegio. Debido a mi corta edad, y a mis intereses literarios de aquella época, la historia me gustó mucho. Es una historia de amor, que ocurre en una finca cerca a la ciudad de Cali. La hacienda Cañasgordas es testigo de la casta relación que nace entre don Daniel y doña Ines. Pero en realidad son Cali y la Hacienda los verdaderos protagonistas de la trama. Eustaquio Palacios describe en tono coloquial y nada aburrido, las calles de la Sultana del Valle, los campos de la hacienda, y la vida social del siglo XIX.
Nunca se me olvidará el diálogo entre los enamorados en el momento cumbre de la historia:
Doña Ines de Lara y Portocarrero se dirige altiva a don Daniel, un sirviente de la hacienda Cañasgordas, que acaba de aceptar que está profundamente enamorado de ella.
-Pues bien, ámeme cuanto quiera, pero sea discreto. Mi honor y mi alcurnia no han de sufrir el más leve detrimento por su causa. ¡Nuestro amor es una grán desgracia!
Daniel levanta los ojos que tenía fijos en el suelo, y busca los de Ines
-¿Nuestro amor?, ¿Ha dicho usted ""nuestro amor""?, ¿He oído mal?
La cara de doña Ines se enciende como una rosa y rehuye los ojos de Daniel
-No. ¡Yo no he dicho eso!
-Sí, ha dicho ""nuestro amor"". ¿Por qué habría de jugar tan cruelmente con mi corazón?.
Doña Ines suspira y ahora es ella quien baja la cabeza, vencida.
-Está bien. ¿A qué negarlo ya? ""Nuestro amor"", ¡Eso he dicho!
Bueno, yo no lo escribí tan bien como lo hizo Palacios (y no tengo el libro a la mano), pero nunca se me olvida la escena. ¡Qué bonita! "