Todo amor es la historia de un encuentro, es decir, la historia de un asesinato. Hay quien dice que el amor es una dependencia histérica y quien afirma que mera nostalgia de la inocencia y no falta quien señala que es pulsión incontrolable de la piel, inclinación del tacto hacia el tacto, consuelo de desposeídos, acicate pa ra desclasados, patente de corso para criminales y poetas de la experiencia. Para los ateos más radicales, el amor sería, como el dinero, un aparato ideológico inventado por la burguesía para refrenar y torcer los movimientos de emancipación de los desposeídos. Los historiadores más conspicuos achacan su nacimiento en tierras provenzales, allá por el siglo XII, a una tropa de orfebres y alquimistas de la palabra empeñados en buscar alivios para la ausencia de Dios. El amor como ausencia real, agujero negro, negra sombra que me asombra. Sea lo que sea, desde el punto de vista literario, que es el que aquí nos reúne, el amor es sobre todo un gran campo semántico, un gran espacio narrativo. Pero esta novela trata del desamor, es decir, como cantaba Luis María Brox, el amor que surgió del frío.
Marta Sanz es doctora en Filología. Ha publicado las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos, Animales domésticos, Susana y los viejos y La lección de anatomía, así como cinco poemarios (Perra mentirosa, Hardcore, Vintage, Cíngulo y estrella y La vida secreta de los gatos) y dos ensayos (No tan incendiario y Éramos mujeres jóvenes). En Anagrama ha publicado las novelas Black, black, black: «Admirable. Tiene la crueldad y la lucidez desoladora de una de las mejores novelas de Patricia Highsmith, El diario de Edith» (Rafael Reig, ABC);Un buen detective no se casa jamás: «Vuelve a mostrar su dominio del lenguaje (y de sus juegos) y del registro satírico (de la novela de detectives, de la novela romántica), con una estupenda narración» (Manuel Rodríguez Rivero, El País); Daniela Astor y la caja negra (Premio Tigre Juan, Premio Cálamo y Premio Estado Crítico): «Hipnótico, fascinante y sobrecogedor» (Jesús Ferrer, La Razón); una versión revisada y ampliada de la que es posiblemente su mejor novela, La lección de anatomía: «Ha conseguido situarse en una posición de referencia de la literatura española, o, en palabras de Rafael Chirbes, “en el escalón superior”» (Sònia Hernández, La Vanguardia); Farándula (Premio Herralde de Novela): «Muy buena. Estilazo. Talento, brillo, viveza, nervio, inventiva verbal, verdad» (Marcos Ordóñez, El País); Clavícula: «Uno de los libros más crudos, brutales e impíos que haya leído en mucho rato» (Leila Guerriero) y una nueva edición de Amor fou: «Una de las novelas más dolorosas de Marta Sanz... Las heridas que deja son una forma de lucidez» (Isaac Rosa), y pequeñas mujeres rojas: «Una brutalidad literaria, un despliegue verbal que asombra» (Luisgé Martín), así como el ensayo Monstruas y centauras: «Extraordinario» (María Jesús Espinosa de los Monteros, Mercurio).
Como bien indica el título de la novela, El frío es un temblor permanente, una sucesión de hostias acerca del amor y las relaciones personales que poco a poco cala en los huesos y para cuando hasta terminado de leer necesitas taparte hasta arriba para entrar en calor de nuevo.
La crudeza del estilo de Sanz casa perfectamente con la trama, descarnada y dolorosa como suele ser muchas veces la vida. Es un ejercicio loable de literatura realista hasta escocer.
Es difícil evaluar con estrellitas un libro como este, porque es irregular. Tiene un malísimo comienzo, como si nunca hubiera sido corregido, pero también un final espléndido.
Es una novela que pretende ser experimental en el estilo pero que al final no lo logra. A cada rato se notan las costuras, la falta de atención en los cambios de primera a tercera persona, la ruidosa falta de experiencia narrativa.
Pero la historia es hermosa. Si uno tiene paciencia para saltarse los yerros de un estilo mal ejecutado, para limpiar con la lectura todas las pelusas que asfixian la trama, encontrará una historia original sobre el desamor, el despecho, el dolor y la humillación que entraña siempre una relación tóxica.
Es una historia sobre la verdad del amor. Sobre el rencor que anida en quien ama más y actúa menos. Sobre el que siempre cede, el que nunca incomoda, el que termina sufriendo, el que no supera fácil. Y que en esta novela es una mujer.
Así pues, 'El frío' es ese lugar o ese momento que viene después del fin, el amor gélido después del amor.
Pero es también una reflexión cruda sobre los vínculos invisibles entre machismo y esquizofrenia/psicopatía, las correspondencias sociales y psicológicas entre el machista y el criminal o el loco.
Por eso, y porque a partir del capítulo 27 se vuelve un novelón, fluido, experimental y bien armado, merece darle una oportunidad.
Muy visceral, además, muy de salir y gritarlo todo, como cualquier primera novela.
Léanla, al inicio no golpea nada; al final sí que noquea.
Es el primer libro que leo de Marta Sanz, un autora a la que llevaba un tiempo queriendo conocer. Pero "El frío" me ha dejado como su título. Fría. Reconozco que hay imágenes poéticas y se aprecia el talento literario de la autora. Por desgracia, no me parece suficiente para alabar un libro en el que se ha abusado de un estilo minimalista de descripción que emula el estilo de cámara documental, como si se tuviera que registrar cualquier cosa que aconteciera aunque no tuviera nada que ver con la trama que, por cierto, no se perfila con la claridad suficiente. Claro que es obvia la ruptura que marca a los personajes y el trastorno psicológico de uno de ellos que está ingresado en un centro... pero... no era necesario abusar de ese estilo. Considero que el libro habría ganado mucho más si Sanz se hubiera atrevido a perfilar mejor la historia y a los personajes.
De momento no sé si leeré algo más de esta autora.
Esta novela corta sobre el desamor se lee rápido. Está narrada en primera persona desde el punto de vista femenino de la ex pareja. Temas: el desamor, el rol femenino, el abuso en las instituciones psiquiátricas. "Ella se va, está haciendo las maletas, ha decidido desgajarse. Incurrirá en el desamor involuntario. Intuye. Se marchará para que otra mirada la encuentre".
"Nunca dejo propinas. Yo siempre cargo con mis propios bultos".