Bomba bencina, título un poco trágico para quienes anhelan algo que explote, es el segundo libro que Juan Carreño entrega a sus lectores. Quizás esto sea lo que el poeta Carreño intenta problematizar: están los materiales, pero falta la preposición. A medio camino de un Servicentro —lugar de mochileros, camioneros; lugar de todos los que tienen auto y se las pelan o no por la bencina— y de una molotov y todo lo que ella ha sido y es capaz de explotar —explotación contra explotación—, este nuevo conjunto de poemas de Carreño recorre algunos de los lugares ya habituales dentro de la poesía que le conocemos: la añoranza, la exposición de lo realmente miserable que puede ser la vida humana, pero bajo la mirada de una conciencia que la expone sin ser compasiva o melosa. Lo que le agradecemos a esta poesía es precisamente lo contrario. En un país donde el lenguaje coloquial está tensado por lo cuico y lo flaite, que un poeta irrumpa esa tensión es de por sí un golpe seco y duro a la realidad. Trabajo de poetas este último: siempre humano, siempre y por sobre todo humano, los mejores poemas de Bomba Bencina se las juegan con todo a eso.