Desde hace un tiempo ya, mi caraqueña favorita (guiño, guiño, @roxdeleo) me está insuflando aire caribeño. En nuestras conversaciones, la literatura venezolana es recurrente y, por supuesto, ella me habló de Héctor Torres antes de que yo supiese de él o de que este libro llegase editado a España por @deconatus. Leer 'Caracas muerde' me ha hecho sentir una especie de nostalgia prestada producto de la experiencia de mi amiga y de la intuición de que esa ciudad es mucho más que la violencia que la corroe.
Leí una entrevista de hace dos años en la que el autor reflexionaba acerca del tiempo que le llevará a Caracas curar su herida. Dijo que lo que él cree es que no debemos aferrarnos tanto a nuestros momentos históricos. "Toca vivirlos, porque estamos inmersos en ellos, pero nunca debemos olvidar que también tenemos una vida íntima que es irrenunciable y atenderla es nuestro principal deber. Luego, tocará ver qué nos toca aprender del momento en que estamos inmersos". Esta idea de sabio sobrevuela sutilmente estas brillantes crónicas literarias. Las personas que se retratan en ellas viven sumidas en el terror, la paranoia, la frustración y el dolor de un lugar que se los come a dentelladas. Pero aún así siguen viviendo porque es lo que hacen las personas: vivir. Van a trabajar a oficinas, conducen taxis, salen a cenar y aman a pesar de esa ruleta rusa en la que se ha convertido la vida diaria.
No me cabe duda de que, tanto lo bueno como lo malo, en Caracas se vive muy intensamente.
Os diré, además, que de entre las muchas razones que se me ocurren para recomendar este libro, destaco especialmente una que tiene que ver más con la técnica literaria y la naturaleza de su autor que con las propias historias anónimas pero dolorosamente reales que dibuja en cada relato: leerlo es un verdadero placer estético.