Al irreverente Yasutaka Tsutsui lo lei hace años. En su momento, su antología Estoy desnudo supuso llevar a la letra escrita todos esos anuncios y películas extravagantes en las que reina el absurdo y no es hasta el final que el delirio toma la precaria forma de orden para explicar qué ha ocurrido, si es que en realidad ha ocurrido algo. Hay algo en la comedia japonesa que se niega a ser analizada, que debe beber del más exagerado kabuki y abraza lo absurdo sin imposturas: la chorrada por la pura chorrada. En eso consiste la obra breve de Yasutaka Tsutsui, al menos, la que he leído, pura comedia absurda, puro surrealismo literario, irreverencia absoluta y toques grotescos que, al contrario de lo expresado antes, sí viene acompañada de una crítica a la sociedad de su época. Porque en eso Tsutsui ha sido único: es un autor que ha tenido problemas con todos los sectores de su pais, llegando a mudarse a internet para evitar cualquier tipo de injerencia en su obra. Sus novelas y relatos, está claro, no son para todo el mundo, pero ha influido como pocos autores en la cultura de su pais, pues muchas obras tienen adaptaciones tan exitosas que han superado con creces la fama de los trabajos originales. Así, es raro que un otaku no conozca La chica que saltaba a través del tiempo o Paprika.
¿Qué podemos encontrar en esta antología titulada de forma que nadie sacaría el libro para leerlo en el metro o el bus? Lo mejor y lo peor de Tsutsui: gran inventiva, mucha originalidad, ningún filtro al comunicarse y un machismo tan exagerado que parece, me gustaría pensar, autoconsciente. Todos los relatos son entretenidos, aunque la mayoría no aportan nada más que la anécdota graciosa o grotesca, pues el comentario crítico es tan de brocha borda que sus ideas podrían haberse articulado en la barra de un bar con empalizadas de cervezas y ramilletes de colillas. Sin embargo, hay uno en particular que salva la antología de convertirse en un chiste demasiado personal. Y, sí, es el cuento que tiene el nombre más subnormal.
Los relatos contenidos en esta antología son los siguientes:
El bonsai Dabadaba (***): el padre de un joven marido le regala un bonsai Dabadaba para que le den un nieto, pues se trata una planta de la que se dice provoca sueños eróticos a todos aquellos que duerman debajo de sus ramas. Al poner a prueba sus poderes, el protagonista se lanzará a una aventura sexual en la que, por supuesto, no tiene en mente a su mujer, quien tambien está disfrutando de su sueño erótico... ¡con el vecino! Pero aún hay más, y es que el vecino, también poseedor de un Dadadaba, también se ha introducido en su sueño y quiere cumplir sus fantasías. El árbol no suministra sueños, solo suministra un sueño que todos los usuarios deberán compartir. Asi que... ¿Quién es el soñador original?
Rumores sobre mí (***): un día, un aburrido oficinista de una gris empresa tokiota despierta convertido en el centro del mundo para la prensa, la radio y la televisión. Todo movimiento que haga, todo bocado que se lleve a la boca, toda conversación que mantenga y relación que lleve a cabo será registrada y radiada a todo el mundo ¿Por qué? Tampoco es dificil de imaginar, ¿acaso la vida de Truman era tan interesante como mantener enganchados a millones de espectadores a su televisor?
El limite de la felicidad (**): un padre autoritario y brutal lleva a su familia, compuesta por esposa, hijo y suegra, a pasar un día de playa en un Japón sobrepoblado. El viaje se convierte en un infierno, con atascos infinitos y hordas de veraneantes tratando de alcanzar el mar, cuyas aguas, por el contacto con la masa humana, se ha calentado hasta convertirse en caldo de persona. Las imágenes finales del cuento, quizá las más espectaculares, me han recordado al Junji Ito más grotesco.
El mundo se inclina (***): la primera alcaldesa feminista de todo Japón lanzó un impresionante mensaje al pais construyendo la que sería la primera ciudad-isla del mundo. Una mañana, uno de los habitantes llamó la atención sobre un detalle minúsculo, inapreciable. Al parecer, toda su casa estaba inclinada. Pronto el resto de la población lo notará en sus respectivas casas, y cuando se sucedan los primeros accidentes la razón quedará clara para todos: la ciudad se está inclinando, y amenaza con darse la vuelta si no se hace algo rápido. Por supuesto, los políticos no están dispuestos a aceptar este pronóstico.
El último fumador (***): desde una atalaya, el último fumador de Japón observe como hordas enteras se abalanzan sobre él para asesinarle. Hace años, el tabaco fue prohibido, y todos los recalcitrantes obligados a dejar tan pernicioso hábito o ser ajusticiados por la ley. El narrador, novelista de éxito, y como novelista gran adicto al tabaco, se negará a acatar la ley y llevará su contumacia hasta las últimas consecuencias.
Hombres salmonela en el planeta porno (*****): en la carrera, en la Universidad de Jaén, tuve un profesor de ecología que se jactaba de hacer exámenes poco convencionales. Solo hice uno con él, pero no se me olvidará en la vida. La prueba constaba de un solo enunciado, una sola fotografía y una pregunta. La imagen pertenecía a la Laguna de Cañada de Hoyo, cuyas aguas tienen la peculiaridad de adoptar un color rosáceo en verano, y el enunciado era una leyenda medieval que explicaba el cambio de color: la pregunta, evidentemente, era por qué cambiaban las aguas. Bien, si mi profesor Francisco Guerrero hubiera leído este relato de Yasutaka Tsutsui muy seguramente su examen incluiría un fragmento del relato y una sola pregunta, a saber, ¿cómo se sostiene un ecosistema en el que no hay depredadores y toda la vida ha evolucionado para aparearse entre especies diferentes? Porque sí, este cuento, pese a tener un nombre tan imbecil, es posiblemente de los trabajos más logrados dentro del campo de la ecología. Lo que parece un chiste alargado tiene una sólida base científica y plantea preguntas que muchos biólogos se han hecho desde que Haeckel definiera como ciencia la ecología. El planeta porno se describe como un planeta obsceno, pues toda la vida está diseñada para el apareamiento: todas las plantas liberan sustancias químicas afrodisíacas, todos los animales emanan feromonas y buscan fecundar cualquier hueco desprotegido del cuerpo de un animal, independientemente de la especie a la que pertenezca. Pese a la incontinencia de fauna y flora y la total ausencia de depredadores, el número de individuos se mantiene en equilibrio de tal forma que el ecosistema jamás se ve amenazado. Además, la vida ha evolucionado de tal manera que parece negar la teoría de la evolución, el el sentido de que la fauna y la flora están representadas por grupos muy complejos, angiospermas y mamíferos, por ejemplos, sin apenas filos basales que permitan descender por el árbol de la vida hasta la primera especie procariota, de las que tampoco hay en el planeta. Tsutsui define este proceso como involución, que no negaría la evolución sino que esta consistiría en un proceso de simplificación progresiva, como lo ocurrido con los organismos parásitos, y otorga este concepto al escritor de ciencia ficción Edmond Hamilton -al que en el relato se trata como científico- por su relato llamado a la sazón Involución. Un cuento brutal, por otro lado. Estas y muchas otras peculiaridades del ecosistema del planeta porno nos van siendo descritas por los biólogos exploradores, los cuales se han visto obligados a internarse en las selvas y exponer sus ojetes a la lúbrica fauna para lograr practicar un aborto a la científico jefe, que ha quedado embarazada por vaya usted a saber qué planta o animal. Hombres salmonela en el planeta porno puede ser el chiste sexual más ido de madre de un adolescente calenturiento, pero a ojos de un biólogo o de un aficionado a la naturaleza se convierte en un relato inagotable. Y es que Yasutaka es un fistro de cuidado, pero un fistro inteligente y culto.