Violeta, una joven ilustradora, ha llegado a un callejón sin salida: su vida de pareja se ha ido marchitando como una flor sin agua y ya no tiene fuerzas para salvarla. Para airearse y aclarar sus ideas, acepta una insólita invitación: pasar unos días en una casa rural castellana con unos antiguos compañeros de escuela a los que no ve desde hace más de diez años. Además de completar allí el encargo de unas acuarelas de flores, la protagonista de esta tierna historia se verá enfrentada a los fantasmas de su pasado. Entre ellos destaca Mario, un amor de la infancia que cobra más fuerza cada día que comparten en la casa. Bajo una lluvia constante, que hará germinar en ellos un sentimiento largamente dormido, Violeta deberá decidir si escucha lo que le dicta su corazón o retoma su vida en el punto de partida de aquel viaje.
Nací hace treinta y dos años en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), y aunque actualmente vivo en Castelldefels con mi hija y mi marido, mi vida está estrechamente ligada a Bellvitge, un barrio de esta localidad conocido por sus numerosos bloques de hormigón, parecidos a fichas de dominó. Allí viví hasta hace un par de años, y crecí feliz con mis dos hermanas y una multitud de niños de nuestra edad con los que compartimos juegos, ropa, libros... Quizá por la monotonía de ese paisaje gris, el contraste del verde de mis veranos en Regumiel de la Sierra me marcó de un modo especial y me ha inspirado en mi primera novela.
Aunque casi llego a olvidarlo, siempre quise escribir e idear historias. De pequeña me inventaba las letras de las canciones, recitaba poesías de dudosa rima y escribía cuentos para que mis hermanas los ilustraran. Cuando mis padres recibían la visita de familiares o amigos, me subía a una silla y les soltaba todo mi repertorio, con una voz desafinada y demasiado ronca para mi edad. A los siete años gané un concurso literario en el colegio y me hizo tanta ilusión que decidí que de mayor sería escritora. Una sucesión de trabajos y situaciones grises hizo que, de adulta, olvidara mi sueño de contar historias. Y no fue hasta que conocí a Francesc (escritor y colaborador de la editorial en la que trabajo) que me contagió su entusiasmo por escribir y me animé a hacerlo; primero con cuentos y relatos cortos y finalmente con esta novela.
Negada para las matemáticas y las ciencias, a los diecisiete años me inscribí en la facultad de periodismo. Sin embargo, no fue hasta años después de licenciarme y compaginar distintos empleos ocasionales (de camarera, teleoperadora o redactora free lance...) que conseguí mi primer trabajo en un importante grupo de comunicación. Actualmente trabajo como editora en un sello de libros prácticos y he publicado bajo seudónimo varias obras de autoayuda.
Mi primera novela romántica me llegó a través de mi amiga Ángeles. Era una novela de cien páginas de Jazmín. No recuerdo el título ni la autora, pero el argumento y los personajes me cautivaron tanto que fantaseé con la idea de escribir algún día una historia de ese tipo. Un año después, llegaron a mis manos Cumbres borrascosas y Una rosa en invierno, dos novelas muy distintas pero que me apasionaron por igual y me engancharon durante años a este género. Se dieron varias circunstancias que me impulsaron a escribir esta historia romántica. Hace un año, en una comida de trabajo, me senté al lado de una ilustradora que acababa de entregar el encargo de unas acuarelas de flores y empezamos a hablar sobre el amor y las relaciones de pareja. Esa misma tarde, paseando por mi barrio vi un ramo flotando sobre un charco y empecé a idear la historia.
Una semana después mi amigo Francesc me preguntó sobre mis propósitos para el año nuevo y le dije convencida: “Escribir una novela”. Estaba embarazada de cuatro meses cuando plasmé la primera línea en el papel y aunque la lógica imponía un descanso después de mi jornada laboral en la editorial, cuando llegaba a casa no podía parar de escribir. Mi hija Martina, desde mi interior, me daba la fuerza que necesitaba para cumplir mi sueño. Mis dos hermanas acabaron de impulsarme leyendo animadas, por entregas, las aventuras de mis personajes.
Soy fan de las novelas de Esther Sanz. Me conquistó con su trilogía El bosque y luego con Si el amor es una isla. Tenía pendiente leer esta novela, su primera publicada. Ahora que la he leído puedo decir que se nota que es su primer trabajo. Mi puntuación baja no es porque el libro sea malo, no lo es. Sino que es sumamente sencillo y quizá demasiado ligero en su trama. No hay grandes acontecimientos y todo se da una manera un poco apresurada o "light". Me gustó gustó volver a leer la pluma de Sanz, aunque creo que no es lo mejor de ella. Quizá hay un exceso de descripciones. El libro se siente más como un cuento largo que como una novela. Bonito, aunque muy simple. Pero me alegro de haberlo leído, fue una lectura dulce y tranquila.
La historia de Violeta es una sumamente realista y que podría pasarle a cualquiera, sin embargo, Esther Sanz logra hacer que una historia simple y común se transforme en una hermosa historia de amor y vida. A lo largo de las 200 y pico de páginas que componen esta novela llegamos a ver el desarrollo de nuestra protagonista, Violeta, y cómo logra aceptarse a sí misma y lo que desea para su vida. Y junto con ella, podemos ver el desarrollo de los demás protagonistas, amigos de la infancia y amigos nuevos. Mario, Salva, Víctor, Lucía, Alma y Basilio son los complementos perfectos que nos permiten ver el valor de los sentimientos y cómo el aceptarlos nos lleva a vivir mejor. Esta ha sido una gran historia, que a mi parecer es mejor encararla sin saber mucho, así no pierde el encanto. Muy recomendable.
Violeta es un personaje con el que todos podemos identificarnos, alguien que se siente estancado y que ha hecho de la costumbre su vida. Sin embargo,al dejar a su novio de varios años da un paso doloroso pero necesario para encontrarse a si misma. Esto la lleva a tomar decisiones que tienen como consecuencia un redescubrimiento personal. Es un libro sencillo de leer y de llevar, muy relajante y con ciertos datos regados alrededor de la trama que me parecieron curiosos y que mantenían el interés en el libro.
Historia simple pero muy bonita, en unas horas ya me la había leido y es justo el tipo libro que necesitaba (cuento con final de "fueron felices y comieron perdices...")
Para comenzar con la lectura, ligero, rápido y me encanta toda la información herbolaria y como se entrelazan las flores y la vida... amé a Basilio quisiera toparme con un señor así en mi vida
Violeta, una joven ilustradora, ha llegado a un callejón sin salida: su vida de pareja se ha ido marchitando como una flor sin agua y ya no tiene fuerzas para salvarla.
Para airearse y aclarar sus ideas, acepta una insólita invitación: pasar unos días en una casa rural con unos antiguos compañeros de escuela a los que no ve desde hace más de diez años. Además de completar allí el encargo de unas acuarelas de flores, la protagonista de esta tierna historia se verá enfrentada a los fantasmas de su pasado. Entre ellos destaca Mario, un amor de la infancia que cobra más fuerza cada día que comparten en la casa. Bajo una lluvia constante, que hará germinar en ellos un sentimiento largamente dormido, Violeta deberá decidir si escucha lo que le dicta su corazón o retoma su vida en el punto de partida de aquel viaje.
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La historia trata de Violeta que acaba de salir de una relación y que queda con un grupo de amigos de cuando iba al colegio y que hace 15 años que no se ven. Pasan unos días en una posada en pleno campo burgalés y ahí, ella, se reencontrará con Mario de quien tuvo que separarse prematuramente cuando él se trasladó al extranjero a cursar sus estudios. Una novela sobre el amor, las nuevas oportunidades, los viejos recuerdos y el significado de las flores. También tiene sus mensajes positivos. Violeta es ilustradora y está llevando a cabo una serie de dibujos de una gran variedad de flores y que la acompañarán en esta aventura que se desarrolla en un paraje y un pueblo que tienen su propia historia. También me ha gustado el personaje de Lucía muy afín a Violeta con la que enseguida conecta pese al paso del tiempo. Es muy entretenida de leer y yo lo he hecho en un suspiro. El título de la portada es precioso, con las letras de color dorado y brillantes. Lamentablemente, mientras me ha durado la lectura, tres de ellas se han deshecho entre mis dedos. Una forma de interaccionar con el libro.
Una historia de amor bonita pero muy corta, me dio la impresión de que leía un fanfic muy bien escrito. Me gustó mucho la interacción entre los dos enamorados de esta historia, principalmente el carácter simpático y maduro de Mario. Sin embargo, hay algunos detalles que no terminan de cuadrarme como esa extraña amistad que el grupo lleva con Alma y en ese sentido la predisposición del grupo a cumplir sus caprichos. El grupo parecía conocer perfectamente la personalidad de Alma entonces por qué invitarla al viaje? El final me ha parecido un poco irreal, un final feliz como de cuento de hadas. De todos modos disfruté mucho leyendo este libro. Es una lectura ligera para desestresarte, recordar aquellos amores del colegio y soñar.