Lara Zavala es uno de los escritores mexicanos vivos más cultos y reticentes (lo digo componiendo un poco la frase que Carlos Fuentes le dedicó). Es cierto, y además de sus novelas laureadas, hoy recomiendo 'De Zitichén':
Zitilchén es un pueblo que ha salido de la mente del narrador, pero lleva en sus calles una fuerte realidad que fácilmente puede comprobar el nacido en la península. La prosa de Lara Zavala me ha llevado de vuelta a mi península de Yucatán, con sus olores, sabores y texturas muy bien definidas en casi todos los cuentos. Unos me han gustado más que otros, y aunque el autor no siga a rajatabla los preceptos del cuento, este compendio va en lo comprendido de "cuentos que hacen o pueden formar una novela" y al final se quedan unas conexiones sutiles entre los relatos, aunque de forma irregular. Sin embargo, recalco, en la lejanía, agradezco esta narrativa (que navega por el costumbrismo, un realismo mágico incipiente y una suerte de multinarrador) que describe los diferentes niveles que nos hacen ser peninsulares, y los retratos tan nítidos de sus pobladores, así como sus diferencias sociales y raciales (y sobre todo religiosas).
Hernán dibuja un infierno personal en Zitilchén, cuyos protagonistas son políticos corruptos, sacerdotes pederastas, esposas conformistas y fervorosas, indios mayas curtidos por el sol y el trabajo pesado, y sobre todo, extranjeros que llegan, ingenuos, a pasar una tranquila temporada al pueblo por variadas razones.