Este libro refleja la labor de treinta años de escritura. Cuando en 1982 Lara Zavala creó el icónico pueblo que su imaginación ubicó en la intersección de los tres estados de la península de Yucatán, nunca imaginó que ese lugar seguiría alimentando su obra narrativa hasta la fecha. Más que el inicio de un viaje literario, los cuentos aquí entretejidos son punto de partida de perpetua invención y descubrimiento a través de una suerte de "novela vía cuento". Zitilchén es un infierno grande: tierra de mayas, blancos y mestizos en continuos enfrentamientos políticos, religiosos, sociales y pasionales. Pero es, sobre todo, el lugar donde Lara Zavala logró encontrar su mundo literario.
Hernán Lara Zavala was a Mexican novelist, literary critic and academic at the National Autonomous University of Mexico. He was educated at the National Autonomous University of Mexico and the University of East Anglia (MA, 1981). He was awarded the José Fuentes Mares National Prize for Literature in 1995. In 2010 he was awarded the Royal Academy of the Spanish Language prize.
Lara Zavala es uno de los escritores mexicanos vivos más cultos y reticentes (lo digo componiendo un poco la frase que Carlos Fuentes le dedicó). Es cierto, y además de sus novelas laureadas, hoy recomiendo 'De Zitichén':
Zitilchén es un pueblo que ha salido de la mente del narrador, pero lleva en sus calles una fuerte realidad que fácilmente puede comprobar el nacido en la península. La prosa de Lara Zavala me ha llevado de vuelta a mi península de Yucatán, con sus olores, sabores y texturas muy bien definidas en casi todos los cuentos. Unos me han gustado más que otros, y aunque el autor no siga a rajatabla los preceptos del cuento, este compendio va en lo comprendido de "cuentos que hacen o pueden formar una novela" y al final se quedan unas conexiones sutiles entre los relatos, aunque de forma irregular. Sin embargo, recalco, en la lejanía, agradezco esta narrativa (que navega por el costumbrismo, un realismo mágico incipiente y una suerte de multinarrador) que describe los diferentes niveles que nos hacen ser peninsulares, y los retratos tan nítidos de sus pobladores, así como sus diferencias sociales y raciales (y sobre todo religiosas).
Hernán dibuja un infierno personal en Zitilchén, cuyos protagonistas son políticos corruptos, sacerdotes pederastas, esposas conformistas y fervorosas, indios mayas curtidos por el sol y el trabajo pesado, y sobre todo, extranjeros que llegan, ingenuos, a pasar una tranquila temporada al pueblo por variadas razones.
No había leído algo así jamás, es explicito hasta llegar al punto de lo morboso, pero es la perspectiva la que lo cambia todo, un Zitilchen creciente cómo todos los pueblos viejos, de dimes y diretes, como dice el autor Hernán, y sin guardarse ningún detalle. Tal vez resulte un poco ofensiva la manera en que el autor ve el pueblo, pero tampoco se puede dudar de la veracidad de sus palabras. No es para todos, no a todos les gusta la verdad. La verdad del amor puro, del odio, del dolor y la pureza.
Es una muy buena propuesta, pero es demasiado poco, y la mayor parte de los cuentos simplemente no cumplen con su promesa. Destaco a "El padre Chel" y "En la oscuridad". Los demás son perfectamente olvidables, sin logros particulares, salvo una vaga evocación nostálgica. Con más y mejores cuentos, fácilmente me pude haber interesado en la mitología de Zitilchén, pero reitero, no hubo lo suficiente.
Los cuentos que se añadieron a la edición extendida, la verdad no me encantaron. De ahí en fuera, tiene algunas muy buenas narraciones como El Beso, El Padre Chel y Morris que me parecen una refrescante manera de abordar ciertos temas recurrentes de la literatura mexicana. También, Lara Zavala muestra sus influencias bien duro en los cuentos y eso lo digo en el mejor sentido posible. Realmente ameno de leer 😊