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392 pages, Paperback
First published January 1, 1993
Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer que solía presentarse a mi oficina completamente desnuda ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo. Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia. Mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantes que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad. Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua, exigiéndome perentoriamente que besara su boca
y que contestase sin dilación sus necias preguntas
varias de ellas referentes a la eternidad y la vida futura [...]
“La víbora”
Durante medio siglo
la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
echando sangre por la boca y narices.
“La montaña rusa”
Cuando mi madrecita dejó de existir
hice la firme resolución
de no dejarme vencer por la ira
y pagar insolencia con bondad
ironía con dulzura cristiana
arrogancia con humildad de cordero
por ignominiosa que fuera la provocación
aunque confieso que más de una vez estuve a punto
de rebelarme contra el Creador
por permitir tamañas tropelías.
Sermones y prédicas del Cristo de Elqui, X
[...] Se construyeron también ciudades,
rutas,
instituciones religiosas pasaron de moda,
buscaban dicha, buscaban felicidad,
yo soy el Individuo.
Después me dediqué mejor a viajar,
a practicar, a practicar idiomas,
idiomas,
yo soy el Individuo.
Miré por una cerradura,
sí, miré, qué digo, miré,
para salir de la duda miré,
detrás de unas cortinas,
yo soy el Individuo.
Bien.
Mejor es tal vez que vuelva a ese valle,
a esa roca que me sirvió de hogar,
y empiece a grabar de nuevo,
de atrás para adelante grabar
el mundo al revés.
Pero no: la vida no tiene sentido.
“Soliloquio del individuo”