¿En qué parte y de qué manera se pierde nuestra memoria cuando termina yéndose por completo? ¿Es posible aferrarse a ella como un clavo ardiendo, como el recuerdo que creemos tan nítido para poder evadir de alguna forma el presente y quedarnos en el pasado ante la negativa constante de un futuro imposible de frenar? Cuando Lola Mascarell habla de la pérdida, lo hace con un toque melancólico que abruma y asusta porque te vuelcas tanto en lo que pasó que por un momento se te olvida lo que pasa, ahora, en este mismo instante.
No se trata de un luto por quien ya se ha ido, sino por los que se van a ir cuando lo que hemos formado como base se esfuma principalmente, arrasando todo lo demás consigo. Lola nos habla de la venta de su casa, aquella donde ha crecido su familia, su historia, su identidad, y cómo parece que se esfuman cuando la casa se pone a la venta y no hay forma de recuperarla. Intentará llevar a cabo un plan, la recuperación pieza a pieza de un puzzle ya acabado, lo que pudo vivir y lo que ya vivió, arrepintiéndose por no poder haberlo vivido más. Me quedo, no obstante, con el marco de su frase: «Nada de lo que nos conmueve termina de pasar. Todo queda prendido, pendiente, como si alguna vez pudiéramos volver.» De igual manera que creo que nuestro corazón no pertenece a un único lugar, sino a aquellos que tan felices nos han hecho.
No puedo empatizar más con ella y no puedo vivir más intensamente su mensaje. La entiendo hasta la médula, la acompaño en su desesperación, tiemblo de pensar que mi casa algún día puede venderse a extraños que recorrerán sus pasillos, mis pasillos, nuestros pasillos, que yo me negaré siempre a que sean suyos, que vivirán historias donde yo viví las mías, en esas cuatro paredes, en esas hectáreas de campo, y me creo, sí lo digo, con el derecho a prohibirlo, a reclamarlo, a decir que ese terreno en el mapa ha sido, y siempre será, únicamente mío. Si el sitio que me ha visto crecer me fuera arrebatado, me amarraría a él como los ecologistas a los árboles, pagaría una fortuna por preservar mi memoria, mis recuerdos, mi infancia, mi vida en un lugar que nos ha abrazado cuando ya no nos quedaba nada más.