¿Comprender una imagen? La experiencia nos enseña que, al mirarla, hay que ponerse a la escucha de su tenor temporal, esa polirritmia de la que está totalmente tejida. Ahora bien, los modelos históricos standard —pasado y presente, antiguo y nuevo, obsolescencias y renacimientos, moderno y postmoderno— fracasan a la hora de describir esta complejidad. Prolongando la investigación sobre el anacronismo llevada a cabo en Devant le temps, este libro propone volver a dar valor de uso a una noción soslayada por las ciencias históricas: la supervivencia. Es una manera de interrogar, en el corazón mismo de su historia, a la memoria actuante en las imágenes de la cultura.
Aby Warburg (1866-1929) fue el primero en hacer de la supervivencia (Nachleben) el motivo central de su aproximación antropológica al arte occidental: ésta es estudiada aquí en su lógica, en sus fuentes y en sus resonancias filosóficas, que van desde la historicidad según Burckhardt al inconsciente según Freud, pasando por los survivals de Tylor, el eterno retorno de Nietzsche, la memoria biológica de Darwin, la morfología según Goethe, la empatía según Vischer, la fenomenología del tiempo psíquico según Binswanger...
Esta multiplicidad de aproximaciones era la única vía posible para describir la paradójica «vida» (Leben) de las imágenes. A partir de este posicionamiento heurístico —es decir, jamás dogmático—, Warburg nos introduce en las paradojas constitutivas de la imagen misma: su naturaleza de fantasma y su capacidad de retorno, de obsesión; su poder para transmitir el pathos en una coreografía de gestos fundamentales, teorizada por el concepto, crucial, de Pathosformel; su estructura de síntoma en el que se mezclan latencias y crisis, memmoria y deseo, repeticiones y diferencias, rechazos y contratiempos. La imagen se revela como el teatro intenso de tiempos heterogéneos que se corporeízan conjuntamente.
De todo ello nace un saber nuevo. Es un conocimiento por el montaje el que el último proyecto de Warburg, Mnemosyne, pone en práctica de un modo tan asombrosamente actual. Walter Benjamin planteó que una historia de la cultura es imposible sin la puesta al día de un «inconsciente de la visión». Aby Warburg había comprendido que semejante puesta al día no es posible más que interrogando a ese «inconsciente del tiempo» que es la supervivencia.
Georges Didi-Huberman, a philosopher and art historian based in Paris, teaches at the École des Hautes Études en Sciences Sociales. Recipient of the 2015 Adorno Prize, he is the author of more than fifty books on the history and theory of images, including Invention of Hysteria: Charcot and the Photographic Iconography of the Salpêtrière (MIT Press), Bark (MIT Press), Images in Spite of All: Four Photographs from Auschwitz, and The Surviving Image: Phantoms of Time and Time of Phantoms: Aby Warburg's History of Art.
« Ce que Freud a découvert dans le symptôme – et Warburg dans la survivance – n’est autre qu’un régime discontinu de la temporalité : remous et contretemps qui se répètent, répétitions d’autant moins régulières, donc prévisibles, qu’elles sont psychiquement souveraines. » (p. 317).
Stimolantissimo studio sulla genesi tribolata del pensiero dello storico dell’arte Aby Warburg: http://it.wikipedia.org/wiki/Pathosfo... (tema, come si capisce, suggestivo e inquietante – lo stesso Warburg sosteneva di occuparsi di «storie di fantasmi per adulti» e questi fantasmi finiranno con l’infestare la mente del pensatore). Dagli ispiratori (giganti come Nietzsche, Goethe, Freud, intellettuali atipici come Carlyle, oltre a figure solo in apparenza minori di cui Didi-Huberman ci indica l’importanza nel panorama intellettuale fra Ottocento e Novecento), ai geniali compagni di viaggio (Binswanger, lo psichiatra che assistette Warburg durante la sua malattia mentale, influenzò il suo pensiero e ne fu influenzato, o il geniale ma troppo sistematico Cassirer), agli allievi inclini alla banalizzazione – per non dire tradimento – della complessità del metodo warburghiano (Gombrich, Saxl). In effetti, il discorso di Didi-Huberman mira essenzialmente a preservare questa complessità, descrivendone i punti di tensione, irrisolti, e denunciando i fraintendimenti che li hanno occultati o svuotati di forza; e costituisce, direi, una lezione di discernimento e finezza.
(Aggiungo che la descrizione della permanenza di Warburg nella clinica “Bellevue”, dove Binswanger si prendeva cura di malati di mente come il linguista Bally, il pittore Kirchner, il ballerino Nijinsky, la femminista Pappenheim [la Anna O. di Freud] e altri, mi ha fatto sognare un romanzo o un film ambientato in questa «casa di cura dove i malati mentali piuttosto viziati, di famiglia ricca, venivano provvidamente e costosamente trattati e gli infermieri avevano la delicatezza delle levatrici», nelle parole di J. Roth).