Jesús Silva-Hérzog Márquez es una de las plumas más críticas y más interesantes que podemos encontrar en los periódicos y revistas de ensayo en nuestro país, catalogarlo como un opinólogo más es un error; su voz va más allá de la política y el acontecer diario, es más bien lo que hoy podríamos catalogar como un hombre culto, un hombre con estudios amplísimos que van del derecho a la ciencia política y que actualmente se desempeña como académico de la facultad de derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México.
Éste libro es una prueba de ello, un libro en el que deja de lado el análisis de las pifias de la política para centrarse en lo que es verdaderamente importante: los poemas que disfruta, los libros que lee, la música que escucha, las películas que ve, las actrices que desprecia. Una colección de ensayos publicados en diversos medios (reconocí algunos de su blog) que decidió recopilar en Andar y Ver. Ensayos cortos (dos páginas y media en su mayoría) que nos acercan un poco más a éste estudioso mediante sus placeres.
Disfruté en especial diversos ensayos, entre ellos uno en el que habla acerca de una película (imagino es un documental) que a su vez trata sobre una pareja neyorkina clasemediera que colecciona arte, lo interesante es que ésta pareja no es millonaria ni tiene más estudios que los básicos sin embargo han logrado tener una colección importante debido a dos factores, el primero es que el salario íntegro del esposo se va a un fondo para comprar arte (la mujer mantiene la casa), el segundo factor es que compran lo que les gusta, no lo que está de moda ni lo que les sugieren asesores bien pagados, sencillamente compran aquello que les atrae.. No solo es ésto una crítica al mercado actual del arte en la que la estética ha quedado supeditada al poder de las chequeras, sino que es todo un ensayo sobre lo que debe ser el arte y la colección de éste.
Hay otro ensayo en la que habla acerca de un músico que sufre de un terrible episodio de amnesia, su mente ha quedado hecha añicos y su memoria solo le permite retener segundos, sólo es capaz de reconocer a su esposa y a su música; cuando lo confrontan con una partitura es capaz de seguirla y de pronto la enfermedad queda atrás. El amor y la música fueron más fuertes que la amnesia.
En fin, de ésto van los ensayos de Silva-Hérzog. Un intelectual en su totalidad, un intelectual admirable.