«Quien se pronuncia públicamente sobre el trabajo de otros y no lo encuentra todo bello y bueno provoca que otros se froten las manos, pero de inmediato levanta la sospecha de ser un tipo malicioso que se deleita en enmendar la plana a sus congéneres. En todas partes, es decir, también allí donde se reconoce plenamente la importancia de la crítica y se ve en ella un elemento decisivo de cualquier forma de vida intelectual, se la trata con cierta susceptibilidad, con un malestar más o menos encubierto; la relación con aquellos que critican o que incluso han hecho de la crítica su oficio no está en ninguna parte exenta de resentimiento y desconfianza. "Porque, del mismo modo que, para convertirse en un auténtico mendigo, el más rico de los aspirantes deberá desprenderse de hasta el último centavo, así nadie podrá tampoco iniciarse como un auténtico crítico si no dilapida antes todas las buenas cualidades de su espíritu; lo cual, tal vez, aun por un precio menor, podría considerarse una mala inversión", afirmó Jonathan Swift en torno al año 1700.»
Marcel Reich-Ranicki was a Polish-born German literary critic and member of the literary group Gruppe 47. He was regarded as one of the most influential contemporary literary critics in the field of German literature and has often been called Literaturpapst ("Pope of Literature") in Germany.
Bei dem vorliegenden Werk handelt es sich im einen Essay, den Marcel Reich-Ranickis 1970 als Einführung zum Buch »Lauter Verrisse« schrieb. Es war purer Genuss, seinen Worten zu folgen. Ehrlichkeit ist heutzutage zu einer Rarität geworden.
Darf man ein Buch, das einem nicht gefallen hat, eigentlich "verreißen"? Eigentlich eine gute Frage, oder? Als Reich-Ranicki sie sich stellte waren die meisten Literaturblogger noch gar nicht geboren. Und seine Antwort dürfte den meisten wohl nicht gefallen.
Statt nämlich für einen positiven Zugang zu plädieren, der von den meisten Internet-Literaten bevorzugt wird, spricht er sich für das Gegenteil aus: Was schlecht ist, darf nicht ignoriert werden, könnte man aus diesem Text jedenfalls locker herauslesen. Klar ... es gibt sie, die selbstgerechten Pseudo-Literaturkenner der lokalen (und manchmal überregionalen) Schmierblätter, die ein Buch nur deshalb in die Mangel nehmen, weil sie den Autor persönlich kennen und wenig wertschätzen. Oder jene, die einen Text schon allein deshalb schlecht finden, weil ihn die schon erwähnten Blogger lieben.
Aber trotz aller Streitbarkeit, die Ranicki an den Tag legte, kann man nicht unbedingt behaupten, dass er zu dieser Gruppe gehörte. Und das macht seine Meinung zu diesem Thema für mich weit wertvoller als jene eines x-beliebigen Feuilletonisten, der seinen verbalen Brechdurchfall einmal mehr über einen geringgeschätzten Gegner spuckt. Nicht, dass Ranicki nicht auch spucken konnte. ;)
Sein Zugang zur Literatur ist definitiv nicht der meine. Und vermutlich deckt er sich auch nicht mit jenem, den die meisten derjenigen, die diese Rezension überhaupt bis an diese Stelle lesen. Aber auf jeden Fall merkt man, dass er sich Gedanken zum Thema gemacht hat und weiß (oder vielmehr: wusste) wovon er spricht. Lesenswert.
“Sobre la crítica literaria” de Marcel Reich-Ranicki. Crítica de ayer, crítica de hoy
Pequeños libros, en ocasiones, pueden encerrar grandes tesoros. Tal es el caso de un libro como el que traigo hoy, “Sobre la crítica literaria” que se acaba de publicar sobre el crítico polaco Marcel Reich-Ranicki (1920- 2013), relacionado con sus opiniones sobre la crítica literaria alemana; para los que no le conozcan, en una de las solapas del libro editado por Elba se dice lo siguiente sobre él: “destacado crítico literario y escritor de origen judeo-polaco y superviviente del gueto de Varsovia, era conocido como “el Papa de la literatura alemana”. Fue durante varios años director de las páginas literarias del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, aunque su mayor influencia la logró desde el programa de televisión El cuarteto literario, con el que contribuyó a impulsar el éxito internacional de escritores como Javier Marías o Cees Nooteboom. Los juicios de Reich-Ranicki eran temidos por editores y escritores, y cuando se trataba de escritores consagrados, como Günter Grass o Martin Walwe, solían desatar grandes polémicas.” En cuanto al contenido referente al polémico crítico los editores nos lo indican en una nota: “El presente ensayo fue escrito en 1970 como introducción a una antología de críticas de Marcel Reich-Ranicki titulada Latuer Verrisse (algo así como Críticas demoledoras y nada más). Dicho libro reunía reseñas y ensayos acerca de Günter Eich, Hans Magnus Enzensberger, Günter Grass, Peter Härtling, Günter Kunert, Anna Seghers, Martin Walser y Peter Weiss, entre otros autores. […] Únicamente se han suprimido los dos primeros párrafos, que concernían a la selección y al objeto del volumen Lauter Verrisse.” Este ensayo viene complementado por otro pequeño ensayo que relaciona “Crítica y negatividad” al respecto de la labor de Reich-Ranicki a cargo de Ignacio Echeverría que, siendo interesante, no me voy a detener en él. Bastante podemos desgranar de este pequeño ensayo; llama a la relectura con locura, sobre todo para aquellos que, como yo, nos hemos introducido en dichas sendas. En los primeros apartados Reich-Ranicki se centra particularmente en las particularidades de la crítica alemana; primero enfocándose en la particularidad histórica consecuencia de la unificación como hecho que redunda en la visión ciertamente negativa que se le otorga a los críticos literarios: “[…] dicha hostilidad fue aún en aumento porque “el trauma de la unidad y la unificación alemanas […] advierte debilidad en aquella pluralidad que conduce a la formación de la voluntad democrática. Quien critica viola el tabú de la unidad, que tiende a la organización totalitaria. El crítico se divide y se convierte, en la retórica totalitaria, en un disidente.” Más particular aún es la semántica asociada a la palabra ‘criticar’ en Alemania; es imposible que, en este caso, se acerque al significado mucho más extendido (y a veces constructivo) que pueda tener dicho término: “Porque, al contrario de lo que ocurre en las principales lenguas europeas, en alemán la palabra criticar no significa por lo común ‘discernir, examinar, analizar evaluar o dictaminar’, sino que tiene un sentido exclusivamente peyorativo o, cuando menos, un tono inequívocamente despectivo. Se confunde “evaluar” con “devaluar”, y “emitir un juicio”, con “dictar una condena.” De ahí que críticos como Lessing (y el propio Reich-Ranicki) hayan tenido que hacer apología de dicha labor desde tiempos bien lejanos; un reconocimiento mucho más difícil en un país como el germano: “Es razonable que Lessing se viera obligado a hacer un firme alegato en favor de la crítica como institución, a defenderla y a luchar por su reconocimiento. Más curioso y digno de atención, no obstante, parece la circunstancia de que, al cabo de los siglos, también en este sentido su figura siga siendo ejemplar: y es que la historia de la crítica literaria alemana es la historia de la lucha por su reconocimiento.” A partir de entonces, aunque las conclusiones las aplique a su contexto, ciertamente podemos aplicarlas a nuestra situación, claro que con una diferencia primordial, la crítica y la labor crítica, en general, han sido mucho más tenidas en cuenta en aquel País que en el nuestro y no debemos perder dicha perspectiva; el polaco no duda en transitar uno de los lugares comunes de la crítica, “languidece y se consume”, siempre está ocurriendo; posiblemente ahora lo vería incluso peor, pero no debemos olvidar que este discurso se lleva repitiendo desde siempre: “La crítica literaria alemana es mala. Atraviesa por una grave crisis, languidece y se consume lentamente. Su estado deplorable es manifiesto; su declive, aterrador; su nivel, tan bajo que resulta ya imposible de disimular. Eso es al menos lo que se dice hoy. Pero ¿sólo hoy?” Lo bueno de partir del lugar común es que luego da las causas para que esta crítica sea errónea. Una de estas causas viene parafraseada por el polaco de la tesis de Georg Lukács: “Georg Lukács, el cual, después de un montón de consideraciones complicadas y eruditas, desconcierta a los lectores de su tratado sobre “El escritor y la crítica” con una tesis tan simple como iluminadora, a saber: “En general, para el escritor una “buena” crítica es aquella que lo elogia a él o censura a sus rivales; una “mala” crítica, la que le reprocha algo a él o favorece a sus rivales.” Esto es tan real como la vida misma y lo he vivido en mis carnes…. sobre todo cuando hago una crítica negativa; afortunadamente Reich-Ranicki toca todos los palos y descarga responsabilidad al referirse a la posible subjetividad que pueda tener el crítico: “Puesto que “no existe ninguna ciencia que enseñe a juzgar de manera puramente objetiva y universal”, la crítica, de acuerdo con su esencia, está necesariamente obligada a ser individual y a contener siempre un elemento subjetivo.” Es inevitable que existan elementos subjetivos, que los haya no restan validez a dicha crítica; si es negativo sin embargo que una crítica resulte oscura, deliberadamente complicada o no entendible; este alegato por el análisis y la claridad es todo un manifiesto sobre cómo hacer crítica literaria, sobre todo si le sumamos otra idea que usa a continuación: “Pero allí donde se prefiere el crepúsculo y lo misterioso a la claridad y la templanza, allí donde se confía más en el conjuro que en el análisis, allí donde se aprecia sobre todo a los pensadores cuando escriben poesía, y a los poetas cuando no piensan, allí donde, por otra parte, existe una obstinada debilidad por los abstruso y lo confuso, por cuando es profundo o, mejor dicho, por cuanto parece profundo, es evidente que no puede haber lugar para la crítica, allí la crítica no puede por menos de parecer algo molesto e indecente.” Esta segunda idea que, junto a lo anterior, suponen mi ideal de crítico, tiene que ver con el carácter pedagógico: “Y de la socorrida comparación del crítico con un pedante que se dedica a dar lecciones –lo cual, ya puestos, no es lo peor que puede ocurrirle a un crítico-, sólo se libran, por lo que veo, aquellos que prefieren evitar la valoración o bien, por el contrario, cifrar de tal modo los juicios de valor que el desciframiento en sí entraña ya un arte específico. Anotemos de pasada que toda crítica, abierta o camuflada, alberga también por supuesto una intención pedagógica. Forma parte del oficio desde tiempos inmemoriales.” Sorprende mucho esto si tenemos en cuenta que el escritor fue bien conocido por sus juicios críticos ciertamente demoledores, incluso en el caso de los consagrados; no exime de error a un crítico, más bien defiende el derecho a equivocarse, poniéndolo por encima de una de las peores plagas de la labor crítica: el elogio entre escritores realizando “aparentes labores críticas”: “Los errores de la crítica”, escribió en 1755 Nicolai, “no son ni de lejos tan dañinos como los elogios que se prodigan los autores entre ellos”. El mismo mal objetan los críticos antes mencionados a la crítica literaria de nuestro siglo. Tucholsky habla indignado y con desdén de las “sociedades de seguros mutuos del elogio”. Musil se queja en 1933 de que “se ha dejado la crítica de libros en manos de gran parte de literatos que se elogian entre sí.” Esto, como podéis comprobar se sigue produciendo hoy en día, si le sumamos la afinidad de ciertos periódicos a según qué publicaciones, estamos hablando, ni más ni menos, de nuestra situación crítica. Habida cuenta de la importancia cada vez menor de un crítico literario en la actualidad; lo único que le queda al crítico es una pequeña capacidad de influencia de que ya era consciente el propio Reich-Ranicki. “Existe la costumbre de culpar a los críticos de asesinatos literarios. Pero deberíamos guardarnos de considerar asesinos a aquellos entre cuyas obligaciones figuran diagnosticar epidemias y expedir partidas de defunción. Pero promover o impedir la circulación de bestsellers no atañe al crítico (eso es competencia de otro gremio): el crítico sólo está en situación de alentar y suscitar, de favorecer y acelerar y, por supuesto, también de impedir procesos de comprensión y descubrimientos.” Cada vez que un lector de mi blog me dice que ha leído a un autor por mí, siento que esta pequeña influencia ha conseguido algo grande; gracias a ello, a lo mejor hay algún lector más de Joyce Carol Oates o de Thomas Pynchon y me siento totalmente realizado en mi pequeño ámbito. No puedo estar más de acuerdo con el polaco. “Ojalá este libro se entienda como una aportación al debate sobre la literatura y la crítica alemanas de estos años, y como una defensa de aquella negación detrás de la cual no se esconde más que una afirmación rotunda, tal vez incluso apasionada.” Esta última frase, con la que se cierra el ensayo, refleja la simple pretensión de un clarividente Marcel Reich-Ranicki; el texto funciona como apología de la crítica en general y, al mismo tiempo, refleja una situación histórica en particular, la alemana; pero, sobre todo, nos hallamos ante un texto indispensable sobre la labor de la crítica en la sociedad. Los textos provienen de la traducción de Juan de Sola de “Sobre la crítica literaria” de Marcel Reich-Renicki editado por Elba.
Reading a lot of stuff for uni these days, and this was one quite nice comment on what I am dealing with for the past 4 months... would have loved wo meet MRR, but when he died in 2013 I hardly knew his name
Reich-Ranicki geht systematisch vor und der Kritik dabei auf den Grund. Er beginnt bei den von ihm aufgezeigten Anfängen der Kritik in Deutschland und zitiert dabei einen französischen Aufsatz, der die Deutschen ganz schön schlecht wegkommen lässt. Die Unfähigkeit der Deutschen zur Kritik und auch die große Gegenwehr der deutschen Autoren wird dabei durch verschiedene Beispiele und Zitate belegt. Reich-Ranicki ist dabei aber nicht dogmatisch, sondern lässt Raum und wägt das für und wieder ab. Dadurch wird der Essay zu einem interessanten, aber nicht rein wissenschaftlichen Werk. Vielmehr ist er für ein breiteres Publikum zugänglich, verständlich und mit Beispielen und einem klaren roten Faden durchaus gelungen. Dass er dabei vor allem in der Geschichte bleibt und lediglich zuletzt, in Bezug zu seinen eigenen Erfahrungen als Autor in die Gegenwart rutscht, mag dem Anspruch des Textes zu verschulden sein, lässt den Text aber etwas historisch wirken und die Frage nach der „aktuellen“ Position der Kritik bleibt. Gleichzeitig zeigt sich hier der größte Raum des Essays, denn indem Reich-Ranicki zugibt, als Autor ebenso hart an Kritik kauen zu haben, wie alle, die er im Laufe der Zeit kritisiert hat, öffnet sich der Text der Gefühlsebene, die bei wissenschaftlichen Texten oft kurz kommt. Die eigene Verbindung und die Selbstwahrnehmung durch das eigene Werk machen Kritik, auch konstruktive, schwer anzunehmen, die Kritik selbst aber nicht weniger berechtigt. Erstaunlich flüssig und angenehm zu lesen, wissensreich, aber nicht belehrend, ein durchweg gelungener Essay, der zurecht aus einem Buch von 1970 herausgesucht wurde. Wer sich mehr mit Literaturkritik auseinandersetzen möchte und auch ihren Wurzeln auf den Grund gehen will, ist hier genau richtig.