Tengo muchos sentimientos encontrados respecto a este libro y mucho que quiero decir. He estado toda la lectura sumergida en el libro, en la escritura de Dazai, experimentando al 100% todas las emociones y la desesperación que sentían los personajes, era como si estuviese atrapada en el mismo destino que ellos. Es un libro que me ha llegado mucho al corazón, porque la literatura de Dazai siempre, siempre, siempre logra sacudir mi alma.
— La mujer de Villon. 10/10
"La vida de los seres humanos es un infierno y lo cierto es que en este mundo hay poca dicha y muchas desgracias"
"Me abraza y empieza a lamentarse: «¡Estoy desesperado! Tengo miedo. Tengo mucho miedo. ¡Ayúdame, por favor!»".
"Todo el sufrimiento y las penalidades que había soportado aquel día al despertarme eran producto de mi estupidez"
"—Puedo parecer un presuntuoso, pero lo cierto es que lo único que quiero es morir. Desde que nací solo pienso en la muerte. Estoy convencido de que para los demás sería un alivio".
" —Aquí dicen que soy indigno de ser humano. Yo no soy un monstruo.
— Da igual si eres humano o no, lo importante es que estamos vivos."
Creo que estas citas son las que mejor describen este relato y las que llevan su esencia. La imposibilidad de salir del ciclo vicioso que te lleva a odiarte a ti mismo, ser una persona que realmente no eres, cometer el acto más vil y no sorprenderte por ello, aislarse de todo y de todos hasta tal punto de convertirte en un monstruo, en un mentiroso. También es un relato que se ve muy influenciado por la posguerra y por las consecuencias y el sufrimiento de esta. Me ha gustado mucho y me ha hecho mucha ilusión ver reflejada la vida de Dazai en la vida del protagonista. Un relato lleno de aforismos, simbolismos y metáforas.
— Femenino 8/10
"—Amar a alguien es poner tu vida en la cuerda floja. No me lo tomo a la ligera. Si cambiamos de escenario, quizá lo entendamos con mayor claridad".
Es un relato biográfico, en el cual se ha visto reflejado uno de los intentos de suicidio de Dazai. Me ha gustado mucho, y sinceramente no me esperaba la parte final. Brutal.
— Paisaje dorado 11/10
"De la noche a la mañana, me vi empujado a la pobreza, condenado a deambular por las calles, a implorar ayuda en distintos lugares incapaz de mantenerme con vida de un día para otro. El frío vaso de leche que tomaba por las mañanas era lo único que me proporcionaba cierta alegría de vivir. Mi angustia y extenuación eran tales, que las adelfas florecidas en un rincón del jardín se me antojaban lenguas de fuego parpadeantes ".
"Su hija de ocho años, era su viva imagen de cuando servía en nuestra casa, me miraba con expresión vacía, con ojos ausentes y nublados. Sentí lástima. Caminé a grandes zancadas por el camino que lleva hasta la ciudad. ¿Qué hice una vez llegué allí? Mirar los carteles colgados en las marquesinas de los cines, contemplar escaparates, chasquear la lengua y tratar de sacudirme de encima aquella voz que me susurraba al oído y me decía: «Has perdido»".
"No pude contener las lágrimas. La feroz agitación que me atenazaba se diluyó dulcemente en el llanto. «Has perdido», me dije, y me alegré por ello. No podía haber sido de otra manera. Esa victoria suya iluminaba el camino que debía seguir mañana".
No puedo describir con exactitud lo mucho que me hizo sentir este relato, y del cómo me puse a llorar al leer la parte final. Cómo, mientras él es incapaz de seguir adelante con su vida, siguiendo avergonzándose de él mismo y cada vez más degradándose como persona y hundiéndose en su propia miseria, mientras que ella, dejó atrás la furia, el resentimiento, el pasado, y floreció como una preciosa flor, formando su propia familia, y no sólo sin guardar ni una pizca de remordimiento ni odio, si no que encima sólo hacia que elogiarlo. Bonitísimo. Me faltan las palabras.
— Delicada belleza 9/10
"Sin duda se sentían aliviados al no tener delante un extraño sujeto como yo, sentado en muda afectación con ojos depredadores. Tan pronto como me levanté, la incomodidad que les provocaba desapareció y la conversación empezó a fluir entre ellos con naturalidad. Yo era un caso perdido, imposible de encajar en ninguna parte. «No os preocupéis por mí, soy un tipo raro»."
"Para una persona como yo, a quien le resulta difícil hablar con extraños, decir aquello me supuso un esfuerzo considerable. Miré al espejo. La imagen que me devolvió era la de una persona con la boca sellada, con los labios extremadamente tensos y el ceño llamativamente fruncido. Debía ser cosa de un mal karma. Qué destino tan triste, pensé, ser incapaz de ir al barbero sin tener que darme estos aires".
La imposibilidad de actuar como cualquier otro humano, la incapacidad de relacionarse con los demás, de ni tan solo sonreír o hablar normalmente. Atrapado en su propio castigo y destino impuesto, apartándose cada vez más del resto, convirtiéndose en indigno de ser humano. Impresionante.
— Sin bromas 8'5/10
"¿Qué iba a ser de mi? Sólo pensar en ello me estremecía, me consternaba hasta el extremo de quedarme en casa sentado sin hacer nada. Me sentía horriblemente llamativo, como si brillase en la oscuridad. Estaba tan abatido que no quería vivir más".
"Tengo cierta confianza en mí conocimiento de la psicología humana y cuando la gente está distraída, la mejor manera de hacerte con ellos es comportarte de una manera abrumadora, dominante. Se transforman en arcilla en tus manos".
"Empecé a sentir lástima por él y pensé que ya le había tomado el pelo lo suficiente.
—Gracias, no me olvidaré de ti, colega
Mi suicidio se pospuso un mes más".
Es increíble la manera en la que Dazai siempre me deja con la boca abierta en los finales de su relato. También este relato tiene su pizca de biografía, con su terrible y abrumador sufrimiento y su anhelo desesperante de morir, siempre presentes. Magnífico.
— Ocho escenas de Tokio 11/10
"La desdicha también forma parte del destino".
"Cuando estás derrotado es el momento oportuno para morir, o eso es al menos lo que pensaba".
"No tenía absolutamente ninguna voluntad, no sentía el más mínimo deseo de retomar mi vida. Lejos de avergonzarme por mis antecedentes penales, me mostraba bien orgulloso de ellos".
"No sentía ni entusiasmo ni aversión por lo que hacía. Mi letargo era tal, que simplemente me dejaba llevar por lo que consideraban mejor para mí quienes me rodeaban".
"Cuidaba mucho del dinero del que disponía e intentaba aplacar mi ansiedad con el irresponsable razonamiento de que las cosas se arreglarían de algún modo u otro. Sin embargo no estaba en absoluto preparado para afrontar lo que el mañana pudiera tener".
"No existen palabras para describir cómo me sentía en aquel momento; imbécil no alcanza ni la mitad. El hijo idiota. Al escuchar su confesión, casi sentí lástima por ella y estuve tentado de darle unas palmaditas de ánimo en la espalda. Era una lástima. Me sentía horriblemente mal. Era como si mi vida entera se hubiera hecho pedazos".
"Mi única intención era morir. Llamadlo afectación si queréis, pero estaba harto de mí mismo. Veía la vida como un drama. Mejor: veía el drama como la vida. Ya no era útil a nadie. No existía un solo motivo para continuar viviendo. Interpretaría fielmente el papel que el destino me tenía reservado: el triste y servil papel de uno que inevitablemente tiene que perder".
"Pero la vida, como quedó demostrado, no era un drama. Nadie sabe con seguridad qué va a ocurrir en el segundo acto. El personaje señalado por la autodestrucción permanece a veces sobre el escenario hasta que cae el telón. En lugar de liberarme, se convirtió en una abrasadora obsesión que proyectaba una tenue luz en el vacío de la oscuridad. Me estaba devorando un demonio que se ocultaba y me llamaba sin cesar. Estaba tratando de vaciar el mar con una taza de té".
"Defraudar a alguien que confía en ti es entrar en un infierno que te puede arrastrar al borde de la locura. Yo lo traicioné. Iba a hacer exactamente lo mismo el año siguiente. Decidido a morir, padecía a causa de una fiera introspección, me despreciaba a mí misma y me aterrorizaba lo que suponía mi decisión".
"Gané el tiempo con mentiras y más mentiras. En apariencia todo iba bien, pero en mi interior me sentía en un apuro desesperado. ¡Ah! Era una guerra total. Escribía algo y lo rompía. El demonio me atormentaba, me devoraba hasta el tuétano de los huesos".
"Difícilmente podría haberle contado a alguien cuál era la realidad de mi situación. No quería cómplices. Quería que me viesen como el arquetipo del hijo pródigo, actuando por completo en solitario. Sólo así lograría no implicar a quienes me rodeaban".
"De haber conocido mis intenciones reales, su ayuda se habría considerado colaboración necesaria en mi muerte. No quería cargar con eso. Tenía que engañarlos, representar el papel de hermano menor astuto y traidor. Ese, al menos era mi razonamiento y lo concebí con absoluta seriedad. Yo solo me estaba arrinconando. Los días se sucedían oscuros como las noches. ¡No soy un hombre malvado! Engañar a los demás es vivir en el infierno".
"Lo único que quería era acabar cuanto antes con aquella colección de relatos que tenía guardados en un sobre de papel manila. Supongo que era una idea egocéntrica y pretenciosa, pero pensé que dejarlos atrás sería la forma de disculparme ante todo el mundo".
"Bromeé sobre la posibilidad de convertirme en reportero, en una persona con una vida normal y mediocre. Así logré, al menos, llevar algo de alegría y encanto a nuestra casa. Mi artimaña se iba a describir antes o después, por supuesto, pero quería mantener la ilusión de paz y armonía aunque sólo fuera durante un día, aunque sólo fuera durante un instante fugaz. La idea de dar otra vez un horrendo disgusto a todo el mundo me aterrorizaba. Actuaba de acuerdo a una mentira que me hacía ganar algo de tiempo, como si mi vida dependiera de ello. Siempre hacia lo mismo, me arrinconaba a la espera del final. Todo iba a descubrirse, es cierto, pero el disgusto y la rabia magnificados por el impacto de mis mentiras no me iban a obligar a decir la verdad. No iba a arruinar la fiesta y, por tanto, me hundía cada vez más en el infierno que yo mismo estaba creando. Los fundamentos de mi gran impostura se desmoronaban. Había llegado el momento de morir".
"Ya no necesitaba esa cosa para combatir el dolor físico, sino para borrar mi vergüenza, para aliviar mi angustia. No tenía fuerzas para soportar la miseria que habitaba mi corazón".
"Estaba tan enloquecido por mi sufrimiento que me cegué ante el hecho evidente de que los demás también se las arreglaban como podían".
"Yo creo que más bien sucedía lo contrario; en mí habitaban las semillas de la moral, pero ningún talento. No podéis eso que se llama genio literario. No conocía la técnica que la de embestir con todo mi ser. Soy zafiro y poco refinado; uno de esos que se adhiere con escrúpulos a la rígida ética que implica ganarse el sustento, pero que se desespera cuando no le queda más remedio que vivir según los dictados de esa ética y, por tanto, acaba por comportarse de la manera más vergonzosa y degradante".
"La oscuridad y la desolación que me rodeaban me resultaron tan insoportables que no pude hacer otra cosa más que beber. Estaba absolutamente convencido de mi inutilidad como hombre. Nada de lo que hacía tenía valor. Estaba completamente derrotado".
"Me doy cuenta del inmundo y horrible infierno que me espera si me empeño en transmitir la idea de perseverancia en nombre de un ideal humanitario vacío de contenido"
"La gente no piensa necesariamente de una manera determinada antes de elegir el camino que más tarde elegirá. Para la mayor parte de ellos se trata, simplemente, de caminar en un momento concreto por un campo distinto".
Leer Ocho escenas de Tokio ha sido como leer el alma de Dazai, sus sentimientos más oscuros, sus pensamientos más pesimistas. Ha sido toda una montaña de emociones. Me encanta la crueldad de sus palabras, el peso de ellas. Esto sí es literatura.
—Dos pequeñas palabras 8/10
"Lo único que haces es inventarte uno de esos cuentitos porque te avergüenzas de ti mismo"
Este relato me dejó simplemente sin palabras. Pelos de punta.
— El sonido del martillo 10/10
"Parecía como si mi cuerpo fuera a hundirse arrastrado por su propio peso hasta las profundidades de la tierra. ¿Debía entregar mi vida? Morir. Pensé que sí lo hacía sería lo único real".
"Sentarme de la mañana a la noche en la ventanilla de la oficina de correos y contar el dinero de la gente es lo mejor que podía esperar de la vida. La humildad debe conllevar su propia corona, y la devoción al deber diario puede representar la más noble de todas las vidas".
"Mi estado de ánimo era de completa satisfacción. Recordé esa sentencia que habla sobre lo sagrado del trabajo. Justo cuando empezaba a suspirar con cierto alivio, escuché de nuevo en la distancia aquel sonido: toka ton ton. Ocurrió lo siguiente. En un instante todo me pareció absurdo. Me levanté, regresé a mi cuarto, me deslicé bajo la colcha y me quedé dormido. Cuando alguien me despertó para almorzar, ni siquiera me tomé la molestia de levantarme. No me sentía bien. Esa fue mi excusa".
"Cuando uno se enamora, la música empapa su alma, ¿No le parece? Creo que es una de las señales más evidentes de esa aflicción. Ella no me amaba, pero yo estaba tan perdido que no podía evitar sentir lo que sentía".
"Creía firmemente que la oscuridad de nuestras vidas cotidianas no se podía disipar. No importaba lo mucho que se hablase sobre la sociedad o la política".
"Ha sido una suerte, reflexioné, que Japón haya perdido la guerra. Por primera vez en mi vida, pude divisar la silueta de la verdadera libertad. Era como si el camino resplandeciente que debía seguir se hubiera transformado en algo inconfundiblemente real. Las lágrimas resbalaban dulcemente por mis mejillas, los paisajes verdes que me rodeaban se difuminaron como si me hubiera tirado a una piscina y mirase más cosas bajo el agua. En mitad del oscilante crepúsculo, vi las banderas con su color rojo encendido... ¡Ah! Lloré al ver ese color. Aunque la muerte me aceche, nunca olvidaré esa escena. Y entonces, distante, tenue, surgió el sonido del martillo, toka ton ton. Eso fue todo".
"A pesar de que nadie se preocupaba en realidad de si llegaba en primer o segundo lugar, el chico siguió adelante hasta el punto de extenuarse en el esfuerzo final. No corría por un elevado ideal. No estaba tratando de ayudar a su país, por ejemplo, a alcanzar un estatus entre las naciones civilizadas del mundo. Y a pesar de todo, quiso correr, dar lo máximo de sí mismo sin recibir nada a cambio, ni siquiera un elogio. Sólo quería correr, hacerlo por nada. Supongo que su pasión era por la Nada y eso se asemejaba mucho a mi estado de ánimo en aquel momento. En cuanto sentía que me liberaba de algo, escuchaba el sonido del martillo, toka ton ton. Tenía la capacidad de demoler incluso mi pasión por la Nada".
"Ahora siento como si todo fuera una gran mentira. No hubo una chica llamada Hanae y nunca asistí a ninguna manifestación. Todo lo demás también me parece mentira. Pero no el sonido del martillo. Esa es la única cosa que no parece mentira".
"Parece que usted sigue evitando una desagradable situación para la que no es posible encontrar una explicación. Una situación que los demás ven y señalan. Un pensamiento real exige más coraje que inteligencia".
Tengo sentimientos contradictorios respecto a este relato, pero en el buen sentido. Da tanto que debatir, de pensar, de interpretar, que es lo que lo hace ser tan bueno. La privación de sentir felicidad, impuesta por ti misma. La persecución de un pasado que siempre te va a perseguir, vayas donde vayas. Las consecuencias de la guerra, los traumas derivada de esta. Lo absurdo de la existencia humana y de la vida. Anhelo de ser querido, pero a la misma vez sentirse no merecido de eso. Me pongo de pie para aplaudir este relato, tuve en todo momento la piel de gallina leyéndolo. Dazai escribe tan bien, endulce tanto sus palabras, que no puedes dejar de leerlo y de involucrarte cada vez más en la historia.
— Demonios apuestos y cigarrillos 11/10
"Aunque continúo librando mi solitaria batalla, ya no puedo negar por más tiempo que parezco destinado a perder y la soledad y el dolor me abruman. Llegado a este punto, difícilmente puedo dirigirme ahora hacia quienes no he mostrado más que desprecio y rogarles que me acepten en su rebaño, admitiendo que, al final, he visto el error en mis planteamientos. Mi batalla. En dos palabras: ha sido una lucha contra lo anticuado, contra el estilo trillado y la afectación, contra la pose de transparente respetabilidad, contra la mezquindad y la gente estrecha de miras. Por el bien de esta batalla, he perdido todo cuanto tenía. Ahora, solo y esclavo del alcohol, parezco al borde de la locura".
"Yo soy de los que por mucho que beba, odia perder el control de sí mismo. Me limité a sonreírles y dejé que sus abusos verbales siguieran fluyendo de un oído a otro. La vejación se me hizo insoportable y comencé a sollozar. ¡Ah, la vida es un horrible propósito!
—Aqui estoy escribiendo desesperadamente... Escribiendo con todo lo que tengo, dejándome la piel en cada frase, para ser el hazmerreír de todo el mundo..."
"Un hombre que se enamora cada día más profundamente de sí mismo no escucha lo que los demás le dicen. Lo siguiente de lo que se da cuenta es que yace en un subterráneo, indigno de considerarse humano".
"Todos iban descalzos, pies desnudos sobre el asfalto, pero todos fumaban. Supongo que la gente, al menos la gente de hoy, puede tocar fondo, acabar completamente desnuda y, a pesar de todo, seguir fumando".
Y ahora, para mí, el párrafo más significativo y que más me marcó. Inevitablemente al leerlo, sentí cada parte de mi cómo se emocionaba y se me erizó la piel entera. Me emocioné a tal punto que llegué a las lágrimas. No sé porqué, pero percibí sus palabras como un consejo que te da alguien íntimo a ti, alguien que realmente se preocupa por tu futuro y alguien que realmente quiere que te conviertas en una buena persona. Pero a la misma vez, percibí como si Dazai nos estuviera diciendo todo aquello que a él nunca le dijeron, como si nos estuviera dando los consejos exactos que él hubiera querido escuchar antes de caer en la miseria, para evitar que nosotros mismos acabemos en el mismo estado que el.
"Los ángeles vuelan en el cielo. Dios dispone que sus alas desaparezcan y caen suavemente en cualquier parte del planeta como si estuvieran colgados de paracaídas. Yo aterricé en la nieve del norte del país, tú en una arboleda de naranjos del sur y estos chicos en el parque de Ueno. Esa es la única diferencia entre nosotros. Creced textos y auténticos, chicos. Recordad: No permitáis que vuestro aspecto os preocupe. No fuméis. No bebáis excepto en ocasiones especiales. Encontrad una chica recatada, moderadamente elegante y enamoraos de ella durante mucho, mucho tiempo".
Siéntete orgulloso de pertenecer a esa minoría. Valora lo que tienes. No albergues odio en tu corazón. Hagas lo que hagas, te esfuerces con todas tus fuerzas o no, siempre habrá gente que te criticará y te hará sentir infeliz. La redención. El dolor. Todas estas cosas y, muchas más que prefiero mantener para mí misma, me ha enseñado Dazai a través de este libro.