Al recordar a Alfonso Reyes reconocemos en él no sólo al más ilustre de nuestros escritores, sino también al joven que saliera de nuestro estado en los primeros años de su juventud con todos los sentidos y el alma dispuestos al asombro generoso ante la maravilla del mundo...
Sócrates Rizzo García Gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León
Uno de mis propósitos para 2021 es leer a más autores mexicanos y sobre la historia de México. Como preámbulo a esto, me animé a cerrar el 2020 con este breve ensayo del intelectual mexicano Alfonso Reyes, que es un clásico sobre la Visión de Anáhuac, es decir, sobre el territorio dominado por los aztecas antes de la llegada de los españoles. Realmente no sabía mucho del texto así que el prólogo a esta edición me resultó muy útil, ya que habla del propio Reyes, su contexto y la época en la que redactó el libro. He de confesar que este mismo prólogo hizo que mis expectativas sobre el ensayo se fueran hasta el cielo y al terminar de leerlo… me gustó pero creo que me hubiera agradado un poco más de contexto, de historia, de detalle.
Reyes presenta la visión del Valle de México y de la vida cotidiana antes de la llegada de los españoles: un lugar de naturaleza prístina y abundante pero también urbanizada, con estructuras sociales claras y una comunidad orgullosa de sus costumbres, productos y de su poesía. Por alguna extraña razón, pensé que Reyes incluiría la impresión de los primeros conquistadores españoles al encontrarse con Tenochtitlán y su gran sorpresa y admiración. Pero no es el caso: el ensayo transporta al lector como un observador más de un día común en la urbe azteca, para ver desde fuera la cotidianidad de la ciudad y sin ninguna referencia externa a lo que estaba por venir.
En ese sentido, es una visión bella y que sin duda en las clases de historia de México pocas veces se enseña y que es relevante rescatar para las nuevas generaciones que hemos crecido sin referencias a los grandes intelectuales mexicanos de principios del siglo XX. Si bien siento que me algo me faltó en la primera lectura del texto, esta percepción es puramente personal y sin duda, me es necesario volver a visitar en los próximos meses.
El asombro sensorial de los primeros exploradores del Nuevo Mundo al llegar al valle de Anáhuac (sonidos, olores, atmósfera) son vistos desde la óptica erudita y poética de Alfonso Reyes, que con este texto de 1915 encontró una manera de convertir los registros históricos en imágenes de una belleza pocas veces vista en México hasta entonces.
Llegué a Alfonso Reyes por recomendación de Borges. Aunque esperaba, quizás, una prosa más escueta y ordenada, no me sorprendió el recurso a la intertextualidad. Después de delinear la geografía del Valle del Anáhuac, el autor recrea, echando mano de los relatos de Cortés y otros exploradores, la vida en la capital azteca que se encontraron los españoles. Aquí, sí me desconcertaron los listados enciclopédicos de flora y fauna, y, en menor medida, de arquitectura y orfebrería, probablemente por mi distancia temporal y espacial como lector. A pesar de esto, disfruté de la imaginación de Reyes y de la concreción sensorial y musicalidad de su escritura. En este siglo, podría reprochársele que describa a los aztecas como otra parte colorida del paisaje, pero resulta difícil no reducir un pasado desconocido a estereotipos. Lo más valioso del ensayo tal vez sea presentar, a través de sucesivas traducciones de Brinton y Vigil, y de una conjetura sobre los pasajes censurados por la Iglesia, un poema náhuatl. Quise ver en la conclusión de este ensayo una redención de las descripciones exotizantes de Reyes: la percepción de un puente entre culturas que intentan dominar la misma naturaleza y la celebración de todas las voces de la literatura universal.
Tenía perpetuamente pendiente leer algo del "regiomontano universal" y este ensayito no quedó a deber. Consta de cuatro capítulos, no muy concisamente segregados, pero someramente en el primero sitúa al Valle del Anáhuac en el registro histórico y plástico de las civilizaciones; en el segundo esboza un tour virtual de aquello de lo que los exploradores españoles presenciaron a su llegada al Valle del México; en el tercero hecha un vistazo a lo poco que ha perdurado de la poesía indígena mexicana y más bien se lamenta de su irremediable pérdida y en el cuarto y último, que haga el lector como le de su gana.
“. La escritura jeroglífica ofrece el material más variado y más abundante: Flor era uno de los veinte signos de los días; la flor es también signo de lo noble y lo precioso; y, asimismo, representa los perfumes y las bebidas.”
El asombro de los conquistadores al asomarse por vez primera a Tenochtitlan sigue dejándonos a nosotros sin aliento, exactamente quinientos años después.
ABARCA la desecación del valle desde el año de 1449 al año de 1900. Tres razas han trabajado en ella, y casi tres civilizaciones —que poco hay de común entre el organismo virreinal y la prodigiosa ficción política que nos dio treinta años de paz augusta. Tres regímenes monárquicos, divididos por paréntesis de anarquía, son aquí ejemplo de cómo crece y se corrige la obra del estado, ante las mismas amenazas de la naturaleza y la misma tierra que cavar. De Netzahualcóyotl al segundo Luis de Velasco, y de éste a Porfirio Díaz, parece correr la consigna de secar la tierra.
Alfonso Reyes captura la esencia de la Ciudad de México a través de la imaginación y el conocimiento. Su mirada paciente revela un paisaje vibrantemente habitado, donde la memoria y el misticismo se entrelazan. Con un enfoque fragmentado, su obra ofrece una perspectiva única de una tierra frecuentemente mal interpretada.
Jamás exploré la imagen de un pueblo que vive entre oro, plumas y grano. Jamás imaginé el palacio de Moctezuma o lo que ocurriera allí dentro. Tomo la Visión de Anáhuac de Reyes y la guardo entre hermosas memorias.
¿quieres conocer la obra de Alfonso Reyes? Empieza con Visión de Anáhuac. Los otros 26 tomos del FCE, más los tomos de correspondencia y de diarios te lo juro que son prescindibles comparados con este ensayito.
Escrito en prosa pero con tal elegancia, que pareciera un poema o un canto a nuestra esencia... Hermosas descripciones del Valle, el mercado, sus palacios y su gente...¡fabuloso!
Brillante descripción de la naturaleza, fauna y personajes históricos. La descripción, de los diferentes acontecimientos, me hacen imaginar los lugares mágicos.
La visión de Anáhuac de Alfonso Reyes es un lírico opúsculo sobre la civilización mexica, sus cosmovisiones, mitología, naturaleza y carácter. Espléndidamente escrito, merece la pena
Está de más lo que pueda añadir a este excelente texto que en efecto es difícil de definir: ensayo, lírica, reconstrucción histórica. Al final de esta edición, Reyes compila una serie de opiniones en torno a su obra, hechas por escritores del país y de países europeos. La palinodia al polvo, que comienza interrogándose si realmente es el centro del Anáhuac la región más transparente del aire, me parece una forma de retomar una idea central de su obra previa (que es incluso la frase inicial de Visión de Anáhuac) y generar un breve ensayo filosófico literario.
“En el polvo se nace, en él se muere. El polvo es el alfa y el omega… ¿Será que el polvo pretende, además, ser espíritu? ¿Y si fuera el verdadero dios?”
"...si las flores de los jardines eran el adorno de los dioses y de los hombres, al par que motivo sutilizado de las artes plásticas y jeroglíficas, tampoco podían faltar en la poesía."