En esta visita de reflexión y meditación espiritual, de noche, cuando existe la posibilidad de una nueva belleza: las crisis como parte de la vida y la necesidad de quitarse las máscaras como punto de partida para ese crecimiento, el conocimiento de uno mismo, la búsqueda de la belleza detrás de lo terrenal, el símbolo como vía de acceso a lo trascendente a la Belleza, la vulnerabilidad, ternura y la paciencia como apertura al amor humano, la vida de fe como una vida más humana y cotidiana, ahondar en el misterio, lo asombroso, la contemplación, y mucho más. Thibon, Salinas, Guardini, Ratzinger, ¡Ernesto! y otra vez Thibon. Lo bebo como un destilado, porque da esa sensación de larga maduración. Noto un espíritu de renovación en la lucha ascética comparado con otras lecturas, una capa más profunda donde el voluntarismo y la proactividad modernas no llegarían nunca, donde habita la búsqueda de la verdad. Me he perdido en algún momento, como en el capítulo Vida Contemplativa (I), tal vez demasiado teológico para mí. Una vez más, ¡la religión no tiene el monopolio de la espiritualidad!