En esta historia se ve reflejada la sociedad patriarcal coreana de finales del siglo XX, creando una crítica al sistema, como bien sabía hacer Park.
Mun-Kyung, una mujer divorciada, comienza a tener una relación inestable con un hombre viudo más joven que ella. Tiempo después se queda embarazada, pero el hombre, movido por las presiones de su madre, la ignora y rechaza para casarse con otra mujer más apta, pues el ser divorciada ya era un obstáculo para un segundo matrimonio (en el caso de las mujeres). El hombre, Jyok-Chu, rechaza categóricamente a ese bebé, pero todo cambia en un futuro cuando descubre que es un niño y él y su mujer no pueden concebir uno.
Es un libro corto que despierta la compasión hacia la madre y la repugnancia hacia el hombre y hacia un sistema que parece ponerse de lado de los hombres. Hay muchas referencias hacia el rol de las mujeres en la sociedad, despreciado y dependiente de un hombre. Así como de la importancia de tener un hijo varón para continuar el legado familiar y heredar las posesiones.
Me ha gustado mucho el personaje de la madre, siempre dispuesta y atenta, sin miramientos a hacer cualquier cosa por sacar adelante a su hijo, aunque sea sola y ante las miradas y los juicios de las personas que la rodean. Resiliente.
Creo que el libro marca en cierta manera los cambios que comenzaban a producirse en la época, finales del siglo XX, cuando las mujeres comenzaron a poder hacerse cargo de sus hijos nacidos fuera del matrimonio, sin tener que enfrentarse a desafíos legales o, si se veían en esa situación, el hombre ya no tenía todas las de ganar.