“¿Cómo es posible pretender que una multitud distraída por el deseo de consumir, desviada por continuas sacudidas en su capacidad de distinguir entre lo real y lo ficticio, solicitada por móviles egocéntricos y vagamente prepotentes, atascada en sus imaginaciones de futuro, pueda concentrarse de verdad en algo que se parezca a los «ideales de izquierdas»?”
En una era de consumismo, impregnada por el invidualiamo y el capitalismo, es dificil conseguir que unos valores de izquierdas -que luchan por la igualdad y los derechos de todos- triunfen. Sobre todo frente a una derecha que ha conseguido imponerse culturalmente, partiendo no solo de la tradición, sino también de los intereses particulares y el rechazo al Estado para preservar lo propio y ascender socialmente.
“…la política, la economía y hasta la guerra hoy en día se hacen precisamente a través de la cultura de masas, es decir, gobernando los gustos, los consumos, los placeres, los deseos y las diversiones, las concepciones y las representaciones, las pasiones y el modo de imaginar de la gente, aun antes que sus ideas políticas. El voto vendrá a continuación, y difícilmente será distinto de lo que se preveía.”